Todos en la calle de un presente infinito

Por Beatriz Sarlo

Prácticamente todo el espectro del progresismo estuvo ayer en la calle. Vale la pena empezar por la tarde transcurrida en la Plaza de Mayo, porque hubo allí una representación de continuidad histórica entre las organizaciones de derechos humanos y decenas de agrupaciones políticas y sociales, a las que se agregó, como novedad de último momento, una Juventud Sindical de la CGT que no se había visto antes en manifestaciones de este tipo.

La continuidad de las organizaciones de derechos humanos (con sus fracturas y peleas) hizo posible que los crímenes de la dictadura quedaran abiertos como reclamo de justicia. A diferencia de lo sucedido en otras naciones, los juicios fueron una piedra basal de la transición democrática. Las organizaciones no reconocieron nunca la trascendencia del juicio a las Juntas, porque no incluyó a todos los culpables.

No existe un acuerdo sobre los logros de la democracia en relación con los crímenes de la dictadura. La radicalidad ética del reclamo por "cárcel perpetua y efectiva de por vida a los genocidas" y las palabras de Estela de Carlotto afirmando que "hoy, a 34 años del golpe militar, los cómplices son los mismos que antes, los que defienden el pasado y quieren construir un país para pocos" instalan la cuestión en un fantasmático presente infinito, donde lo alcanzado en la Argentina queda sumergido en la masa de lo que no se ha conseguido. Afortunadamente, Carlotto se equivoca: nadie es el mismo que antes. Los Kirchner, por ejemplo, no son los de los años noventa.

Esto también se vio ayer en la Plaza de Mayo. A las tres de la tarde ya estaba completamente llena. Para quien ha visto muchas "plazas", lo nuevo era el inesperado nucleamiento del grupo Facebook-6,7,8, programa del Canal 7 de impertérrito oficialismo. Se identificaban ruidosamente mientras usaban sus celulares. Llegaron muy temprano, antes de las dos de la tarde. Serían unos mil, cifra no exigua y unánime en su enfrentamiento con los medios. Abundaron las menciones poco elogiosas hacia LA NACION y Clarín .

A las tres, desde los micrófonos se anunció: "Somos cincuenta mil". Poco antes era difícil enterarse de lo que iba a suceder. Nadie en las organizaciones que llegaban sabía con seguridad si leerían un documento, para retirarse luego y no escuchar a Hebe de Bonafini ni presenciar el festival artístico. A los militantes no les interesaba mucho esa cuestión crucial de las diferencias entre las organizaciones. Y los dirigentes de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia, Madres Línea Fundadora, Familiares y Detenidos de Desaparecidos tampoco daban una respuesta segura, mientras la gigantesca bandera azul, con las fotos de los desaparecidos, avanzaba lentamente por la Avenida de Mayo.

Cerca de la 9 de Julio, se estacionaban las organizaciones más decididamente de izquierda, el mundo no K. Tuvieron que negociar y cuerpear un lugar en la Plaza. Después de las cinco hubo incidentes, empujones, golpes. Finalmente el Encuentro Memoria Verdad y Justicia pudo leer su documento y retirarse antes de que empezara el capítulo Bonafini-festival del acto.

Quizás algunas claves puedan encontrarse en el acto de la mañana en el Centro Cultural Haroldo Conti, que se inauguró en el ex Centro de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra Naval de la ESMA, un espacio espectacular, cuya estructura original permanece intacta, pintada de gris plomo.

Allí habló la Presidenta, después de entregar el Premio Azucena Villaflor a tres "padres de Plaza de Mayo" que acompañaron a sus mujeres en la lucha, y al hijo de Eduardo Mignone, fundador del CELS que será recordado por la claridad intelectual, el coraje y el equilibrio. La asistencia era kirchnerismo sin mezcla (hubo, incluso, unos aplausos para De Vido y fervor cuando se anunció al ex presidente). De paso, tomar nota: a algunos de Carta Abierta les irrita que un asistente no cante el Himno Nacional. Cantar el Himno a la fuerza era una humillante imposición durante la dictadura: ¿cómo olvidarlo justo el 24 de marzo?

La Presidenta no hizo un gran discurso. Quien buscaba un "gran relato" no lo escuchó ayer a la mañana. La primera parte se desarrolló bajo el signo del "amor, la vida y la alegría", actitudes que confesó haber aprendido en su relación, tardía, con las Madres y las Abuelas. La segunda parte expuso un pedido a la Justicia: celeridad en los juicios para "dar vuelta la página". No puede haber calidad institucional ni Estado de Derecho si no hay identidad. Se refería, por supuesto, a la fatídica cuestión de la apropiación de niños.

Y, en intensa escalada, un anuncio: si los jueces no dan sentencia, "esta presidenta la va a acompañar el recurso a los tribunales internacionales". La promesa fue hecha a Estela de Carlotto. La sostuvo una referencia a "tantos años de impunidad y poder mediático". El público de la ESMA tradujo con exactitud. Y a la tarde en la Plaza, como un eco, se escuchaba " Clarín , Magnetto, ¿de quiénes son los nietos?".

El día empezó con un acto presidencial frente a los dirigentes de organizaciones de derechos humanos que el Gobierno ha designado como su elite de interlocutores (que excluye, para dar sólo un nombre, al premio Nobel Pérez Esquivel). Y terminó en la Plaza de Mayo con una típica disputa de espacio público, donde partidos de izquierda, grupos sociales y organizaciones diversas volvieron a exponer sus conflictos sobre quién hegemoniza ese campo.

Finalmente, fue de la constelación kirchnerista y de Hebe de Bonafini, esa aliada que nadie previó hace unos años. Bonafini agradeció a Cristina y a Néstor; reivindicó a los hijos cuyas acciones señalaron el camino de la revolución, y, como no faltan elecciones en ese camino, pidió que nadie se equivocara al votar, porque los que quieren el golpe están hoy en los "malditos medios". Bonafini, la eterna opositora, ha encontrado por fin su lugar en el mundo: "Estamos orgullosas de tener el gobierno de una mujer valiente y estoica". Se agitan los carteles. Gran cierre para la Presidenta.

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