La reunión con Soria y gestiones de Pichetto sirvieron para recomponer.
Soria estaba jovial cuando el jueves se retiró del domicilio de Arriaga. Tenía motivos. Había reconstruido un lazo con el cipoleño. Igual amasaba otro dilema naciente: las pretensiones del ex diputado, que requerirían la revisión de acuerdos internos y pactos con el Frente Grande.
La reunión fue producto de distintos contactos. Miguel Pichetto tuvo mucho que ver. El senador tiene afecto personal por Arriaga y lo valora políticamente. Tampoco pierde su visión parlamentaria: la necesidad del voto de la senadora María José Bongiorno. Ella fue única testigo de la charla.
Hasta el jueves, Soria depositó en Weretilneck todo el esquema para Cipolletti, incluyendo la negociación con Arriaga. Pero esa relación está rota. La última razón para reflotar viejas broncas fue la postulación para la intendencia cipoleña. Weretilneck se la reservó para Abel Baratti, pero Arriaga confía en su retorno a esa jefatura.
Al final, Soria advirtió que las acciones habían destruido las previsiones de su vice, esas que afirmaban que Arriaga "no se iría con los radicales". Esta probable alianza se consolidó con ambos sectores oficialistas y sólo parece suspendida por la falta del liderazgo en el radicalismo.
El miércoles, Soria y Arriaga hablaron por teléfono. "Estamos 30 puntos arriba, pero si te sumás y nos sacamos la foto, la elección ya está ganada", le dijo el jefe roquense. "Así, no hace falta más nada con esa supremacía del Alto Valle", piensa Soria. El cipoleño desplegó quejas y condiciones. "Ustedes me quieren y hay cosas que no voy a negociar. Además, si tenés 30 puntos, para qué me necesitas", lo chicaneó. Acordaron reunirse al otro día.
Weretilneck lo llevó a Soria al domicilio de Arriaga. Lo dejó en la puerta y se fue. Todo un símbolo.
El vínculo entre Soria y Arriaga nunca fue idílico, pero se respetan. Charlaron duro, siempre protegiendo la embrionaria negociación. Ese espíritu aventó cualquier análisis de candidatura municipal. El tema quedó "en un paraguas".
¿Arriaga recuperó su ánimo por un plan opositor? Sí. Lo entusiasmó el interés ajeno pero más lo incomoda el presente radical. Ese cuadro que lo obligará a explicar hechos inexplicables, como los sobresueldos. Además duda de que el oficialismo mantenga el poder.
El análisis provincial se detuvo en los espacios. Se acordó que Arriaga encabece el circuito Alto Valle Oeste pero todo se estancó cuando el anfitrión requirió en la sábana a Facundo López. No aceptó otros planes que Soria le propuso, como la Secretaría Legislativa. El roquense abandonó Cipolletti con esa disyuntiva irresuelta, pero que ya originó la evaluación de reacomodamientos. Pichetto y, posiblemente, la Nación habrían prometido aportes. ¿Una candidatura a diputados que libere algún espacio? Posiblemente.
Weretilneck será un escollo para el arribo de Arriaga. Exige un espacio en la sábana para Jorge Barragán, que dejará el circuito si prospera el acuerdo, y esboza otro para Elvi Cides. Soria piensa en enroques propios porque, por ahora, los lugares del Frente Grande –cuarto y noveno– eran para el cupo femenino.
Aún así, la mayor traba que impondrá el intendente será que Arriaga desista de su candidatura local. "No sé lo que hablaron. Si sé lo que tengo que hacer yo", repitió ante su círculo de colaboradores.






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