Dos candidatos en la nebulosa, y un gobernador en la encrucijada

Dos candidatos en la nebulosa, y un gobernador en la encrucijada
Mientras Massa corre peligro de sufrir el efecto De Narváez e Insaurralde inventa romances con vedettes para hacerse conocido, el gobernador Daniel Scioli puede verse muy perjudicado por la marea de votos que se viene contra el kirchnerismo
A esta altura, casi nadie puede negar que Sergio Massa ganará lo comicios, con un margen mayor que las primarias del 11 de agosto. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿quién es realmente Massa?, ¿representa un cambio o es la mejor garantía gatopardista para que todo siga igual?

Massa comenzó a hacerse conocido allá por el año 2009 cuando, en el sketch televisivo Gran Cuñado, que conducía Marcelo Tinelli, el ahora intendente de Tigre –en aquel entonces se había tomado licencia para asumir como Jefe de Gabinete de la Nación- era caricaturizado como un sirviente de la presidenta Cristina Kirchner, a quien le secaba el pelo, le lustraba los zapatos y asentía cada una de sus acciones. Su obediencia fue tal que hasta aceptó ser candidato testimonial en los comicios de 2009 y nunca asumió la banca.

Cuatro años mas tarde, muchos de los sectores que se enriquecieron durante la era K, están apoyando decididamente la nueva candidatura de Massa a diputado (esta vez por el Frente Renovador), siendo que es un hijo putativo de la Presidenta. Estos intereses ven a Massa como un kirchnerista light que, desde el congreso, contribuirá a mantener el mismo sistema de negocios que tanto los favoreció en la última década. El perfil mediático de Massa lo muestra tal cual es. Pronuncia permanentemente slogan vacíos de contenidos, propuestas que ya están presentadas en el Congreso hace años y muestra una sonrisa permanente a las cámaras, al mejor estilo Florencio Randazzo. Eso solo le alcanza al jefe comunal para ganar unas elecciones cuyos resultados solamente serán recordadas por haber sepultado, para siempre, los sueños afiebrados de muchos kirchneristas de querer eternizar a CFK en la Casa Rosada.

En definitiva, Massa va a ganar porque gran parte del Partido Justicialista y del peronismo bonaerense se encolumnará para decirle “No” a CFK. Se votará en contra de algo y no a favor de un proceso transformador.

El armado de Massa, lejos de constituir una alternativa de gobierno, parece el tren fantasma. Sus listas están conformadas por muchos personajes representan lo peor de la política de las últimas dos décadas en la Provincia.

Sin cuadros técnicos, con propuestas que no trascienden el más mínimo sentido común y la visión de la Doña Rosa, Massa corre serio riesgo de correr el mismo destino de Francisco de Narváez. El Colorado le ganó a Néstor Kirchner en 2009, aprovechando el profundo rechazo que despertaba el gobierno nacional. Pero el caudal de votos obtenido, al no haber desarrollo un programa de gobierno serio, se le desvaneció rápidamente. Y ahora, en octubre, según lo reconocen encuestas recientes, corre serio de sacar un par de puntos menos que los obtenidos en las Primarias, donde se ubicó en el cuarto lugar.

Lamentable estrategia K

En ese escenario, la primera mandataria optó por competir, en la principal provincia del país, con un candidato ignoto como Martín Insaurralde que, en su desesperación por intentar hacerse conocido, llegó a los más bajo: hacer campaña con la enfermedad –cáncer- que padeció hace un tiempo. A ello se le sumó una polémica foto con el Papa Francisco, sin el consentimiento del Sumo Pontífice.

Eso no fue todo ya que Insaurralde también inventó romances con estrellas de espectáculo, primero con la actriz ultrakirchnerista Florencia Peña, la misma que impulsó series en la TV pública de muy bajo nivel artístico y millonario presupuesto. Eso no fue todo: en las últimas semanas, al no sostenerse más el romance con Peña, Insaurralde hizo trascender que, aparentemente, mantenía una relación con la pulposa vedette Jésica Cirio. Una maniobra impresentable desde todo punto de vista.

Ante este escenario, resulta una picardía que el gobernador Daniel Scioli, que aún tiene niveles de aceptación muy altos en el electorado, al punto que todas las encuestas indican que se impondría a Sergio Massa en una eventual elección presidencial, decida meterse de lleno en una contienda donde el oficialismo se encamina a recibir un duro golpe en octubre.

Por más de lo que no lo digan públicamente, en el seno del sciolismo, varios funcionarios que acompañan al gobernador expresan por lo bajo mucha preocupación por como está repercutiendo en la Provincia los desaguisados que comete la presidenta Cristina Fermández de Kirchner. Problemas como la inseguridad, cuando diariamente todos los días hay que lamentar que ciudadanos inocentes mueran en manos de delincuentes, es una bomba social a punto de explotar.

A su vez, la inflación ya ha licuado, prácticamente, gran parte del aumento salarial otorgado a docentes y empleados públicos, con lo cual más temprano que tarde se reactivarán los reclamos gremiales en la Provincia.

El panorama que se viene no es para nada fácil. Por eso, el gran interrogante a responder es cómo un gobernador, con un resultado electoral adverso, podrá pilotear su proyecto presidencial y la gestión gubernamental, en medio de la tormenta.

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