Tarjeta colorada

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El secretario de Seguridad porteño, Martín Ocampo, dejó su puesto tras el fracaso del operativo que provocó la suspensión de la final de la Copa Libertadores. El vicejefe de Gobierno, Diego “el Colorado” Santilli, absorberá el área. Macri no se hizo cargo y criticó a los jueces

Luego de las peleas en privado vinieron los pases de factura en público. El presidente Mauricio Macri consideró al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, “el responsable” del operativo fallido que dio por tierra con el superclásico River-Boca en la final de la Copa Libertadores. Horas más tarde, renunció el ministro de Seguridad de la ciudad, Martín Ocampo, un hombre de Daniel “El Tano” Angelici (ver aparte). Macri, que fue durante doce años presidente de Boca Juniors y sigue tallando en la conducción del fútbol argentino, sostuvo que el problema es “una parte de la dirigencia que apaña como una conducta razonable tirar piedras, agredir, violentar”. Comparó lo ocurrido con los barrabravas con las protestas de diciembre pasado, que fueron reprimidas por las fuerzas policiales. Y cuestionó a los jueces por liberar a detenidos y pidió que los que sean arrestados sepan que “la van a pasar mal”. “No entiendo. No en-tien-do”, se enfureció el mandatario. 

Como suele hacer en estos casos, Macri habló como si no tuviera responsabilidades como mandatario y fuera un espectador más, otro hincha frustrado por la suspensión del partido, y también como si no existiera un pasado común en su historia con el fútbol. En su discurso público se pudo ver una pequeña porción de la ira que le transmitió a Larreta en las conversaciones del fin de semana.

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“Claramente esto no es aceptable bajo ningún concepto”, lanzó su furia el Presidente que, a fuerza de mostrarse indignado, evitó explicar cuál fue el rol de las fuerzas federales en el operativo, por qué condujeron al micro con los jugadores de Boca hacia una multitud de River, y cuál fue el protocolo que aplicaron los policías que terminaron afectando con el gas lacrimógeno a los jugadores. 

Flanqueado por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, Macri sostuvo que “el jefe de gobierno (porteño), como responsable, está estudiando y viendo cómo perfeccionar el operativo policial para el día que se organice el partido”. Fue un gesto a favor de Bullrich en la pelea no demasiado solapada que tuvieron ella y el ya ex ministro de Seguridad de la ciudad, Martín Ocampo.

Durante el fin de semana, desde la Ciudad destacaron que la seguridad en la zona de los incidentes correspondía a Prefectura. Desde la Nación, indicaron que el operativo de traslado era de la Policía de la Ciudad. La interna entre ambos funcionarios es solo la expresión de la que existe entre Macri y Larreta. Durante todo 2016, el Presidente presionó al jefe de gobierno porteño para que reprimiera en forma más contundente las protestas. Ayer le endilgó la responsabilidad del operativo de seguridad. Y el domingo consiguió que fuera Larreta quien pusiera la cara para recibir el costo político por la doble cancelación del partido. En esa oportunidad, Larreta confirmó en su cargo a Ocampo. Ayer debió hacerlo renunciar.

“Yo no puedo resignarme como Presidente representado a la inmensa mayoría de argentinos que somos pacíficos, que para organizar un espectáculo deportivo hay que militarizar toda la zona, toda la ciudad, es una locura, no es lo razonable”, se quejó.

“No entiendo. En nombre de todos los argentinos, no entiendo. No en-tien-do”, remarcó Macri. “No es solamente las piedras, no entiendo como alguien puede pensar que está bien escupir”, sostuvo y recordó que fue escupido el presidente de FIFA, Gianni Infantino, entre que “dejó su auto y se trasladó a la platea”. “Cómo puede ser que gente que se precia de ser educada, que escupir en una cancha de fútbol está bien, lo que podría haber pasado en la cancha de Boca, San Lorenzo, lo digo no porque pasó en River”, aclaró el ex presidente de Boca Juniors.

Contra los jueces

Macri también aprovechó para cuestionar a los jueces que liberaron a los detenidos y, de paso, dejó algunas lecciones sobre cómo considera que deberían funcionar la democracia y el Estado de Derecho: reclamó “un sistema judicial, que garantice que aquel que no cumple la va a pasar mal”. “La Policía detuvo a 23 personas. Que en horas estén libres, no entiendo, no entiendo”, cuestionó. Pidió más apoyo para la policía en su accionar. “Después no nos quejemos”, planteó.

Además, Macri eligió comparar el accionar policial en la cancha de River con la represión a la protesta por el recorte a los aumentos de los jubilados en diciembre pasado. “Lo mismo nos pasó en el Congreso, donde se vieron destrozos masivos y agresión bestial”, dijo el Presidente. En rigor, el juez Sergio Torres estableció que a 58 de los 69 detenidos habían sido arrestados por la policía sin ningún tipo de pruebas. 

Nada de esto importó al Presidente, quien siguió despotricando contra los jueces: “¿Cómo va a tipificar el caso como contravención y soltarlos? Ahora apuntado junto a 300 barras que no pudieron ir y organizaron todo este tipo de agresión”, insistió el mandatario. “Necesitamos que los jueces, los fiscales, las fuerzas de seguridad y ciudadanos trabajemos en conjunto para terminar con la violencia, estoy acá y no me voy a resignar”.

El Presidente anunció que reflotará un proyecto que habían presentado en 2016 y que apuntaba a endurecer las penas contra los actos de violencia en el contexto de eventos deportivos (ver aparte). Indicó que lo enviará para su tratamiento en el Congreso en sesiones extraordinarias. Aseguró que esa iniciativa “ayudará a que ningún fiscal, ni juez se equivoque donde tipifica este tipo de delitos, apoyando a nuestras fuerzas de seguridad, con una herramienta contundente”.

Luego, la ministra Bullrich dijo que el proyecto propone “tipificar no como contravenciones, sino como delitos penales todas las conductas violentas que se realizan en el marco de un estadio de fútbol y alejar en lugares previamente determinados a todas las personas que tienen prohibición de entrada en los estadios”. “En este caso, por ejemplo, si esa ley se hubiese votado, todas esas 300 personas o barras que estaban por entrar con estas entradas, en vez de estar en los alrededores de la cancha hubieran estado con tres horas de anticipación en comisarías o predios habilitados especialmente para presentarse antes de los partidos”, indicó Bullrich.

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