Muchos vicepresidentes fueron argentinos casi anónimos. Otros, colaboraron codo a codo con el presidente de turno. Otros más, fueron acusados de alta traición y aislados en sus despachos. Alguno, como Julio Cobos, alcanzó fama y proyección. En la democracia nacida en 1983, renunciaron tres: Víctor Martínez junto a Alfonsín en la entrega anticipada del poder en 1989, Duhalde para ser gobernador de Buenos Aires en 1991, y ‘Chacho’ Alvarez cuando denunciaba las coimas en el Senado en 2000.
Por estas horas, se consagrará la candidatura del gobernador Mario Das Neves como vicepresidente de la Nación junto a Eduardo Duhalde -candidato a presidente- por el Frente Federal, un conglomerado de partidos políticos liderados por parte del peronismo opositor.
Sin embargo, para Chubut, para la provincia-Estado y para los chubutenses en particular, la posibilidad de llegar a la vicepresidencia de la Nación va mucho más allá incluso de Das Neves. Se trata de un mérito institucional, del reconocimiento de la provincia en el concierto nacional. Significa que el país no se termina en la avenida General Paz, pero tampoco en el río Colorado, ni hay un puente dorado entre la Casa Rosada y algunas tierras selectas. Sólo un puñado de provincias, entre ellas Chubut, no había tenido vicepresidente entre los veintiocho que hubo constitucionales. Y Santa Cruz, que tampoco ha tenido vicepresidente, ha producido dos presidentes, aunque Cristina podría considerarse platense.
Tener un vicepresidente significa una enorme vidriera política, social, y económica. Llegar a esa magistratura provoca que muchos pongan los ojos en la tierra de origen de quien acompaña al presidente en el gobierno y preside el Senado de la Nación.
Es indudable que Das Neves ha acumulado méritos suficientes como para ganarse la candidatura en la fórmula del peronismo opositor. Y que si Duhalde se la ofreció, es porque Chubut es una de las provincias más presentables del país, que muestra a las claras de qué son capaces sus habitantes. Desde ese punto de vista, la candidatura vicepresidencial es un reconocimiento a los chubutenses y un motivo de orgullo.
Tal como está concebida la política hoy, que va de la transversalidad a los acuerdos y alianzas, tras haber dejado atrás ciertos rasgos de partidocracia cerrada, el sistema presidencialista argentino no tiene hoy un «presidente y vice» sino un «presidente más un vicepresidente». El vicepresidente es alguien que se integra a las funciones de gobierno, que participa de las decisiones trascendentales, y que tiene su propio pensamiento y línea política. No es un «escribano» del Senado, sino alguien que suma poder y experiencia, y gestión. Desde ese punto de vista, hubo vicepresidencias que por una razón u otra resultaron trascendentes. En la más reciente, Cobos por sus enfrentamientos al gobierno que integra y su resistencia; Chacho Alvarez por la renuncia que generó el principio del fin de la Alianza, y muchos otros, que con el tiempo se ganaron sus plazas, calles y reconocimiento: Marcos Paz, Adolfo Alsina, Mariano Acosta, Carlos Pellegrini, José Figueroa Alcorta y Victorino de la Plaza han sido vicepresidentes de la Nación. Sus nombres están asociados definitivamente a la historia argentina.
Los hubo cordobeses, bonaerenses, santiagueños, entrerrianos, salteños, santafesinos, mendocinos, y de varias provincias más. Hasta hubo un vicepresidente con nacionalidad española. ¿Por qué no habría de haber un chubutense? Hoy, un comprovinciano, a quien le tocó en suerte conducir los destinos de la provincia desde 2003 a la fecha, comienza su carrera al lado de un presidenciable con chances. Esto también resulta inédito en la política local, porque las posibilidades del candidato son reales.
Más allá de si se llegue o no, el sólo hecho de que Chubut figure en las ligas mayores de la política nacional es trascendente. No son estas palabras arrojadas al viento patagónico. Se trata de darle entidad política, cuerpo, volumen, a lo mucho que son capaces de hacer los habitantes de esta provincia relativamente chica en habitantes, pero que a raíz de su economía, sus comodities, su potencialidad, sus recursos turísticos, sus explotaciones, y especialmente la capacidad de trabajo de su gente, se ha transformado en una de las más importantes del país. Y desde ahora, en referencia política ineludible. El gobernador Das Neves ha logrado ser el vehículo, el instrumento, pero el logro es de todos los chubutenses.




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