Los empresarios temen que se les vuelva en contra la jugada del Gobierno para frenar las expectativas de inflación planchando los aumentos salariales de 2012.
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio de Mendiguren, dijo ayer a BAE que “todavía nadie está discutiendo salarios” y opinó que “no es bueno hablar de números en este momento”. Fue después de que la Casa Rosada y el Ministerio de Economía transmitieran a un puñado de hombres de negocios que procurarán fijar un tope del 18% a los aumentos salariales del año próximo, tal como adelantó este diario el 9 de septiembre último.
Según todas las fuentes empresariales consultadas, los llamados para sentar a la UIA y a la CGT a negociar límites para la pauta salarial de 2012 surgieron del Gobierno y no de los dirigentes patronales ni sindicales. Los referentes del establishment ven con buenos ojos que el Ejecutivo se involucre en la discusión para moderarla, pero temen que el sindicalismo se ponga a la defensiva y apure reclamos que preveía estirar hasta el año próximo. Especialmente después del desaire que sufrieron los popes gremiales en el armado de las listas legislativas del oficialismo para octubre, y de los incrementos del sueldo mínimo y el tope para cobrar salario familiar, considerados “exiguos” por la CGT y la CTA oficialista.
“Lo que hay que hacer es generar un marco propicio para el entendimiento. Que haya previsibilidad para los trabajadores y para las pymes. Tenemos que evitar que pase como a principios de los '70, cuando Lorenzo Miguel negociaba un techo y después todos querían convertirlo en un piso. Así terminamos con el 'Rodrigazo'”, lanzó De Mendiguren desde la escala en París que hizo ayer el vuelo que lo traía de regreso desde Armenia, donde firmó varios acuerdos para incrementar exportaciones.
El Comité Ejecutivo de la UIA se reunió ayer sin el número uno de la entidad, pero la charla discurrió por temas de la coyuntura más inmediata y no por las paritarias. El vicepresidente Juan Carlos Sacco dedicó todo el día al escándalo desatado por las trabas para el ingreso de libros importados al país, que respaldó como dueño de imprentas. Nadie quiso salir a hacer declaraciones que ofuscaran a Hugo Moyano, reelecto al frente del sindicato de camioneros con más de 70 mil votos.
Los ejecutivos apuestan a que se mantenga el discurso “amigable” del Gobierno hacia ellos que ya elogiaron el banquero Jorge Brito, el sojero Gustavo Grobocopatel, el industrial De Mendiguren y hasta el jefe de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi. Por eso tampoco quieren desairar el llamado de Economía, desde donde insisten con el tope del 18%.
Lo que más preocupa a los empresarios es cómo se resolverá la sucesión en la CGT el año próximo. Con el mandato de Moyano con fecha de vencimiento en junio, ninguno cree que haya otro candidato en condiciones de sucederlo y contener a todos los gremios hoy encolumnados con el camionero. Aunque un sector del Gobierno intentó impulsar al líder de la UOCRA, Gerardo Martínez, en el establishment no consideran que garantice la “paz social” necesaria para un año que promete más turbulencias por la crisis internacional.




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