La Presidenta del Centro de Jubilados y Pensionados de la Provincia puso el dedo sobre sectores como el Invico, la Municipalidad de Corrientes, los docentes. Dijo que eso perjudica a los ingresos de sus afiliados. Destacó la necesidad de mantener un diálogo institucional con los gobiernos.
-¿Es bueno tener diálogo con los gobiernos?
-No sólo que es bueno, sino que debemos tenerlo. Porque esto es una institución, lo mismo que el Gobierno. Y las instituciones deben articular entre sí, para lograr niveles de excelencia en la calidad institucional en la que deberíamos vivir.
-¿Cuál fue su función en la vida "activa"?
-Durante 14 años fui maestra de grado, docente en escuelas nocturnas para adultos y preceptora en los colegios Figuerero y Bartolomé Mitre.
-¿Se jubiló como docente?
-No. Ya de casada estudié abogacía y con esa profesión me desempeñé en la Fiscalía del Estado y en la Municipalidad de Corrientes. La mayor parte de mi carrera la hice cursando libre. La docencia la dejé en 1983.
-¿Entonces ingresó a la administración pública como abogada en 1983?
-No, mis primeros pasos como abogada los hice en el estudio jurídico de Bernabé Gómez y Ana María Pando. Antes de recibirme ya me habían convocado para trabajar con ellos. La verdad es que tengo mucho para agradecerles, porque allí aprendí verdaderamente el oficio de la abogacía.
-¿Y después?
-Después sí trabajé dos años como personal de Gabinete en el Municipio, en el área de personal, donde me llevó Ana María (Pando) para que colabore con ella. Siempre estuve en un área de conducción.
-¿En qué año se jubiló?
-En 1993, a los 46 años.
-¡Epa! ¿Por qué tan temprano?
-Es que me enfermé. Caí en un profundo estado depresivo. Lo atribuyo, como factor principal, a la actividad tremendamente tensionante que tuve en los últimos años en la Municipalidad.
-¿Había muchos problemas en aquellos tiempos? ¿De qué años estamos hablando?
-La gestión como intendenta de Ana María Pando fue en el período 1987-1989, simultáneamente con el gobierno del Pacto Autonomista Liberal, que en ese tiempo encabezaba Ricardo Leconte como gobernador. En verdad, había muchos conflictos con el sector gremial y también peleas internas dentro del Pacto Autonomista Liberal. Había determinados "códigos políticos" que yo no entendía o no aceptaba. Fue bastante desagradable.
-¿Con el sector gremial no se llevaba bien?
-Tuvimos nuestros desencuentros. Pero en relación con los trabajadores del Municipio, quiero recordarle que concretamos el primer reencasillamiento y se reconocieron derechos que hasta ese momento se habían ignorado.
-¿Usted se desempeñaba…?
-En Personal, en el área de Gabinete. Había confianza con Ana María, con quien nos conocíamos hacía muchos años; con decirle que fuimos compañeras de la escuela normal Juan Gregorio Pujol. Yo iba a quinto y ella iba a cuarto año. Integrábamos el equipo de pelota al cesto del colegio.
-Y la profesión común volvió a acercarlas…
-Claro, la profesión… Y después pasó lo que ya le conté.
-Su enfermedad… ¿Y cómo logró superar ese problema?
-Gracias a la Intervención Federal de Ramón Mestre.
-¿Ramón Mestre la ayudó?
-Nooo (esboza un rictus de amarga ironía). Esa Intervención trató muy mal a los jubilados. Mi padre, también jubilado como supervisor de escuelas, padecía una enfermedad terminal. Nos retenían parte de nuestros ingresos, nos pagaban en Cecacor… Un desastre. Obviamente, no alcanzaba para comprar los medicamentos de mi padre. Luchando por mi padre más que por mí misma, es que logré ponerme nuevamente de pie y superar mi depresión.
-En ese tiempo había una emergencia previsional ¿no?
-Sí, había un estado de emergencia en general, y los jubilados llevábamos la peor parte. Yo me peleaba mucho con el interventor del Instituto de Previsión Social (IPS), un señor Lamartine.
-Que también formaba parte del elenco cordobés de la Intervención, ¿no?
-Sí. Pero pasó algo curioso: el 10 de diciembre de 2001, el mismo día en que se iba la Intervención, el mismo señor Lamartine me convocó y mi dijo: "Usted es la única persona que puede defender a los jubilados. Hágalo". Y me dejó incluso una carpeta con documentación que podía serme útil. ¿Qué le parece?
