Fin de un año lleno de noticias previsibles

Fin de un año lleno de noticias previsibles
Ya se va el 2013. Es cuestión de horas que ingrese en la historia con su carga de acontecimientos políticos, la gran mayoría de ellos, absolutamente previsibles.
Ya se va el 2013. Es cuestión de horas que ingrese en la historia con su carga de acontecimientos políticos, la gran mayoría de ellos, absolutamente previsibles.

En la Nación, solamente los oficialistas más recalcitrantes no pudieron -o no quisieron- prever que llegaba inexorablemente una derrota electoral que de no ser absorbida y digerida como corresponde, los pondrá de cabeza en las puertas del ocaso del modelo. Consecuentemente, en provincias ultra k como Jujuy, la ola llegó en el mismo sentido. Se puede decir sin temor a mucho error, que en el país, más que ganar los méritos y las propuestas de la oposición, perdieron la sordera, la soberbia y la prepotencia nacional.

Fue tan grande el hastío generado por la persistencia de la reivindicación de las políticas de derechos humanos, las nacionalizaciones de dudoso resultado (Aerolíneas, YPF), las amenazas de nuevas estatizaciones, las cifras escandalosas del Indec (índice de precios, datos de ocupación/desocupación, etc.) las fábricas recuperadas reinauguradas varias veces, y la costumbre grosera de echar la culpa el prójimo y de curarse en sano por los titulares de los diarios del día siguiente, que tantas cosas realizadas con buen criterio, mas el esfuerzo y sacrificio de todos a lo largo de una "década ganada" quedaron tapadas por ese hartazgo y la gente, sin alternativas, revoleó el voto de octubre, que salió disparado para cualquier lado, menos para agradecerle al oficialismo.

En la provincia, se instaló la misma sensación que en todo el país, y se vio agravada por un prematuro desgaste de la gestión alimentado por una campaña electoral que evidentemente nunca midió las consecuencias -no le importó o creyó que repitiendo las rutas fáciles podría seguir reteniendo las coronas de laureles- y abusó de la única figura indiscutible del oficialismo: el mismísimo gobernador Eduardo Fellner.

El riesgo se advertía en todas partes, salvo en los escritorios de los responsables de correrlo; era alto, y finalmente se produjo lo peor: la locomotora a pesar de su potencia no llegó al destino esperado. Fue tan grande el peso que arrastraba que otros trenes, más ligeros, y con nada que perder, se alzaron con una victoria esperada y soñada durante años.

Triunfos previsibles

La oposición, que probó las mieles del triunfo, sintió que los clarines estaban tocando a diana para que se inicie la marcha gloriosa hacia el 2015. Compraron piezas de telas azules y se tomaron ya las medidas para los trajes de asumir.

Gerardo Morales, sobre la base de su indiscutible talento y la enorme capacidad de trabajo que despliega las 24 horas de cada día, mas su permanencia en los medios merced a furibundos ataques y denuncias constantes que desata sobre el modelo y sus mentores, lanzó su candidatura una vez mas, sin cerrar la puerta a sus muletos Mario Fiad y Chuli Jorge, ambos de excelente imagen entre los votantes, por si las moscas.

Claro, en la intimidad, los radicales y sus socios socialistas, saben que como están las cosas, así como era altamente probable su triunfo en las elecciones intermedias, sigue siendo altamente improbable que lo repitan en las generales. Tendrán que trabajar sin desmayos, para convencer todavía a muchos jujeños de que los puentes secretos que los unieron en muchas oportunidades al oficialismo gobernante, en realidad no existieron y que las diferencias pueden ser tan importantes como para generar confianza en el cambio del que llenan la boca.

La izquierda más dura, súbitamente renacida, si bien sin alcanzar escaños legislativos, se mostró a si misma que puede capitalizar descontentos y heridos, y que hay un gran porcentaje de gente que está dispuesta al escarmiento si le ofrecen alternativas atrayentes. Así brillaron Luciana Santillán y Gabriela Arroyo, Carlos Aramayo, sobre todo Alejandro Vilca.

