Por: Ricardo Roa.Es para quedarse tranquilo: el Gobierno asegura que no hay ningún "clima enrarecido". Menos mal, porque con lo que ya hay alcanza y sobra.
En Mar del Plata, un grupo de piqueteros K tomó la Municipalidad. Entró con palos y banderas y golpeó a empleados. El municipio está gobernador por Gustavo Pulti, de un partido vecinal.
Peor fue lo de Jujuy. Otra agrupación K atacó a Gerardo Morales, apenas el jefe radical entró al Consejo de Ciencias Económicas donde se iba a debatir sobre el control del Estado. La agresión también estaba planificada: activistas coparon de repente el salón. Son de un movimiento que lidera Milagro Sala, de acceso directo a los Kirchner y financiamiento oficial. No había un solo policía.
Los repudios del Gobierno siempre fueron tardíos. Y en el caso de Jujuy hubo una reacción de solidaridad inmediata, pero no hacia el agredido Morales sino de grupos oficialistas y de izquierda con la agrupación de los agresores.
Todo tan normal como el avión de Aerolíneas Argentinas que llevó al presidente de la empresa y a sus amigos y funcionarios a Montevideo para que vieran el partido de la selección. 49 pasajeros en 140 plazas. Igualito a un vuelo privado, los esperó hasta la madrugada. Un lujo asiático en una empresa estatizada que pierde un millón y medio de dólares por día (Nombran funcionario a uno de los pasajeros del vuelo para ver a la Selección).
Y la cuenta sigue: parecido a lo que hace el poder, Maradona insulta a los periodistas y un séquito K lo aplaude. Es un clima de agresiones y de intolerancia con los que piensan distinto. Violento y bien raro, salvo para el Gobierno.



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