-¡La persona con la que se había enfrentado!
-Sí, y en los últimos minutos antes de irse me llamaba para reconocer mi lucha, casi para darme un mandato…
-Y en ese mismo día asumía Ricardo Colombi su primer mandato como gobernador.
-Bueno, ahí me tocó lidiar con el secretario de Hacienda de esa gestión, el contador Alfredo Aún. Se había dictado un "corralito" para los jubilados, con retención de nuestros haberes. Eso duró todo ese primer gobierno de Ricardo Colombi.
-Siguió su lucha, entonces…
-Así es. Tras agotar los reclamos administrativos, litigué judicialmente, hasta que ¡al fin!: logré la primera cautelar en beneficio de mi padre, Carlos Domingo Solís.
Un modelo a imitar
-¿Tiene algún modelo, alguna personalidad a quien la doctora Zambrano admira?
-Nelson Mandela me parece un gran hombre. Porque pese a todo lo que sufrió en carne propia, refundó un gran país (Sudáfrica) sin odios ni rencores en su corazón. Yo, humildemente, siempre abogo por las buenas relaciones, la convivencia, la paz espiritual.
-¿No siente inclinaciones políticas?
-No me gusta para mí la política partidaria. Ojo: es necesaria, y hay quienes tienen habilidad para ello. No es mi caso. Soy consciente de ello.
-Se la ve bien de salud y de ánimo. No parece haber atravesado una profunda crisis depresiva de casi diez años.
-Salí airosa de esa situación merced a un buen tratamiento y al acompañamiento fundamentalmente de mi esposo y de mis hijos.
La ley y los gremios
-El IPS es un organismo que sigue intervenido. ¿No debería normalizarse?
-Por supuesto que sí. Sólo que, como ocurre en este momento, cuando las relaciones de los jubilados con el Gobierno son tan buenas, parecería que no existiese intervención. Pero un IPS que funcione como marca la Ley, debería contar con un administrador designado por el Poder Ejecutivo; un representante del Gobierno, un representante del sector pasivo y un representante del sector activo. Ese debería ser el Directorio del ente, no como ahora que solo existe un interventor como máxima autoridad.
-¿Qué relación tiene con los gremios del Estado?
-Yo destaco mucho la acción gremial del Suteco, que pide sistemáticamente la normalización del IPS y el blanqueo de todos los salarios, que es la forma en que también se benefician los jubilados. Por ejemplo, el Invico (Instituto de Vivienda de Corrientes) es un organismo que tiene mucho personal en negro. También los propios docentes tienen parte de sus ingresos en negro. Pero hay que decir también que en muchos otros sectores de la Administración Pública este Gobierno ha blanqueado salarios.
-¿Los jubilados municipales tienen un ingreso más bajo que los provinciales?
-Sí, bastante más bajo. Y eso también en parte es por la falta de blanqueo de los salarios al personal activo. En el Municipio de Capital, el 30 por ciento de los sueldos es en negro. Por eso queremos dialogar con las autoridades municipales. La otra vez me llamó (el secretario de Economía, Martín) Barrionuevo, precisamente para sostener un encuentro. Espero que podamos tener un diálogo productivo. Incluso el gremio municipal debería invitarnos a participar de la Mesa de Relaciones Laborales, o al menos consultarnos sobre la problemática de los jubilados. Algunos gremios son muy cerrados. Por eso destaco y felicito al Suteco.
-¿Es necesario cambiar la actual ley que regula el sistema jubilatorio provincial?
-Sí, se necesita producir algunos cambios. Hay un proyecto en ese sentido del contador Ramón Simón (diputado provincial por el Partido Liberal). Yo no estoy de acuerdo con algunas cosas de ese proyecto; pero es un punto de partida interesante.
QUIÉN ES
María de las Mercedes Solís de Zambrano nació el 12 de octubre de 1946 en Corrientes Capital.
Sus estudios primarios y secundarios los cumplió en la escuela normal Juan Gregorio Pujol.
Su padre era docente y su madre enfermera.
Es la mayor de cuatro hermanos.
Es casada, tiene tres hijos y diez nietos.
En esta situación decidió estudiar Derecho, recibiéndose de abogada en la Facultad de Derecho de la Unne.
Se define como una mujer con mucha vida interior, tímida y con muy pocos amigos. La rebelan las injusticias y por eso busca con afán lo opuesto, es decir, la justicia.
Es profundamente creyente y católica.



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