El Nobel Stiglitz es la "apuesta secreta" de Alberto Fernández para ablandar exigencias del FMI

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En el Gobierno confían en que el ex profesor de Guzmán haga valer su influencia en favor de Argentina. En tanto, se reanuda el contacto con el organismo.

Por Claudio Zlotnik.

El cambio de calendario, esta vez, trascenderá el mero paso de un mes a otro. Porque febrero significará, sobre todo, un giro en la agenda económica.

De un inicio volcado hacia la emergencia social y la inflación, durante los primeros 30 días de gestión, el tema dominante de aquí a las próximas semanas será la deuda. El Gobierno se prepara para una oferta formal de reestructuración a los bonistas privados. A la vez que se acercará al Fondo Monetario Internacional.

Y una de las cartas que la Casa Rosada jugará para construir el puente a Washington será la de Joseph Stiglitz, el economista que en 2001 ganó el Premio Nobel y que mantiene un estrecho vínculo con Martín Guzmán.

El ministro de Economía fue discípulo de Stiglitz, lo conoce bien. Antes de fin de año, Stiglitz tuvo palabras muy elogiosas hacia el funcionario argentino: "Es uno de los mejores alumnos que he tenido. Es superlativo. Tuve alumnos fantásticos pero él está entre los mejores. Martín Guzmán se encuentra entre los expertos más importantes del mundo en cuestiones de deuda soberana. Es la persona adecuada, en el lugar correcto y en el momento oportuno", mencionó Stiglitz en un par de oportunidades.

Lo cierto es que tanto en la Casa Rosada como en Washington coinciden en que Stiglitz jugará un rol relevante en la próxima negociación con el FMI.

El economista estadounidense, un crítico histórico del funcionamiento del organismo internacional, conoce al detalle los movimientos y los intereses que se juegan en esos pasillos. Fue el economista jefe del Banco Mundial (1997-2000) y, desde 2001 cuando gana el Premio Nobel, obtuvo un espacio notable en la opinión pública y en el establishment.

Stiglitz construyó parte de su fama global por sus severas críticas al Fondo Monetario. Ya en aquel lejano 2002, cuando la convertibilidad había explotado, luego de que el organismo tratara a la Argentina como el alumno dilecto y después de que recomendara sus recetas de ajuste, Stiglitz había sido muy crítico: "El FMI cometió el mismo error que en el este de Asia, presionando por políticas fiscales extremadamente contractivas en un país en recesión".

¿De qué manera podría influir Stiglitz en la próxima negociación? La expectativa del Gobierno no está tan centrada en la parte técnica para elaborar la propuesta a los acreedores sino que se centra en la ascendencia que el economista tiene en los despachos oficiales, allá en la capital estadounidense.

Claudio Loser, economista argentino que fue director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI entre 1994 y 2002, le asigna a Stiglitz reserva un rol relevante cuando el Gobierno se siente a renegociar. "Puede tener influencia en el FMI, a pesar de las peleas que mantuvo en el pasado", señaló en diálogo con iProfesional.

"Eso sí -agrega-; no esperemos que tenga influencia en el gobierno americano. Eso no. Pero sí tiene una buena llegada al Directorio y a Kristalina Georgieva, con quien pudo haber trabajado durante su paso por el Banco Mundial".

Para otros expertos en la historia reciente del Fondo Monetario, Stiglitz podría ser el puente que termine de cerrar la grieta que en los últimos 20 años mantuvo enfrentados a los economistas más heterodoxos de Wall Street con los organismos internacionales.

"Un acuerdo bajo el auspicio de Stiglitz podría ser una fórmula win-win tanto para el FMI como para el Gobierno argentino. El Fondo, con la llegada de Georgieva, busca reforzar la idea que el organismo es diferente; que cambió, que busca evitar crisis, no profundizarlas. Y a la administración Fernández le serviría porque un rápido acuerdo le evitaría al país volver a ser un paria de las finanzas internacionales", dice una fuente que vive en Washington y sigue de cerca la política alrededor del FMI.

