Hubo gritos, pases de factura y denuncias. Nervioso, el canciller se chicaneó con opositores y sus asesores lo ayudaron a responder preguntas. Pero se fue cuando sin aclarar interrogantes. Los diputados radicales dejaron el recinto porque "ya no hay nadie que dé respuestas" a las preguntas.
Deja vú. Minutos después del mediodía, en una escena que parecía repetida, el canciller Héctor Timerman expuso sus argumentos a favor del acuerdo de entendimiento con Irán. Con un discursos casi calcado al que leyó en el Senado hace varios días, el funcionario K sostuvo que "este memorándum es un documento político que manifiesta la volunta de esclarecer".
Timerman admitió que "a 19 años de ocurrido" el atentado de 1994 contra la AMIA "sus autores permanecen impunes y los familiares de las víctimas siguen esperando la verdad y la justicia".
"Les ruego señores legisladores se coloquen del lado de las víctimas y la Justicia, serán ustedes los que decidan si la causa avanza o sigue paralizada", manifestó.
Chicanas para todos. Aunque la idea era que los diputados interpelen a Timerman, la mayoría dedicó sus minutos a realizar fervorosos discursos en contra el acuerdo con Irán. "Me hubiera gustado que pregunten, para eso estoy acá", los cuestionó el funcionario, que antes de empezar a responder tuvo su primer encontronazo con Patricia Bullrich.
Primero mantuvo una discusión con Ricardo Gil Lavedra de la UCR por un supuesto reactor nuclear que la Argentina vendió a Irán. El Canciller terminó la discusión asegurando que en realidad se trataban de "artículos de grifería", aunque en un documento oficial que filtró el radical podía leerse claramente "reactor nuclear".
Luego se peleó a los gritos con Federico Pinedo, del PRO, cuando deslizó que el memorándum había sido firmado el día del Holocausto. El rictus de Timerman se transformó y desencajado de indignación disparó contra el macrista: "¡Usted me ha ofendido en lo más profundo de mi ser, vergüenza tendría que tener!".
Uno de los momentos más tensos del plenario fue cuando Elisa Carrió recordó la amistad que los unió en el pasado, cuando el ahora funcionario K era un ferviente militante del ARI. "Usted me ha entregado y entregó al pueblo hebreo y al argentino", lo acusó Lilita, sin pelos en la lengua.





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