Aimé se pasó todo el día diciendo "no renuncié"

Las principales apuestas de Boudou no se concretaron: el DNU para pagar deuda con reservas y el arreglo con los holdouts. Néstor le bajó el pulgar. Derrape de los bonos. En la City lo dan por renunciado.
La última vez que Amado Boudou intentó ver a Néstor Kirchner fue el fin de semana del episodio de la carótida, en el Sanatorio Los Arcos. El encuentro no pudo concretarse. El ex presidente nunca dio el OK para que el ministro ingresara a su habitación. Dos semanas después, Boudou tiene muy presente que la lectura política de ese gesto es que está cada vez más afuera del Gobierno. Él mismo admite entre sus íntimos que, si el decreto de necesidad y urgencia que dio nacimiento al Fondo del Bicentenario cae en desgracia, se va a tener que ir. Justamente, las escasas chances de que el Congreso convalide el DNU de Cristina generaron ayer una ola de rumores sobre la inminente salida del titular de Economía. En este contexto, los bonos se hundieron hasta el 4,5% y las acciones cedieron el 2,1% en promedio. Por primera vez en lo que va del año, el Banco Central se vio obligado a vender reservas para contener el tipo de cambio. En total fueron 100 millones de dólares, aunque también intervinieron el Banco Nación y la ANSES.

El derrape de los títulos de la deuda y la convulsión en el mercado cambiario se deben a que una eventual salida del ministro terminaría por derribar la posibilidad de un canje de la deuda. En la actualidad, esa operación está virtualmente caída porque, de llevarla a cabo, el Gobierno reconocería que los inversores le prestan por encima del 15% anual en dólares. Como el propio Boudou aseguró que nunca se financiaría por encima del 10% anual, es improbable que la Casa Rosada dé el visto bueno al acuerdo con los holdouts.

Kirchner responsabiliza a Boudou de esta traumática demora. Colaboradores del ex presidente dejan trascender que el ministro no midió las consecuencias negativas del Fondo del Bicentenario ni el traspié político y financiero que significó la crisis en el Banco Central, que incluyó el despido de Martín Redrado.

Durante la jornada, Boudou desmintió su renuncia. Lo hizo durante un encuentro con miembros del Consejo Asesor del INDEC, conformado por académicos de las universidades. "Vine para decirles que no renuncio", les aseguró. En declaraciones a la radio de las Madres de Plaza de Mayo fue más allá: "Yo tengo un rol muy importante. Y me gustaría seguir siendo ministro de Economía de este Gobierno".

Lo cierto es que desde que en julio del año pasado Boudou se hizo cargo del Palacio de Hacienda hizo distintas promesas, que se darían de manera escalonada. Primero prometió una renovación del INDEC y luego focalizó su gestión en la paulatina normalización financiera de la Argentina. Ninguna de ellas se cumplió aún. Ni el acuerdo con el Club de París, ni el acercamiento con el Fondo Monetario ni el Fondo del Bicentenario ni el canje de la deuda.

Ayer, mientras los títulos de la deuda argentina sufrían una de las peores caídas del año, a Boudou ya lo daban por alejado en Wall Street. "El ministro ya está renunciado", dijo a la agencia Bloomberg Edwin Gutiérrez, administrador de los fondos Aberdeen Asset Management.

Uno de los principales problemas que tiene el ministro es que los inversores internacionales están "comprados" en bonos de la deuda argentina. Es decir, se jugaron a que el canje saldría en el corto plazo y apostaron a que esos papeles mejorarían de precio. De hecho, en los últimos meses había ocurrido eso. Ahora, el riesgo es que, así como los financistas embolsaron bonos, salgan a rematarlos con la perspectiva de que el trueque no saldrá. El tan temido efecto manada, con el consiguiente derrape de los precios, se vio ayer en los mercados.

Algo ya se sabe: una parte sustancial del arreglo con los holdouts ya no podrá ser: el capítulo por el cual los bancos organizadores traerían 1.000 millones de dólares en efectivo. Es lo que más había interesado a Néstor y Cristina Kirchner. A cambio, el Gobierno les extendería un bono a siete años de plazo. El inconveniente es que, a los precios actuales, Economía debería reconocer que el mercado le preste plata al 15,9% anual en dólares. Un costo inaceptable para Boudou. Si la Argentina ahora emitiera deuda nueva para los acreedores, debería presupuestar nada menos que 400 millones de dólares anuales para pagarles.

El otro riesgo del traspié financiero es que parte de la recuperación económica de los últimos meses vino atada precisamente a la reversión de la fuga de capitales. Es decir, a que el público prefería gastar en lugar de acumular dólares en el colchón. La perspectiva de un próximo arreglo con los holdouts había puesto a varias empresas a indagar posibilidades de financiamiento para la inversión. Entre los inconvenientes locales y la crisis internacional de nuevo en la primera plana, la economía entra de nuevo en zona de incertidumbre. Lo mismo que Boudou.

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