Armas de difusión masiva contra el poder y la imagen de Estados Unidos

La Casa Blanca tuvo que dar respuestas por la filtración más grande de toda la historia. Comienza una crisis de confianza en Washington. Futuro incierto para la política mundial.
En una avalancha de documentos revelados, WikiLeaks sacudió al mundo esta semana al comenzar a difundir 251 mil cables del Departamento de Estado norteamericano con secretos diplomáticos de 274 embajadas diseminadas por todo el globo. Desnudados ante los ojos de la opinión pública internacional, líderes de la talla de Barack Obama, Silvio Berlusconi, Hu Jintao, Angela Merkel y Vladimir Putin esgrimieron explicaciones, esbozaron críticas o prefirieron el silencio, ante la mayor filtración de secretos de política internacional de los últimos años. Según el analista internacional Charles Krauthammer, el Cablegate infligió un duro golpe a la estrategia internacional de los Estados Unidos en la lucha contra el terror. “Es sabio no caer en el pánico, pero no es bueno pensar que estos cables sólo son rumores embarazosos o indiscreciones. Las filtraciones supusieron un daño mucho mayor”, escribió en su habitual columna en The Washington Post.

¿Qué representan los cables? Hasta el momento tan sólo se revelaron poco más de 600 cables diplomáticos. Aunque aún no se difundieron cuestiones de alta política que involucren secretos militares o amenazas inminentes a la paz internacional, el mundo tembló desde el lunes con cada secreto que vio la luz.

¿Cuál fue el impacto en los Estados Unidos? El propio Assange fue quien tiró la primera piedra contra la secretaria de Estado, Hillary Clinton, al pedir el martes su renuncia en caso de comprobarse su responsabilidad en el espionaje a autoridades de Naciones Unidas. En una entrevista concedida el viernes, la funcionaria aseguró que éste será su último cargo público, descartando una futura candidatura presidencial o algún otro cargo en la administración de Obama.

Mientras la derecha republicana y el Tea Party propusieron calificar a WikiLeaks como una organización terrorista y cazar a “Assange como a Osama Bin Laden”, el fiscal general Eric Holder inició una investigación judicial por revelar secretos de Estado. Sin embargo, discrepando con el alarmismo de las autoridades, el experto en relaciones internacionales Fareed Zakaria consideró que los documentos revelados no dañaron el poder de Washington.

“Las filtraciones son consecuencia de la decisión de compartir la información entre distintas dependencias del gobierno. Ese es el escándalo que necesita ser solucionado”, opinó en Times el especialista en materia de seguridad internacional.

¿Cómo reaccionó el resto del mundo? Las denuncias de WikiLeaks, publicadas por El País, Le Monde, The Guardian, The New York Times y Der Spiegel, abarcaron desde el reclamo de los países árabes para que Estados Unidos invada Irán antes de que consiga la bomba atómica hasta las fiestas sexuales de Berlusconi, pasando por un pedido de informes sobre la “salud mental” de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Además, los cables revelaron los ataques del Partido Comunista Chino contra Google, las presiones de Washington a España para frenar causas judiciales contra soldados norteamericanos y los intentos de relocalizar a los prisioneros de Guantánamo.

¿Cuáles son los enemigos de WikiLeaks? “Mi peor enemigo es el ejército de Estados Unidos”, reveló Assange en una entrevista con El País dos meses atrás. A pesar de que el largo brazo del Pentágono acosa al australiano de 39 años, el fundador de la página de Internet más temida en Washington también cosechó adversarios entre los banqueros, el gobierno chino y la controvertida Iglesia de la Cienciología, encabezada por el actor Tom Cruise. Según Assange, WikiLeaks recibió alrededor de cien denuncias judiciales por sus actividades. Por estas horas, Interpol colocó al líder del sitio en la lista de los hombres más buscados por dos supuestos intentos de violación en Suecia.

¿Qué va a pasar con Assange? En una entrevista con los lectores de The Guardian, el rostro visible de WikiLeaks dijo que tomó medidas de seguridad para proteger su vida. Mientras Tom Flanagan, asesor del primer ministro canadiense Stephen Harper, pidió el magnicidio de Assange, distintas voces en Estados Unidos se alzaron contra el fundador de WikiLeaks. “Que el mundo sepa que hombres así no pueden dormir en la misma cama dos noches seguidas. No estoy pidiendo que saquemos del retiro al ex agente de la KGB que mató en una calle de Londres a un disidente búlgaro con la punta envenenada de un paraguas. Pero sería lindo que gente como Assange se preocupara cada vez que camine bajo la lluvia”, disparó letalmente Krauthammer, reflejando la urgencia por evitar que miles de nuevos escándalos destapados por WikiLeaks ridiculicen a Washington.

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