Pero, claro, quizá debieran sacudirse el síndrome de la autodestrucción que exhiben históricamente cuando por razones que ni siquiera ellos pueden explicar o entender con claridad, permanecen divididos y subdivididos, negándose a si mismos la posibilidad de un crecimiento sostenido. Hoy, antes que finalice el año, ya dilapidaron mucho del crédito de octubre.

Algo parecido al centro derecha del PRO, que encendió luces altas en las Paso conducidos por Dago Pubzolu, y que en las generales quedó con las luces de posición, sólo como para decir "aquí estamos todavía". Todos tienen por delante dos años de esfuerzo. Los va a ayudar el desgaste de los grandotes del barrio, y una situación socio económica delicada que pondrán cabalgar sin tener culpas de haberla generado.

La dirigente social Milagro Sala, que debutó con una elección brillante -aunque bastante lejos de lo que los tupaqueros de paladar negro esperaban- se instaló en la Legislatura y en concejos deliberantes y comenzó una nueva etapa de la vida de las organizaciones sociales, hoy parte del gobierno, según se dicen ellos mismos, paladines del modelo y del relato K, sin embargo, cada vez con menos argumentos sólidos para mantenerse dentro del esquema.

Totalmente contrapuestos al oficialismo que conducen Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola, los Unidos y Organizados, aparecen hoy como más oposición que los opositores ideológicos del modelo, y hasta ahora, si la gente esperaba de ellos que se asimilen a los métodos y estilos de la democracia, se está llevando un chasco.

Pero recién comienzan, y tal vez con el correr de los meses, puedan sorprender con un trabajo legislativo que disimule el tumultuoso origen piquetero, donde rozaron peligrosamente los bordes de la legalidad.

El resto de los convidados a la vida pública están acaso en proceso de extinción. El partido Lyder de Isolda Calsina y Alejandra Mollón fue prácticamente descartado en este año por la gente, igual que el Frente Primero Jujuy, hoy sin brújula y sin los dirigentes que en algún momento le sacaron todo el jugo que pudieron. Si en un acto de contricción final, no moderan sus rigideces y recurren a volver a la casa peronista que abandonó lleno de rencores y críticas, (y de intereses contrapuestos), es probable que estén escribiendo sus últimos capítulos en la historia provinciana.

Por ahora, de que esté por aparecer algo nuevo, atrayente y distinto en la provincia, no se tienen noticias. Es decir, son buenas noticias para los que están, que corrigiendo errores y escuchando el clamor popular de las urnas y de cada día en la calle, todavía les puede brindar otra oportunidad de permanecer, ser y hasta de realizarse.

Jujuy sindical

Los gremios, la otra pata importante de la vida pública, siguen como siempre. Enfrascados -obligados- a sostener una puja salarial sin final. Ningún gremio ha podido desde hace muchos años, participar de esa vida provinciana con algún aporte superador que genere espacios de discusión, fuentes de trabajo genuinas, o real estabilidad para los propios.

Acosan al Estado y lo obligan cada vez más a funcionar como un seguro de desempleo, cargándolo de empleados, contratados, jornalizados, contratos basura y grandes franjas en gris o negro. Luego, lo aplastan contra la pared cuando al Gobierno se le hace difícil pagar los sueldos, tenerlos por encima (al menos lo menos debajo posible) de la inflación.

Naturalmente no se escucha jamás a un dirigente gremial, exigirle, entre todas las cosas que le exigen al Gobierno, que deje de tomar personal que después -todos saben- no podrá mantener con decoro y dignidad.

Es dura la situación de los dirigentes sindicales y hasta debe ser dolorosa. Porque ellos saben que esto es así, y muchos, de gran experiencia y mucha carrera en la autopista sindical, tienen ideas y proyectos que deberán seguir guardando, siempre esperando tiempos mejores. Otros, francamente alineados en una lucha ideológica, siempre serán irreductibles, previsibles y ya casi clásicos.

Sin ir mas lejos, en estas horas, mientras el principal grupo de gremios del estado busca aportar a la pacificación y al menos disimular por unos días el enfrentamiento subyacente, otros, como el grupo de la Intersindical, totalmente previsibles, declararon un paro que les permitirá pasar una mini feria hasta el año que viene. Lo de miniferia es porque obviamente, le exigirán al estado el no descuento de los días de huelga.

