Cristina Fernández de Kirchner no cambiará nada para que nada cambie. Apenas si impulsará algún movimiento de piezas, nada más, como se explicará más adelante.
Decimos el pueblo y no “su pueblo y militancia” porque entre la multitud que colmó la Plaza de Mayo y el trayecto que cubre el aeropuerto hasta el cementerio de la capital santacruceña había militantes kirchneristas y una gran mayoría de independientes o apartidarios que, parafraseando a Luis Bruschtein en su nota titulada Identidades (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-155982-2010-10-30.html) salieron de las baldosas para desafiar la más feroz campaña mediática en contra que venía afrontando el matrimonio presidencial desde que asomó el debate por la nueva ley de medios audiovisuales.
Tanto apoyo popular tendrá por resultado una jefa de Estado absolutamente fortalecida y dispuesta a continuar con la gestión que hilvanó de forma meticulosa junto al fallecido ex mandatario y no hay un solo indicio que abone alguna teoría de que vaya a haber un cambio en el gabinete y mucho menos en el rumbo transitado desde el 25 de mayo del 2003.
Cristina Fernández y Néstor Kirchner eran tal para cual, el uno para el otro. No había dos caminos ni dos programas de gobiernos u opiniones divergentes que debían converger para una posición común respecto de lo que había que decir y hacer. Ergo, no va a desprenderse de ningún funcionario ni va a adoptar cambios en la marcha del gobierno que puedan llegar a interpretarse que lo haría porque tiene vuelo propio para imponer una impronta cristinista que nunca existió.
Íntimamente, sabe que la fidelidad a “Lupo” -como llamaban a Kirchner en Santa Cruz- se va a agigantar en la medida que confirme el rumbo y termine con las transformaciones que ambos soñaron. De esta manera, echará por tierra las oscuras y reprobables opiniones que Rosendo Fraga y Eduardo Van Der Kooy publicaron como buitres en busca de carroña el mismo día en que murió el ex jefe de Estado.
Es decir que no asumirá la presidencia ni es una situación comparable a la de Isabel Martínez de Perón la que afronta CFK porque a diferencia de la ineptitud para todo de Isabelita, la actual Presidenta es un cuadro político de notable formación y notable fortaleza y seguridad mal que les pese a los políticos opositores y sobre todo a los impresentables voceros de Héctor Magnetto.
La muerte del ex secretario general de la Unasur provocará lógicos movimientos de piezas que no implicarán cambios de funcionarios pero que posibilitarán que alguien se ocupe de los espacios vacíos que dejó esta inesperable muerte. En principio, Daniel Scioli se hará cargo del Partido Justicialista y Julio De Vido heredará la función de ministro de Economía en las sombras que ejercía K.
El ministro de Planificación hará la lectura minuciosa de los números de la micro y macroeconomía y hará lo que el ex presidente hacía a las 7 de la mañana de cada jornada para mantener al tanto a la jefa de Estado sobre ese respecto. Será el heredero de la libretita y carpetas que alguna vez exhibió Néstor Kirchner en “CQC” en aquella entrevista que le realizó Daniel Tognetti en la Casa Rosada.
Esto significa que Amado Boudou seguirá siendo el titular del Palacio de Hacienda por más que los medios hegemónicos insistan en seguir minando su gestión. Es el funcionario “mimado” de CFK, el más obediente, en una muy buena relación que se acrecentó con las intervenciones públicas que el funcionario tuvo en el Congreso Nacional para defender el modelo y en los foros del G-20 y cónclaves del Banco Mundial.
“No hay mal que por bien no venga” podemos concluir tras el fallecimiento del ex presidente Kirchner para referirnos al papel que comenzará a cumplir el gobernador bonaerense Daniel Scioli en la etapa que asoma. Increíblemente y también porque siempre se da con él aquello de que “no le entran las balas” y no baja su imagen positiva cuando los medios apremian con el fogoneo de la inseguridad, siempre cae bien parado.
Esta vez está decidido a tomar las riendas del PJ bonaerense y sobre todo del PJ nacional y es la peor noticia que puedan recibir los dirigentes del peronismo opositor y los partidos de oposición porque ya ausente del escenario político interno el ex presidente le quedará al más contemporizador de todos los políticos del oficialismo la tarea de unificar fuerzas puertas adentro de la estructura partidaria.
La labor la comenzará este lunes en La Plata. En el peronismo no va a haber excusas para rechazar una invitación de Scioli, no las habrá como existían hasta la semana pasada con una importante porción de dirigentes que renegaban del clima de crispación y el autoritarismo que le adjudicaban a Kirchner.
Con el mandatario provincial se disipa el clima de confrontación y no hay mejor político que el ex motonauta para encolumnar a todo el PJ detrás de la Presidenta.
Es todo cuanto puede escribirse hasta el mediodía de este domingo cuando aún resuenan las repercusiones del fallecimiento del esposo de Cristina Fernández de Kirchner; la pelea con los medios tendrá otra dimensión sin K. Pero “Clarín” y “La Nación” y los medios satélites van a tener que cambiar de estrategia.
Batallaron contra los festejos del Bicentenario y se dieron de bruces contra un muro con más de seis millones de personas en el Paseo que el gobierno levantó en la 9 de Julio; siguieron imprimiendo la más feroz de las campañas anti k entre mayo y el miércoles último y el resultado fue, tras la sorpresiva noticia de la muerte del ex mandatario, la multitudinaria adhesión sobre todo de jóvenes que de a decenas de miles salieron disparados a brindar las condolencias y a hacer el aguante a Cristina.
Hay malas noticias para la patria zocalera y editorialista y para la oposición política venida a menos hace un año cuando “entregaron” el alma al diablo y el rol opositor al monopolio “Clarín”: al ritmo que va la realidad política en la Argentina y el la región (Mercosur y Unasur) habrá kirchnerismo por cuatro años más salvó que reaparezca “Lilita” Carrió y se cumpla su demorada predicción de la explosión del país en mil pedazos.






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