Bandas de fantasía para un dólar que solamente sube y nunca baja, decretos para la represión y el espionaje interno y proyectos de “inocencia fiscal”.
Por Luis Bruschtein
El 2026 argentino empezó con dos temas recurrentes del gobierno: dólar y represión. El subibaja del dólar nunca fue para abajo, siempre subió como hizo al comenzar el año. Si solamente sube, hablar de “bandas” suena a bolazo para esconder el sentido único del trayecto. Y la represión fascina a los gobiernos reaccionarios: dos muertos por gatillo fácil, sin sentido ni justificación, más un decreto que convierte a la SIDE en policía política.
Para un gobierno que insiste en que la inflación es sólo consecuencia de la emisión, la preocupación por mantener un dólar barato para que una suba no se vaya a los precios, es como el vago que dice amar el deporte. Pero el dólar aumentó pese a que el consumo está en el fondo del abismo. El dólar aumentó y la suba se irá a los precios, pese a que el consumo cae desde el principio del gobierno. Eso se llama estanflación, que es peor que la inflación y que, en realidad viene de antes, camuflada por el INDEC.
El precio del dólar no constituye tema de discusión en los sectores más humildes, pero sí el de los precios. El gobierno manejó el dólar con desidia, sin cuidar el rol multiplicador que tiene en todos los niveles de la actividad económica. Lo real es que quedó abajo, donde destruye a la industria, al mercado interno y a los exportadores. Y para ponerlo en valores que le convengan al país habría que devaluar otra vez y otra vez el pueblo pagaría los platos rotos para que se favorezcan los más ricos. Pero esta vez tendría consecuencias políticas.
Para algunos analistas, el gobierno tuvo buenos resultados en las elecciones de medio término porque manejó con habilidad el cuco del peronismo-kirchnerismo. Es discutible. En todo caso, si ese discurso tuvo impacto fue por el recuerdo popular de una inflación sumada al caos pandémico en el gobierno de Alberto Fernández. Insistir en el vínculo de ese padecimiento con el peronismo fue la carta electoral que le dio los dos triunfos electorales a Javier Milei.
El gobierno puede tener otros motivos, pero si el dólar se dispara y va a los precios, el salto inflacionario sería indisimulable por el INDEC, como hasta ahora, y perdería su argumento electoral más importante. Es el argumento más fuerte a su favor y el más fuerte para dañar al peronismo.
Cuando le ganaron a Mauricio Macri, el antecedente que podían exhibir los candidatos peronistas eran los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Ahora es más difícil porque el antecedente es ese padecimiento muy amalgamado con la marca “peronismo-kirchnerismo”. Si quiere competir para ganar, una de las tareas del peronismo será deshacer esa asociación muy promovida por los libertarios.
El otro tema del año nuevo libertario fue el decretazo del gobierno que trastocó las funciones de los espías locales. Podrán solicitar el respaldo de otros servicios de inteligencia de Fuerzas Armadas o de Seguridad para espionaje interno. Hay una larga lista de situaciones dentro del país que serían pasibles de espionaje. Pero los términos de esa enumeración son tan ambiguos que abren la puerta para espiar manifestaciones de protesta, así como reuniones y dirigentes opositores.
El sistema libertario aspira a más pobres y para siempre, y a menos ricos pero mucho más ricos. Es la utopía de los millonarios: Grandes corrales de caos y pobreza estrictamente controlados, vigilados y reprimidos para que no afecten los paraísos mínimos de millonarios sin reglas ni ley.
El control y la vigilancia de los hundidos en la miseria se consigue con la instalación de un relato que les promete un lugar en esos paraísos si se portan bien y se dejan explotar. Al mismo tiempo los vigilan con infiltrados y servicios de espionaje todopoderosos con injerencia para espiar la vida personal de dirigentes, funcionarios y ciudadanos. Cuando no alcanzan estos mecanismos, viene la represión física con gatillo fácil y violencia excesiva como demuestran todos los miércoles con los jubilados. Del lado de los paraísos, el gobierno diseñó la ley de “inocencia fiscal” para lavar dólares no declarados.
En los días previos a fin de año, la policía porteña mató a dos ciudadanos en situaciones de gatillo fácil. Es una fuerza que se formó ideológicamente con esa práctica y es la que atesora la mayor cantidad de víctimas por esa causa.
En el comunicado donde informaron que pasaron a disponibilidad al efectivo que mató a un ciudadano en la villa 20, advirtieron que “a la policía se la debe respetar y no se la debe agredir”. Es al revés, porque los que llevan las armas y van en grupo, como en ese caso, son los policías. La advertencia tendría que ser para que los policías eviten el uso de armas de fuego. Y tienen que ser entrenados con ese objetivo y educados con esa responsabilidad. La resultante es que se portan bien, aunque los maltraten, cuando tratan con los ricos. A los pobres se los mata si protestan.
El gobierno apunta a conformar una sociedad regimentada, controlada y vigilada por espías con policías de mano dura, una forma de organización que se aleja de la convivencia democrática. Se trata de elites que viven y de mayorías que sobreviven. No hay convivencia en esa organización.
Hay una discusión sobre la forma de caracterizar a los libertarios. Algunos proponen directamente el calificativo de fascismo, aunque advierten que no es una repetición de los fascismos del siglo pasado. Es evidente que la propuesta de los libertarios no es democrática y tampoco pretende serlo. Responde a un mundo donde el paradigma liberal de las democracias republicanas hace tiempo que ha sido desbordado en los hechos.
Otra definición los reconoce como una forma “posdemocrática”. El concepto tiene alguna ambigüedad porque engloba a sistemas que funcionan en la mayoría de los países. La democracia fue saboteada por los que la tuvieron como bandera, empezando por Estados Unidos, cuya organización política desde hace tiempo está atravesada por poderes fácticos superpuestos a los republicanos.
El dólar aumentando entre bandas de fantasía y nuevos decretos para profundizar la vigilancia y el control fueron novedades al comenzar el año. Pero poco antes hubo un intento de Patricia Bullrich para colar a su colaborador Gerardo Milman como empleado jerárquico del Senado. Bullrich forma parte de ese universo glorificado de represiones y mano dura, al punto que aspira a suceder a Milei.
Pero la designación de su protegido fue abortada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, según versiones. El relato fue que la designación afectaba las “negociaciones” del gobierno con Cristina Kirchner para la designación de jueces y fiscales. No hay pruebas de que esas negociaciones existan o de que hayan sido afectadas. Lo real, es que Milman fue protegido por el gobierno y la Justicia macrista por su relación con el atentado contra la expresidenta. Fue sobreseído a una velocidad inusitada sin investigar los hechos que motivaron su vinculación con el intento de magnicidio.
Podría haber existido negociación, pero lo real es que nadie lo puede afirmar o probar. Lo real es que la designación de Milman generó una polémica sobre el atentado contra Cristina Kirchner. Y el gobierno no quiere que se hable del atentado sino de la corrupción de Cristina presa y Milman les cambia el eje. Bullrich no es buena estratega.







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