Una marejada azotó a la Caja Popular, la Justicia Federal volvió a ser noticia, algunos peronistas cambiaron las leyes de la física... y todavía falta que retorne el gobernador
Francisco Sassi Colombres espera, seguramente, que los vientos demoren el regreso del gobernador, José Alperovich, para entender qué está pasando. En el edificio susurran que no es la primera vez que se comenta que se registró algún inconveniente de sistema que impide comprobar el seguimiento de un crédito.
"Chin" no es un simple hombre de confianza en la gestión alperovichista. Tampoco es sólo el blanco que eligió alguna vez Néstor Kirchner para subrayar sus posiciones políticas. El interventor de la Caja sigue atentamente los juicios de la provincia y cualquier movida que le ocupe al Poder Ejecutivo en el Palacio de los Tribunales. Es casi un fiscal de Estado adjunto -¿titular?- en la provincia. Alperovich no se queda tranquilo hasta que el hombre que él hubiera querido tener en la Corte le levanta el pulgar. Tal vez, ante tanta ocupación y preocupación no ha podido o no ha tenido la posibilidad de atender todo tipo de desaguisado en la Caja Popular, sitio que Alperovich le encomendó para poner en orden. Sassi Colombres prepara varios tirones de oreja en la institución crediticia, pero el primero se lo debería dar a sí mismo ya que -aparentemente- más de una tortuga se le puede escapar.
La Caja se había quedado sin resonancia. Un buen caparazón cubría las relaciones gremiales y directivas así como una segura relación con la ciudadanía no ponía en tela de juicio a esa institución que no hace muchos años fue el centro de más de un escándalo. El terremoto famaillense hizo que volviera hablarse de ella.
En la Justicia Federal, los acontecimientos -esta vez más protocolares y más agradables- también volvieron a las primeras planas.
El principio del fin
Algo terminó y algo comenzó el viernes, cuando Raúl Daniel Bejas juró como juez federal Nº 1 ante una Cámara Federal de Apelaciones, presidida por Ricardo Sanjuan.
Algo comenzó: la etapa de Bejas sin la pesada inestabilidad laboral derivada de su calidad de subrogante. Él ha repetido varias veces que el ejercicio del cargo en propiedad despeja una incertidumbre sobre el futuro. Por algo los jueces son inamovibles: para que puedan fallar de acuerdo con la ley. La situación precaria de Bejas -que se desempeñó como magistrado mientras participaba de concursos para llenar las vacantes- alentaba las suspicacias. Ante una decisión agradable a los intereses del poder que debía nombrarlo, los damnificados decían que Bejas había fallado para salvarse a sí mismo (o aumentar sus posibilidades de ganar el concurso) y no por convicción jurídica. Desaparecida la situación de precariedad, el juez federal Nº 1 -que tanto ha trabajado para que progresen las causas de derechos humanos- dispone de todas las garantías para ser ecuánime, y eliminar las sospechas de parcialidad y corrupción que hicieron mucho daño al edificio de Las Piedras y Congreso.
Algo terminó: un proceso institucional prolongado y desagradable que comenzó con una mera auditoría del Tesoro de la Nación. Gracias a aquel informe, la ciudadanía pudo conocer las sombras de una Justicia Federal cerrada e inaccesible, donde los jueces parecían ser más respetados por miedo que por su autoridad moral. La renuncia del ex juez federal Nº 1, Jorge Parache, en medio de un proceso de destitución en el Consejo de la Magistratura de la Nación, dejó un mensaje a la comunidad: en democracia no existen los magistrados intocables.
Bejas no puede olvidar la historia triste de su Juzgado. Su predecesor tenía orígenes radicales y él viene del peronismo. La política, sin embargo, no puede interponerse sobre el deber de desempeñar la magistratura a conciencia, con rectitud y transparencia. El pasado del Juzgado Federal Nº 1 irá quedando en el olvido en la medida en que las sentencia justas consoliden la democracia y no desvencijen las balanzas.
Unidos por el espanto
Los fantasmas y el miedo que alguna vez fueron inquilinos de los Tribunales Federales ahora, en tiempos electorales, se fueron a la casa de los políticos. Específicamente, a las del grupo de peronistas que no tienen lugar en la corta alfombra de la que tiran los bendecidos Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo, ni en la el poderoso Edmundo Jiménez, ni mucho menos en la del gran amigo Jorge Gassenbauer. Durante esta semana hubo peronistas con raigambre en el PJ que desafiaron las leyes de la física y permitieron que se unan el agua y el aceite.
Enemigos de siempre se encontraron y se sentaron a escucharse mutuamente. Saben que sus acoples, al no pertenecer a la obra social alperovichista, no tendrán la gran billetera, ni los afiches ni ninguna cobertura especial. Ante tanta desigualdad con los de aquel trípode de poder político y electoral, han decidido continuar con sus encuentros a fin de desarrollar una estrategia para combatir a los oficialistas de "paladar negro". En la Capital, ya hizo más de una reunión y sobre la mesa siempre tienen a mano el Manual de Picardías Peronistas para las elecciones. Aquellos que se odiaban han decidido olvidar el pasado para poder tener futuro. Es que la decisión alperovichista de que todos sean distintos, pero que a algunos se los distinga mejor, está levantando demasiada presión en "compañeros" que siempre han tenido trabajo de base.
No será la única sorpresa que recibirá el gobernador cuando regrese de sus vacaciones en Punta Cana. Ya estaría listo para salir del horno el fallo que surgió de la dirigencia del partido sangenista Tres Banderas y que cuestiona la composición de la junta electoral provincial.
De todos modos, en las valijas del avión también vendrían algunas sorpresitas que pergeñó el mandatario. Quien más debería preocuparse es Juan Manzur: en todo este tiempo ministerial no ha podido mantener contento ni al gobernador ni a otros alperovichistas. La sonrisa con la que descienda la senadora Beatriz Alperovich será una señal de si habrá o no cambios en la fórmula. Pareciera que el sol y la playa les hizo entender que necesitan gente de más confianza aún para gobernar el próximo período.







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