La renuncia a su precandidatura del presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, movió el avispero de la interna republicana, con Donald Trump predominando sobre los más moderados. Entre los demócratas, la caída de Hillary Clinton en las encuestas levanta a Joe Biden, contra el más díscolo Bernie Sanders.
Por Facundo Alé
La renuncia del presidente de la Cámara de Representantes estadounidense, John Boehner, desnudó las internas que envuelven al Partido Republicano, a poco más de un año de que se celebren las elecciones presidenciales para conocer al sucesor de Barack Obama. "Esta mañana me desperté, recé como siempre y decidí: 'Hoy es el día'", anunció –el día posterior a la visita del papa Francisco a Estados Unidos– el dirigente de 65 años y oriundo del estado de Ohio, quien tuvo 13 mandatos como representante republicano. "Considero que una prolongada confusión en el liderazgo provocaría irreparables daños a la institución. Por ello, renunciaré a la presidencia y a mi banca del Congreso el 30 de octubre", explicó.
La dimisión de Boehner, quien hasta finales de este mes seguirá ocupando el tercer lugar en la línea de sucesión presidencial, era algo de lo que se venía hablando desde hace meses en Estados Unidos, ya que el veterano dirigente era cuestionado por el ala más dura del partido, el ultraconservador Tea Party. Este sector lo acusaba de no haber luchado con la suficiente dureza para lograr el retiro de fondos federales a la organización de salud reproductiva Planned Parenthood, cuyo verdadero trasfondo era la voluntad de ocasionar un nuevo cierre parcial del gobierno federal, como sucedió en 2013, cuando durante dos semanas Washington se vio obligado a suspender todos los servicios públicos, menos los considerados "esenciales".
Esta posibilidad, que finalmente fue descartada el miércoles pasado cuando demócratas y republicanos lograron ponerse de acuerdo para votar una ley temporal de financiamiento gubernamental que pateó el tema hasta el 11 de diciembre, era rechazada por la mayoría de los republicanos, el llamado "establishment" del partido, entre los cuales estaba Boehmer, debido a que consideraban que una radicalización de su espacio podría ahuyentar posibles electores.
Para el politólogo argentino egresado de la Universidad de Yale, Carlos Escudé, "el extremismo republicano" juega a favor de las opciones demócratas por ganar las elecciones del 8 de noviembre de 2016. En ese contexto, Escudé subrayó que “todo avance de Donald Trump entre los republicanos juega a favor de Hilary Clinton a nivel nacional".
Es que nadie encarna mejor el extremismo republicano que Trump, un magnate que a pesar de sus comentarios xenófobos y misóginos sigue liderando las encuestas de su espacio: según un sondeo de NBC -Wall Street Journal, Trump cosecha alrededor del 21% de intención de voto entre electores republicanos.
La mala noticia para el excéntrico millonario, que esta semana volvió a diferenciarse de sus compañeros de espacio al elogiar el "liderazgo" de Vladimir Putin y al afirmar que Medio Oriente era más seguro con Saddam Hussein y Muammar Khadafi, es que otro precandidato está creciendo en los sondeos: se trata de Ben Carson, un neurocirujano muy cercano al Tea Party, que según el mismo sondeo tendría el 20% de los votos republicanos, aunque otros trabajos, como el IBD/TIPP lo pone incluso al frente de la contienda partidaria, con un 24%, frente a un 17% de Trump.
Para el vicepresidente del Laboratorio de Políticas Públicas, Gabriel Puricelli, “es claro que los republicanos más extremistas (Trump, Carson, Carly Fiorina, en orden decreciente) están predominando hasta ahora sobre los moderados (Chris Christie, Jeb Bush), aunque todavía estamos en la fase preliminar del proceso de primarias".
Mientras tanto, en el Partido Demócrata las encuestas siguen marcando un amplio favoritismo de los electores por Hillary Clinton, quien según NBC-Wall Street Journal obtendría un 40% de apoyos, lo cual supone una pérdida de al menos 10 puntos tras la polémica desatada por su decisión, cuando era secretaria de Estado, de utilizar un servidor privado para su correo electrónico, en lugar del habitual sistema del gobierno federal. "Hillary es favorita a pesar de su demostrada corrupción. El extremismo de los republicanos le juega a su favor", insistió Escudé.
A pesar de esto, lejos está la ex contendiente de Obama de tener ganada su interna partidaria, ya que el senador por Vermont Bernie Sanders, del ala mas izquierdista del Parido Demócrata, se encuentra cada vez cerca, al cosechar un 35% de aceptación, según el mismo sondeo.
"Hillary es todavía la favorita según las encuestas. Sin embargo, la pérdida de terreno en las encuestas de opinión en los estados del norte, que votan primero en las primarias, hace que se empiece a considerar seriamente la posibilidad de que otro candidato del mainstream partidario salga a competirle con chances. El nombre obvio es el vicepresidente Joe Biden", asegura Puricelli. Y es que si bien Biden aún no anunció su precandidatura, las encuestadoras ya empezaron a sondearlo y la respuesta del electorado fue satisfactoria: el vice tiene alrededor de 18% de intención de voto.
Este escenario explica en parte la decisión de Boehmer de dar un paso al costado, con el objetivo de dar lugar a una nueva conducción partidaria que le devuelva las posibilidades a su partido de suceder a Obama, en un contexto de mejoramiento en la situación económica, y cuando el mandatario estadounidense se anotó dos logros importantes: el pacto nuclear con Irán y el descongelamiento en las relaciones bilaterales con Cuba. Y mientras el candidato republicano más popular generó el rechazo del 72% de los hispanos consultados por NBC, que por otro lado se inclinarían en un mayormente por cualquier opción demócrata.







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