El encanto del antiguo enemigo

Desde Washington aseguran que más allá del perfil crítico de Stiglitz, el economista mantiene una línea directa con quienes deben decidir sobre la futura negociación con la Argentina. Y sus opiniones sobre las deudas de los países y su sostenibilidad económica son muy escuchadas por sus colegas.

Aunque parezca paradójico, es precisamente la acidez con la que históricamente trató Stiglitz al Fondo lo que hoy -con nuevas autoridades en el organismo- puede ser la llave para abrir la negociación con la Argentina.

No hay que olvidar que el recambio de la cúpula del organismo no fue ajeno al fracaso del acuerdo con el gobierno de Macri, que involucró el mayor préstamo jamás otorgado por el FMI a un país.

Una versión que antes de fin de año recorrió algunos bancos dio cuenta de que la propia Georgieva sugirió mantener cerca a Stiglitz, de cara a la pròxima renegociación.

Distintos economistas expertos en finanzas y al tanto de los movimientos en los círculos del poder financiero -desde Daniel Marx al propio Loser o incluso a otros financistas más cercanos al actual Gobierno- suponen que la negociación con el Fondo será posible en el corto plazo.

La base para el optimismo se apoya en la supuesta "flexibilidad" que viene evidenciando el organismo, sobre todo en materia de metas fiscales.

Esa orientación, en línea con la cautela fiscal que viene mostrando el Gobierno desde su asunción, podría derivar en un rápido acuerdo para refinanciar los agobiantes vencimientos de la deuda, que caen sobre todo a partir de 2021, pero sobre todo en 2022 y 2023.

Si es así, entonces, y hay tiempo para llegar a un pacto porque los grandes vencimientos se producen dentro de un par de años, ¿cuál sería el apuro para sentarse ahora?

La clave hay que buscarla en la necesidad de un acuerdo con los acreedores privados: los fondos de inversión internacionales reclaman un pacto entre la Argentina y el FMI antes de poner la firma a un acuerdo para renegociar los vencimientos.

El rol de Trump

Cualquier renegociación estará influenciada indefectiblemente por la postura que tendrá la Casa Blanca. La historia es conocida pero no puede pasarse por alto: la buena relación entre Mauricio Macri y Donald Trump fue la clave para que el FMI aprobase un mega préstamo por más de u$s50.000 millones.

Tampoco puede eludirse que el acuerdo con el FMI fue un fracaso, pero el dinero hay que devolverlo. La cuestión es en cuánto tiempo. Y si, así como Estados Unidos ayudó a Macri para obtener los billetes verdes, ahora el propio Trump habilitará la nueva negociación sin poner trabas en el camino.

Un financista que trabaja desde hace varios años en Nueva York y, a la vez, tiene buena relación con la Casa Rosada avisa: "Trump es muy pragmático; no se ata a la ideología. Si Argentina se mantiene con un buen vínculo y demuestra interés en acordar, no habrá problemas".

En dos bancos de inversión consultados por iProfesional destacan algo parecido: el hecho de que la agenda de los Estados Unidos se haya mudado de América Latina (Venezuela, Bolivia) a Irán debería favorecer a la Casa Rosada.

En las próximas horas, Alberto F. tendrá novedades: llegará a Washington uno de sus elegidos: Sergio Chodos, flamante director Ejecutivo del Cono Sur ante el FMI. Esta misma semana tendrá una reunión con Georgieva. Un encuentro protocolar, en el que cual de seguro habrá un primer acercamiento formal hacia la negociación que se viene.

Alberto F. ya avisó que ya se puso una fecha límite: "Creo que de acá al 31 de marzo vamos a tener bien claro cómo estamos, porque ahí también vamos a tener resuelto cómo queda la deuda externa", afirmó el fin de semana.

La agenda económica va camino al capítulo más difícil. O, si se prefiere, al capítulo donde el Gobierno no tiene la única palabra: el capítulo de la deuda.

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