Villa Soldati, entre la contaminación ambiental y el coronavirus

Villa Soldati, entre la contaminación ambiental y el coronavirus

En medio de la crisis sanitaria, el gobierno porteño autorizó la descarga de escombros, altamente contaminante, en ese barrio del sur de la ciudad.

La contaminación ambiental y la pandemia son una mala combinación. Vecinos de Villa Soldati sufren la primera desde 2013 con la planta de reciclaje de residuos áridos (escombros). Pero en estos días de cuarentena obligatoria se agregó el coronavirus y se toparon con una hilera interminable de camiones con volquetes de las 120 empresas del rubro que operan en la Capital Federal. Llevaban su carga de desechos de obras en construcción para entregarla en el predio que depende del gobierno porteño. En el lugar, sobrantes de mamposteria o cascotes se transforman en polvo o materiales reutilizables para trabajos que realiza la ciudad en el espacio público. “Se hacen las baldosas y el alisado que vemos en otros lados pero no acá”, contó Sabrina González, una de las afectadas. Las personas que viven en el barrio y sobre todo en el perímetro de Lafuente, Barros Pazos, Castañón y Chilavert respiran partículas en suspensión que les ocasionan serios problemas respiratorios. El viernes se generó un conflicto cuando se enfrentaron cara a cara los camioneros que querían completar la descarga con autoridades de la Comuna 8 y un grupo de vecinas en clara inferioridad númerica. No pasó a mayores, pero la Policía de la Ciudad tampoco intervino cuando la situación estaba a punto de desmadrarse.

“Nos piden que ventilemos nuestras casas porque hoy tenemos un virus dando vueltas que afecta las vías respiratorias y no podemos ventilar las viviendas por el polvo que flota acá. Hay vecinos con corticoides, abuelos y chicos comprometidos por esta situación”, explicó Sabrina, quien estuvo presente en la protesta frente a la planta.

Página/12 consultó al secretario de Articulación Federal de la Seguridad de la Nación Gabriel Fucks sobre una hipótesis que manejaban los vecinos: si el transporte de escombros está entre las excepciones que prevé el DNU 297 que firmó el presidente Alberto Fernández. “Contaminar es un delito pero nada tiene que ver con el transporte y lo que está permitido durante la pandemia. La contaminación ambiental está prevista en el nuevo Código Penal, en la Constitución de la ciudad y en varias normas más. Pero transportar no es necesariamente contaminar y si hay algo que atacar es este delito, no el transporte”.

El problema entre vecinos y camioneros finalizó cuando se presentó en el predio de Avenida Varela 2563 el gerente operativo de Plantas de Tratamiento que depende de la Subsecretaría de Higiene Urbana, Leonardo Giménez. El funcionario firmó un acta donde consta que “en carácter excepcional se procederá a la apertura de la planta de residuos áridos, restos de obra y construcción…”. El plazo que se dio fue de 24 horas entre el viernes 27 y el sábado 28, con el permiso de circulación para que tres choferes de la empresa Volquetes Contecop pudieran completar la descarga en el predio cuyo funcionamiento cuestionan los vecinos.

El 7 de febrero pasado estos últimos difundieron una denuncia sobre la problemática que viven en Villa Soldati: “Desde el año 2013 funciona en nuestro barrio una planta de tratamiento de áridos. En su labor procesa 2400 toneladas diarias de restos de obras en construcción que dispersan partículas en el aire excediendo ampliamente los máximos permitidos para zonas como las nuestras”.

En el texto enumeraban las consecuencias de la situación: “Enfermedades respiratorias, sequedad de tejidos húmedos, irritación, jaquecas, ataques de asma tanto en forma aislada como crónica y, además, la presunción de contacto con elementos cancerígenos como el asbesto presente en restos de obra provenientes de construcciones antiguas”.

Sabrina agregó: “Enfrente de la planta hay cuatro escuelas, dos son jardines de infantes, hay clubes a los que vienen vecinos de otras comunas. Vivimos como dentro de una enorme nube de polvo, cal, cemento y material de demoliciones y partículas en suspensión que no sabemos de qué son. En el barrio por ahora no tenemos afectados por coronavirus pero sí hay mucho dengue”.

Aquel día lluvioso de febrero se constituyó la Mesa de Trabajo Ambiental Villa Soldati. En su primera reunión se juntaron decenas de vecinos en un taller mecánico y firmaron un texto donde denunciaban: “Principalmente nuestro derecho a la salud y a un ambiente sano están siendo vulnerados, y el Gobierno de la Ciudad, en cabeza de Mauricio Macri en sus inicios, y de Rodríguez Larreta desde 2015, antepone los negocios y los beneficios para las empresas que lo explotan en prejuicio del pueblo”.

El viernes cuando se produjo el conflicto a las puertas de la planta un camionero se justificaba con una vecina que le reprochaba la carga contaminante que llevaba: “Nosotros estamos limpiando la ciudad”. Es una de las tantas imágenes que se ven en uno de los videos que filmaron las personas afectadas por el polvillo que se respira en esas cuadras. “Somos muchos y muchas los que nos vemos perjudicados: escuelas primarias, jardines de infantes, clubes deportivos, trabajadores, vecinos y vecinas de Soldati”, comentó Sabrina.

En esas tierras bajas de Soldati se instaló en 1925 la usina incineradora de residuos que funcionó por décadas y los vecinos todavía recuerdan. En su trabajo Aproximación histórica a la recolección formal e informal en la ciudad de Buenos Aires: la quema de Parque Patricios (1860-1917) y la del Bajo Flores (1920-1977) los investigadores Verónica Paiva y Mariano Perelman definieron a este último basural como “el segundo más grande del mundo”.

La contaminación de la planta de residuos sólidos asociada con la pandemia empujó a los vecinos a salir de sus casas porque no pueden estar dentro de ellas con las ventanas cerradas todo el tiempo. Exigen al Gobierno de la Ciudad “el cese de las actividades en el predio y el aprovechamiento del mismo en nuevas actividades que no impliquen el menoscabo de la calidad de vida de la comunidad de la zona”.

Comentá la nota