Se rodeó de funcionarios de carrera y prevé una renovación; malestar en las embajadas
Cada movimiento de Timerman en su cuenta de Twitter y sus apariciones en medios oficialistas están previamente avalados por Cristina Kirchner, mal que les pese a muchos ministros del Gobierno. No son pocos los funcionarios de la Casa Rosada que en reserva maldicen al canciller por tener que pedir perdón ante más de un embajador extranjero por las desventuras de Timerman.
Sin embargo, puertas adentro de la Cancillería el polémico funcionario mantuvo la calma o silenció las críticas. ¿Cómo hizo Timerman para eludir el escándalo o la rebelión interna? La respuesta encierra la esencia misma de la estrategia política de Timerman en el Palacio San Martín, que consistió en amedrentar con temor y seducir con poder.
"El canciller puede escribir desvaríos en Twitter por la mañana y por la noche ascender a un diplomático", dijo a La Nacion un destacado funcionario allegado a Timerman.
Como contrapeso de sus desmesuras, Timerman colocó a funcionarios de carrera en puestos clave. Allí radica buena parte de su sobrevivencia interna. Confió el área política en el vicecanciller, Alberto D'Alotto, y en el subsecretario de política latinoamericana, Diego Tettamanti, que también es "de la Casa", la forma que utilizan los diplomáticos para llamar a la Cancillería. A la vez, Timerman encontró las llaves de la política económica en Luis María Kreckler, un funcionario de carrera que maneja la Secretaría de Relaciones Comerciales de la Cancillería. Y dispuso de otro referente diplomático como Alberto Chiaradia para la embajada de los Estados Unidos.
Para aceptar ciertas concesiones de la Casa Rosada Timerman tuvo que incorporar referentes políticos como subsecretarios que tienen línea directa con el ministro de Planificación, Julio De Vido. Todo tiene su costo. También Timerman debe lidiar con los fantasmas. En los últimos tiempos, por ejemplo, creció fuertemente la figura de Kreckler, que con astucia supo ganarse elogios de la Presidenta en la gira por Medio Oriente y maneja con pragmatismo el 60% de la actividad de la Cancillería: la política comercial.
Otra de las concesiones que hizo Timerman en la Cancillería fue aceptar que embajadas como la de Venezuela queden al arbitrio de De Vido o buena parte del manejo comercial de China esté ahora en manos de la ministra de Industria, Débora Giorgi.
Para eludir tanta crítica interna por su desapego a la diplomacia, el canciller prepara un plan para revalorizar figuras de carrera al aplicar a rajatabla el reglamento de la Cancillería para obligar a jubilarse a los embajadores de 70 años y ascender, así, a los más jóvenes. Se estima que más de 50 diplomáticos quedarán en situación de retiro.
El resto del secreto de Timerman para seguir sin heridas es instalar el miedo y la disciplina del silencio. No son pocos los funcionarios que sólo hablan fuera de sus despachos, eluden los celulares o citan a la prensa en dos o tres bares al mismo tiempo por temor a ser vigilados. Eso genera un fuerte malestar entre los funcionarios, al igual que la falta de nombramientos de embajadores en más de 12 sedes diplomáticas, entre ellas, destinos de peso como Londres, Moscú o Pekín.
También se escuchan voces críticas hacia Timerman por la falta de una política exterior de largo plazo. "El Gobierno no tiene política comercial con China y por esto el año pasado la Argentina bajó en un 91% su exportación de aceite de soja a ese país ", reflexionó ante La Nacion un ex embajador que sigue de cerca esa temática.
El canciller fue muy cuestionado por el manejo del G-20 con fines estrictamente políticos. Pero Timerman se escuda en que ésta es una decisión directa que le concedió la Presidenta a ese espacio.
El conflicto con EE.UU. despertó una nueva ola de cuestionamientos externos e internos por el papel "payasesco" del canciller, según dijeron fuentes diplomáticas. La Nacion pudo saber que las quejas por el maltrato de Timerman a los diplomáticos no sólo provienen de Washington. En una de las comidas mensuales que organizan los embajadores europeos no sólo comentaron entre risas e ironías los tweets del canciller argentino. Hacia los postres llegaron las críticas por la ausencia de códigos diplomáticos y los zigzagueos permanentes del Gobierno en su política exterior.
Pero Timerman no se detiene en ello: cosecha odios y alegrías en la Cancillería y destina buena parte del día a convertirse en protagonista central de la red social Twitter.





Comentá la nota