Brasil, una potencia incómoda con su liderazgo

Tímida y vacilante, la política exterior del gobierno de Dilma Rousseff dejó otra vez más en evidencia.
Con la crisis venezolana, las dificultades que tiene Brasil para erigirse como líder indiscutido en América latina, una región dividida entre nostálgicas aventuras que buscan recrear el bolivarianismo basado en un socialismo del siglo XXI y proyectos más pragmáticos orientados hacia la apertura de ideas y al libre comercio, como los de la Alianza del Pacífico.

"Aunque el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) está ideológicamente alineado con los gobiernos izquierdistas bolivarianos como Venezuela, Ecuador, Bolivia y la Argentina, la clase dirigente, con los intereses de la banca y los empresarios de las corporaciones transnacionales brasileñas, limitan las acciones del gobierno. Para Brasil, liderar el proyecto bolivariano significaría un suicidio financiero, ahuyentaría las inversiones que el país tanto necesita para su crecimiento económico", advirtió a LA NACION Alberto Pfeifer, del Grupo de Análisis y Coyuntura Internacional de la Universidad de San Pablo.

Atrapada en esta disyuntiva, la presidenta Rousseff basa su política exterior en una ideología light ; defiende el valor de la inclusión social y de la integración regional del modelo bolivariano, pero evita condenar la manipulación de las instituciones, los abusos de los derechos humanos, la censura a la prensa y la violencia contra los opositores. Mientras tanto, impulsa inversiones de grandes compañías brasileñas y la apertura de mercados para los productos de su país.

Desde las crisis en Venezuela hasta el conflicto en Siria, Rousseff parece sentirse incómoda al tratar los principales temas de política internacional; sólo se expresó inequívocamente en el caso del espionaje de Estados Unidos porque su propia imagen estaba en juego. Y en los asuntos sudamericanos, prefiere siempre actuar junto con la Unasur o el Mercosur, desaprovechando oportunidades para hacer valer su peso regional.

No ejerció un papel de liderazgo durante la crisis en Paraguay por la destitución de Fernando Lugo, en 2012; ni en el inicio de las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC, el año pasado; ni en la actual turbulencia en Venezuela; ni parece muy consternada por la falta de realización de la última cumbre del Mercosur, ya postergada tres veces.

"Se está creando un vacío. Deja a Brasil en una posición cada vez más débil en sus ambiciones por lograr una región más integrada política y económicamente. Es un error estratégico, porque cuanto más próspera y segura sea la región, más beneficios tendrá Brasil", apuntó Thomas Heye, profesor de Relaciones Internacionales del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad Federal Fluminense.

Tanto Heye como Pfeifer resaltaron la diferencia de actitud de Rousseff frente a las cuestiones de política exterior con los gobiernos anteriores, de Fernando Henrique Cardoso y de Luiz Inacio Lula da Silva. "Lamentablemente, a Dilma no le interesa la política exterior como a sus predecesores y eso lleva a que, a nivel regional, Brasil pierda presencia e influencia en este espacio clave", destacó Pfeifer..

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