A pocas horas de culminar la Cumbre de la Unidad en Cancún, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, arribó anoche a La Habana para dar el último espaldarazo al gobierno cubano antes de abandonar el poder.
Lula, quien mantendrá hoy una reunión con Fidel Castro, a quien considera "un viejo amigo", llega con el objetivo de respaldar económicamente a los sectores estratégicos de la economía cubana, como el petróleo e infraestructura, y dar así oxígeno a un régimen asfixiado por la crisis de liquidez a raíz de la caída de los ingresos por turismo y exportaciones de níquel. "Es un mensaje para su sucesor de que el la relación con Cuba es estratégica e importante y desearía que la cooperación siga y se profundice", añadió una fuente del Planalto. Lula alistó a Petrobras en la búsqueda de petróleo en aguas profundas cubanas, abrió líneas de crédito comercial pese a las dificultades de Cuba para pagar a sus proveedores y puso a la constructora Odebrecht a modernizar el puerto de contenedores de Mariel. Se trata del cuarto viaje que realiza a la isla como presidente. Como en otras ocasiones, Lula no se reunirá con disidentes cubanos, pese al pedido de éstos de que medie con los Castro. Justamente ayer el preso político Orlando Zapata Tamayo murió en La Habana tras pasar 85 días en huelga de hambre.
Por otra parte, Brasilia quedó ayer al borde de la intervención federal, luego de que el gobernador interino, Paulo Octavio, renunciara al cargo en el que sustituía al encarcelado José Arruda, ambos involucrados en escándalos de corrupción.


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