Los trenes que serán recuerdo

Los vagones centenarios de la línea A se transformaron en una atracción turística

Tres hombres caminaban por el andén de la estación Plaza de Mayo del subte A. Iban conversando entre ellos mientras sus miradas recorrían todo el lugar. Cada uno llevaba colgada al cuello una máquina de fotos, que disparaban en diferentes ángulos. Eran neozelandeses; no hablaban una sola palabra de español, pero conocían la historia de los vagones que, a mediados de enero, dejarán de circular para dar paso a otros más modernos.

"Sabemos que son trenes muy antiguos, que tienen casi cien años y que en poco tiempo no van a estar más", contó Bruce Stewart, uno de ellos. El grupo estaba entusiasmado, y aseguraban que no hay muchos de estos trenes en el mundo, por lo que querían conocerlos y viajar en ellos.

Daniel Jiménez, de Colombia, sacaba fotos a sus dos amigas cuando iban entrando en el viejo vagón, en la misma estación. "Estaba esperando poder subir a esta línea; sé que son antiguos y que tienen su historia. Vamos a hacer un viaje de turismo en este tren", contó entusiasmado, justo cuando se cerraba la puerta y sonaba la sirena.

Tres estaciones más lejos, dos mujeres posaban: la más joven al lado de la ventana, luego la mayor, cerca de la puerta. "Nosotras vinimos a despedirnos del vagón", contó Cintia Girardi, la más joven, que estaba con su madre. Ellas son de Esquel, Chubut, y vinieron a Buenos Aires de vacaciones. "Tendrían que dejarlos como reliquia", opinó. Su mamá, Miriam Germillac, contó que en su ciudad tienen La Trochita, un antiguo tren a vapor. "Es el único que queda, pero no lo sacaron, lo conservan para hacer paseos turísticos. Con estos vagones deberían hacer lo mismo", afirmó, con un dejo de nostalgia.

En Sáenz Peña, en el fondo de un vagón, un grupo hacía bullicio mientras se encendía el flash. El protagonista de las fotos era Pontus Thorsson, un sueco que vivió en la ciudad hace unos años y volvió estos días a ver a sus amigos. A Pontus le gustan los viejos trenes de la línea A. "Son los vagones originales, ya no hay de éstos. Es muy triste que los saquen", repetía, pasando su mano en el asiento de madera oscura, como acariciándolo.

Marcela Nielsen subió en una de las estaciones junto con su esposo; durante el viaje, intentaba guardar las imágenes en su cámara. "Quiero tener el recuerdo; estos trenes tienen mucha historia, hay que ocuparse de cuidarlos más, mirá cómo están", decía señalando las pintadas que cubren los vidrios. A ella le gustaría que las formaciones siguieran funcionando. "Al menos los fines de semana, como paseo turístico", dijo.

Algunos pasajeros aprovechan el viaje para conversar con los empleados de la línea, que les cuentan la historia de los trenes centenarios. "Todos preguntan, la mayoría quiere saber de cuándo son", explicó uno de ellos, que acababa de despedir a una pareja de extranjeros.

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