Vilma, la concejal frontal que está convencida de que será intendenta

Inició su militancia política desde muy chica. Fue candidata a la jefatura comunal dos veces. "Llevo la vida como pasando por alto todas las barreras que se me puedan poner en el camino", avisa.
Entró por primera vez en el comité radical a los 14 años, de la mano de su padre. Anoche, más de 30 años después de aquel día, Vilma Rosana Baragiola fue la gran estrella de ese local partidario. Pero los que la conocen saben que no se conformará con el triunfo de ayer. "Yo voy a ser intendenta de Mar del Plata", repite.

Su gran referente político fue Raúl Alfonsín. Con la mirada puesta en él comenzó a militar en los albores de la democracia recuperada. Por eso adhirió desde el principio a la línea Renovación y Cambio y, luego, al Movimiento para la Democracia Social (Modeso), fundada por el ex presidente.

Antes de ocupar cargos legislativos y ejecutivos en representación de la UCR, Vilma recorrió un largo camino. En 1988 ingresó como asesora al bloque de concejales radicales, un año después fue electa delegada seccional electoral de la Juventud Radical de General Pueyrredon y vicepresidente de la Juventud Radical en la quinta sección electoral. Desde entonces, accedió a diversos cargos partidarios, hasta que en diciembre de 1997 hizo su debut como concejal.

El mandato culminó justo cuando empezaba la crisis de 2001, un tiempo en que Vilma dedicó a trabajar en contacto con las organizaciones piqueteras, que surgían a raudales. Era la época en que Mar del Plata lideraba el ranking de la desocupación en el país.

La cuestión social siempre estuvo en su piel, por eso recibió como un premio el llamado del intendente Daniel Katz para asumir en la Dirección de Asuntos de la Comunidad. Su misión era convertirse en el puente del municipio con las asociaciones vecinales de fomento, con las que trabó un vínculo que todavía rinde sus frutos cada vez que pisa un barrio.

Katz le agradeció los servicios prestados con un ascenso: la nombró secretaria de Desarrollo Social. "Sé todo lo que se puede hacer, si se quiere, desde el Ejecutivo municipal. Sobre todo en la cuestión social", se ufana.

Desde ese cargo, en el que se mantuvo entre 2003 y 2005, impulsó políticas para la juventud, para la mujer y, sobre todo, para asistir a las familias carenciadas de Mar del Plata. Cuando dejó la Secretaría ya tenía notorias diferencias políticas con Katz, que empezaba a frecuentar a Néstor Kirchner y a ocultar cada vez más el sello de la UCR. Vilma, tozuda, nunca se separó un milímetro del partido que la vio crecer.

Entonces volvió a la contienda electoral, una carrera que la depositó en la Cámara de Diputados de la Nación. Desde allí trabajó en la ley de obesidad, de la que es coautora y que, entre otras cosas, obliga a las empresas de medicina prepaga y a las obras sociales a costear el tratamiento del sobrepeso, la bulimia y la anorexia.

También apuntaló el registro de condenados por delitos sexuales, una ley que mucho después se terminó de aprobar bajo el impulso de Aníbal Fernández.

Pero ser diputada nacional no la convencía. Estaba acostumbrada a hablar mano a mano con la gente, en el territorio, y quería volver a caminar todos los días las calles de Mar del Plata. Por eso volvió para ser candidata a intendenta en 2007 y, después, para llegar otra vez al Concejo Deliberante en 2009.

Francos, duros, sin contemplaciones. Así son sus discursos cada vez que toma la palabra en el recinto. Hay quienes, por lo bajo, le cuestionan su falta de destreza intelectual. Pero ella delega las sutilizas; va de frente y si tiene que pelear, pelea.

Lo hizo como pocos en los últimos años con un rival que no está detrás de ninguna banca legislativa: la obesidad. "Gran parte de mi vida fui obesa y aún hoy, operada, lo sigo siendo. Soy una obesa en recuperación", confiesa.

Llegó a pesar 215 kilos. Hoy, a los 45 años y con una dieta estricta, araña los 85. De ahí que, aunque no del todo, haya logrado desterrar su histórico apodo: desde hace un tiempo le dicen más "Vilma" que "Gorda".

"La verdad es que no es fácil en esta sociedad vivir con una obesidad mórbida como la que yo tenía. Es una enfermedad que en el país puntea cualquier encuesta de discriminación. Más allá de esto, llevo la vida como pasando por alto todas las barreras que se me puedan poner en el camino", dice.

Para ella, como para la mayoría de los marplatenses, el principal problema de la ciudad es la inseguridad. "Si no tomás la inseguridad como una de las metas a combatir desde el municipio, le complicás la vida a tus vecinos. El municipio tiene gran parte de las herramientas para hacerlo. El intendente puede plantear ante el gobernador y el presidente lo que los marplatenses queremos", sostiene.

En 2011 intentó nuevamente convertirse en intendente, pero Gustavo Pulti la volvió a derrotar como cuatro años antes. Ella no se amilana y está convencida de que, tarde o temprano, va a llegar al sillón principal del palacio municipal.

En pareja hace hace 19 años con Julián Miguez, tiene dos hijos Luna y Matías. Anoche, mientras todos la felicitaban y vivaban, Vilma festejaba también algo mucho más importante que el triunfo electoral: los 15 de Luna. La fiesta se la hará en diciembre.

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