El congelamiento del precio del gas en boca de pozo desalentó inversiones en el norte.
El rumbo que tomó la política energética nacional en la última década dejó al país sin autoabastecimiento hidrocarburífero y atado a una progresiva dependencia importadora.
Aunque el abandono de inversiones, la pérdida de reservas y el derrumbe productivo se hicieron sentir en todas las cuencas, ninguna terminó más golpeada y descapitalizada que la del norte.
Los yacimientos del departamento San Martín sufrieron la peor caída tanto por su cercanía con los del sur de Bolivia como por la profundidad de sus formaciones geológicas. Esto último hace que las perforaciones sean en el norte salteño mucho más costosas y complejas que en las cuencas menos profundas del sur de Argentina. Por eso, los programas de exploración petrolera tienen en Neuquén, Santa Cruz o Tierra del Fuego menos riesgo para la inversión, ya que con los 100 millones de dólares que cuesta un pozo profundo en Aguaray, Campo Durán o General Mosconi pueden perforarse hasta diez en la Patagonia o Cuyo.
Hoy, con los precios en boca de los pozos apenas ajustados, vuelven a asomar en el norte provincial algunas inversiones en nuevos proyectos, no para poner a los yacimientos en los niveles que perdieron, sino para aminorar las caídas que se acentuaron desde 2009. El derrumbe había empezado a gestarse seis años antes.
En 2003, cuando asumió la presidencia de la Nación, una de las primeras decisiones que tomó Néstor Kirchner fue mantener congelado el valor del gas en pozos argentinos por debajo de su cotización en otros países productores como Bolivia.
Aquella intervención de precios había sido resuelta antes por Eduardo Duhalde para amortiguar los efectos del abrupto fin de la convertibilidad. El remedio, que se suponía transitorio, se convirtió en la base de la política energética que tiene al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, como mentor y ejecutor desde hace poco más de una década.
En estos años, con los precios retenidos, las petroleras abandonaron las exploraciones en las cuencas del país y reorientaron sus inversiones hacia Bolivia, desde donde se vienen importando volúmenes cada vez más grandes de gas. Desde un primer momento los precios pagados a Bolivia fueron cuatro veces más altos que en los pozos de Salta y otras provincias productoras. Si bien en los últimos meses el gobierno nacional habilitó algunas mejoras de precios, los yacimientos norteños siguen cayendo casi en la misma proporción en que crecen las importaciones desde Bolivia.



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