Los trabajadores del sector privado, se rigen totalmente ajustados a aquella máxima que supo esgrimir como puntal de su gestión de gobierno el talentoso y bien recordado gobernador Roberto Rubén Domínguez, cuando dijo "billa metida, billa pagada", refrán que jamás pudo trasladar al sector público.

Las organizaciones de los trabajadores como la CGT, una de las cuales que conduce el empeñoso gastronómico Juan Carlos Martínez, y la otra (Lavalle) Carlos Ordóñez, o las "62 Organizaciones" co conducidas por el histórico Ramón Valerio Luna y Gladys Guevara, lamentablemente han perdido el peso específico que los trabajadores necesitan. Además, todos está mirando al peronismo desde la vereda, cuando supieron ser en los mejores tiempos, nada menos que la columna vertebral.

El panorama, a pesar de los esfuerzos aislados, es desolador, y también todos deberán pensar que el 2014, debería ser usado como el año del regreso triunfal de la unidad monolítica, y de las veinte verdades que todos proclaman y ninguno practica con fervor.

El sector privado

El sector privado de Jujuy, excluyendo a las gigantes y pocas empresas, que mucho se llevan de la provincia y muy poco dejan a cambio (azúcar, cemento, minería, etc.) a excepción del sector tabacalero (verdadero puntal de la economía local), siguió siendo relativamente trascendente.

Afectos a notables ágapes, declaraciones y fotografías importantes, algunos empresarios realizan notables esfuerzos pero siguen siendo estado/dependientes, a pesar de que desde el propio estado se intentó despegarlos y aportarles rampas de lanzamiento para un vuelo propio. Para no caer en el lugar común de comparar el empuje (y el compromiso) empresario local con el de provincianas vecinas, baste sincerar que a los pujantes organizadores de la última Expo Jujuy les costó horrores sostener el éxito de la emblemática muestra, y que la última Expo Rural no alcanzó ni siquiera mínimamente los niveles deseados. Y que la cena de la Industria realizada este año después de oscuros tiempos de desencuentros, sembró generosas expectativas que ojalá se cumplan.

A los cañeros independientes, sector genuinamente jujeño, se les consiguió una declaración de emergencia que les permitirá seguir viviendo en terapia intensiva, y rogando por un año de precios buenos, de clima benigno, y de mejores datos del Ingenio La Esperanza, principal colector de la materia prima que devuelve con maquila y muchos dolores de cabeza. Del turismo y la cultura de la provincia principalísimos y extraordinarios valores intrínsecos al desarrollo la vida de Jujuy, es bueno ponderar que en el sector privado y en algunos casos hasta en soledad, muchos jujeños realizan importantes esfuerzos por sostener y hacer valer lo propio, más allá de las estadísticas y los datos que otros usufructúan a la hora de los balances que les quitan el sueño.

¿Qué hacer?

Se va así, un año difícil. Ni más ni menos que otros, pero con un detalle diferente: el ritmo de los cambios que se avizora, ya no permitirá más que todo lo que siga pasando sea tan previsible e intrascendente como hasta ahora. Quizá lo primero sea el sinceramiento en todos los terrenos, asumir como verdad lo que realmente ocurre. Después ejercer un compromiso cierto con todo lo que necesite Jujuy, desde los más pequeños emprendimientos, hasta una participación activa en las grandes políticas de estado. Los jujeños podemos hacerlo. Podemos reinventar cada día la convivencia y el orgullo de ser y estar aquí. Siempre y cuando, seamos capaces de aceptar lo que piensa el otro y apoyarlo o disentir respetuosamente, y darnos cuenta que persistir en las posiciones cristalizadas fueron experiencias terribles que no debemos repetir, que ganar batallas a lo Pirro, nunca sirvió para nada, y que arrancarle al adversario el 100 por ciento de 0, será siempre cero.

Es simple: sólo llamar a las cosas por su nombre, y aunque sea una frase patentada por otro: que para un jujeño, no haya nada mejor que otro jujeño. ¡Feliz año Nuevo!

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