“El camaleón cambia de colores según la ocasión”, dice una canción que popularizó Chico Novarro, en la que compara el corazón de su amada con la propiedad de esos reptiles de modificar el tono de su piel de acuerdo al camuflaje que les hiciera falta.
Esto aprendió muy bien el intendente de Castelli, Francisco Echarren, que era kirchnerista, coqueteo con el massismo, fue funcionario de Vidal, se pasó al randazzismo y ahora muda a ultracristinista.
En su primer mandato como jefe comunal, la cercanía con la administración K llevó a Echarren a exagerar permanentemente sus muestras de lealtad y hasta llegó a bautizar una plaza de su pueblo con el nombre del entonces ministro de Planificación Federal y hoy multiprocesado por hechos de corrupción, Julio de Vido.
Más tarde el hombre de Castelli, se fue entusiasmando con la posibilidad de una salida generacional en la que los sub 40 sean los verdaderos protagonistas y se acercó al Frente Renovador y aunque nunca oficializó esas simpatías, admitía en reuniones privadas que veía en Sergio Massa al futuro del peronismo.
Lamentablemente esa apuesta tampoco fue suficientemente sólida o duradera y en los primeros meses del gobierno de Cambiemos el intendente dio un giro de 180 grados.
Luego de denostar al macrismo como un proyecto político-económico para unos pocos, se sumó al gabinete de María Eugenia Vidal como subsecretario de la Vivienda, cargo que abandonó algunos meses después aparentemente por un desajuste respecto de la estructura prometida en la negociación inicial.
El derrotero de Echarren continuo entonces en las filas de Florencio Randazzo, apostando fuertemente a una interna con la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner o sus candidatos, algo que finalmente no ocurrió, con el resultado que ya se conoce en la Provincia, que volvió a truncar las aspiraciones de protagonismo político del joven alcalde.
Por eso no sorprendió a nadie la última mudanza, esta vez hacia el ultracristinismo, para tratar de salvar las papas tras el papelón electoral del ex ministro del Interior y Transporte.
Francisco Echarren es ahora de Unidad Ciudadana y la categoría de "panqueque" hace rato que le queda chica, porque esa metáfora culinaria solo explica alguien que se da vuelta, pero en este caso se trata de un dirigente que "cambia de colores según la ocasión", todo un rey camaleón de la política.






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