Con la excusa de un supuesto interés en temas ambientales y de salud, un grupo de congresales de EEUU aterrizó de imprevisto en Tierra del Fuego. Vieron de cerca un proyecto impulsado por China y navegaron las costas lindantes al puerto recientemente intervenido por Javier Milei.
Por Matías Ferrari
Desde que el Boeing C-40C perteneciente a la flota de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos aterrizó este domingo al mediodía en Ushuaia, la opacidad alrededor de los objetivos de la comitiva que iba a bordo no paró de crecer. Ante el silencio incial de la Casa Rosda, la embajada norteamericana hizo correr la versión de que un grupo de congresistas republicanos y demócratas llegaron hasta el fin del mundo únicamente interesados en asuntos como el “procesamiento de minerales críticos” y la “investigación en salud pública”. Pero Página/12 pudo constatar que además realizaron una recorrida en catamarán alrededor de la costa lindante con el puerto recientemente intervenido por decisión de Javier Milei. Fuentes de la gobernación de Tierra del Fuego sostienen que el arribo los tomó por sorpresa, que los norteamericanos llegaron sin invitación de la provincia y optaron por no reunirse con ninguna autoridad local. La oposición no tardó en pedir explicaciones: la senadora fueguina de Fuerza Patria, Cristina López, elevó un pedido de informes al Ejecutivo para que aclare “cuál fue el motivo oficial del vuelo, el carácter de la visita y los objetivos perseguidos por la delegación transportada”.
López pidió además conocer “si el Poder Ejecutivo Nacional evalúa o ha evaluado otorgar participación, injerencia o control a potencias extranjeras sobre infraestructuras estratégicas en la Provincia de Tierra del Fuego”. Esa susceptibilidad tiene un origen más que cantado en las relaciones cada vez más carnales entre Milei y Donald Trump, quien no se ruboriza al decir que desea anexar a Groenlandia como una cuestión de “seguridad nacional” de los Estados Unidos. ¿Por qué no pesaría el mismo interés geopolítico sobre Tierra del Fuego, que cuenta con el puerto más austral del mundo, la puerta natural de acceso a la Antártida y los dos únicos pasos bioceánicos del planeta?
El desembarco de la comitiva norteamericana también se inscribe en la trama de la reciente intervención del puerto de Ushuaia. El Gobierno argumentó que la decisión estuvo motivada en que se detectaron supuestas “irregularidades financieras”, además de “desvíos de fondos” y “déficit de infraestructura”. La gobernación de Tierra del Fuego, en un comunicado oficial, dejó clara su postura: aludió a virtuales “intencionalidades geopolíticas o económicas” detrás de la medida.
Esa alusión a los intereses foráneos tiene raíces en los movimientos de Javier Milei en Tierra del Fuego: ya en abril de 2024 recorrió los 3 mil kilómetros que separan a Buenos Aires de la capital austral para recibir allí, por primera vez como Presidente, a la ex jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson. En la Base Naval se desplegó una bandera norteamericana junto a la argentina y Milei se vistió para la ocasión con fajina militar. Horas más tarde, se comprometió a levantar una base conjunta en la ciudad. En 2025 hizo su propia visita el sucesor de Richardson, Alvin Hosley.
Lejos de los “minerales críticos” y los “asuntos de salud pública” a los norteamericanos los desvelan dos proyectos que avanzan en Tierra del Fuego y que contarían con financiamiento de China: la Planta de Urea para convertir el gas natural en urea y metanol, que implicaría una inversión del gigante asiático que rondaría los 800 millones de dólares y la eventual construcción de un nuevo puerto para la exportación de esa producción; y la nueva Usina Termoeléctrica de Ushuaia, que modernizaría la estructura energética de la isla, con una inversión menor en comparación, pero no por eso menos importante en términos de desarrollo.
Una visita envuelta en sospechas
Según la información extraoficial que hizo circular el gobierno argentino 24 horas después del arribo del avión, la comitiva norteamericana realizó “una visita a la Argentina en el marco de una agenda de carácter institucional”, que incluyó “reuniones con funcionarios del Gobierno Nacional y con miembros del Congreso de la Nación, con el objetivo de intercambiar visiones sobre temas de interés común y fortalecer el diálogo parlamentario bilateral”.
Pese a que da cuenta de que hubo una reunión previa, la Rosada prefirió no informar oficialmente mayores detalles, incluso cuando el domingo la llegada del avión había desatado un escándalo en Ushuaia.
Este diario pudo averiguar que a bordo del Boeing con matrícula 05-0730 de la Fuerza Aérea viajaron alrededor de siete congresistas, encabezados por el republicano Morgan Griffith, un conservador de la línea MAGA dentro de la administración Trump. Se hospedaron en el Arakur Ushuaia Resort & Spa de la ciudad y luego desplegaron su agenda, que incluyó varias reuniones, ninguna con autoridades oficiales.
La embajada suele argumentar el hermetismo en “razones de seguridad”. Hasta ayer, el gobierno argentino les hacía seguidismo: el resto de los integrantes de la comitiva seguía sin develarse.
También se pudo reconstruir que solicitaron una reunión formal con el Centro Austral de Investigaciones Científicas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CADIC-CONICET), que rechazó el convite. Según fuentes locales, hubo tres investigadores que participaron a título personal junto a representantes de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
De acuerdo a lo que informó el portal Agenda Malvinas, “el temario formal —cambio climático y gestión de residuos— fue el salvoconducto para que la delegación recorra el predio adyacente al relleno sanitario, donde se proyecta la nueva usina termoeléctrica con capitales asiáticos". Es decir, los norteamericanos querían ver de cerca, con la excusa de visitar el basural de la ciudad, cómo se venía desarrollando la obra de la nueva usina eléctrica financiada por los chinos.
Antes, la comitiva se dio además un paseo en Catamarán bordeando el canal lindero con el puerto, que otorga una vista privilegiada del mismo. Fuentes del gobierno negaron rotundamente que hayan ingresado dentro del puerto mismo intervenido por Milei, una de las versiones que habían corrido durante todo el lunes.
En esa línea, la senadora fueguina Cristina López incluyó en su pedio de informes que el Ejecutivo informe si “existen acuerdos, memorandos de entendimiento, compromisos formales o informales, negociaciones en curso o proyectos vinculados al uso, administración, control, operación o explotación del Puerto de Ushuaia por parte de gobiernos, fuerzas armadas u organismos extranjeros”.
Según la ruta de vuelos que consta en el legajo del avión, antes de llegar a Ushuaia, la comitiva --que partió de la base militar Joint Base Andrews, en Maryland-- realizó una escala en la provincia de San Juan y otra en Buenos Aires. Supuestamente partirán en la noche del lunes hacia Neuquén y luego volverán a Buenos Aires, para regresar a su destino de origen recién este jueves.
La llegada del avión no pudo ser menos oportuna, en el quizás peor momento en la relación entre el gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, con la Casa Rosada. Hace menos de diez días entró en vigencia la quita de aranceles para la importación desde el exterior de celulares, un duro golpe para industria local.
Las empresas radicadas allí dejaron de aportar, además, a un fondo de reinversión en la provincia que había creado el gobierno anterior. La intervención del puerto fue la gota que rebalsó el vaso: fue considerada por Melella como un “atropello” a la autonomía provincial reconocida por la Constitución.



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