El STJ trabajó a destajo para llegar a horario antes de que la sesión del Senado se inicie. Cursó dos notas que ni siquiera fueron leídas y menos consideradas por el cuerpo, en cuyo seno la bancada radical tenía ya decidido avanzar contra viento y marea con el llamado Caso Fleitas.
Más allá del contenido de un fallo, siempre opinable, asoma la extrema desprolijidad de las formas en el ámbito del Superior. Un ministro titular fue salteado y una suplente terminó emitiendo el primer voto. Nuevamente la sombra de una nueva mayoría automática, en la que se incluyó el ministro Codello, que se reintegró sugestivamente; y el propio Presidente, al que se le atribuye la manipulación en la circulación de la causa y la digitación en la conformación del Tribunal. Se salteó a uno de los ministros titulares que podría pedir la nulidad del fallo y terminó votando -en primer término- una subrogante que habitualmente sólo ingresa cuando los titulares no coinciden.
Lo de ayer en el Superior pareció pasar todos los límites, encendiendo una luz amarilla en el mundo tribunalicio y político.
Lo que se resolvió pasó a segundo plano. Fue el rechazo de una cautelar pedida por la defensa del ex juez Fleitas que, acordada o no de hecho, no comprometía ni obligaba al Senado cuya responsabilidad es la de actuar dentro del marco de su competencia.
Importa recordar que la cuestión se aceleró -de manera notable- a partir del martes 24 de junio, cuando la Corte Suprema -en el acuerdo ordinario de ministros- tomó nota de que el Superior Tribunal de Corrientes había dejado pasar casi dos años sin resolver una causa en la que el alto Tribunal había fijado pautas a las que debía sujetarse.
Veinticuatro horas después se conformó el Tribunal para resolver la cautelar y el fondo del asunto.
El miércoles -de improviso- lo trajeron al ministro Codello y con ello la integración del Tribunal volvió a fojas cero.
Lo cierto es que -entre gallos y medianoche- se produjo una nueva integración de la cual surgió un fallo que se conoció ayer y que aparece firmado por la doctora Sierra de Desimoni, Juan Carlos Codello y Alejandro Chaín.
La primera reflexión es que nuevamente son tres, con la particularidad de que no aparece uno de los ministros titulares y sí una camarista subrogante; esto es contrariando al propio criterio varias veces expuesto desde el Tribunal, en el sentido de que cuando con la firma de los titulares no se llega al número de tres se convoca a los subrogantes legales; esto es, camaristas.
Ayer, nada de esto sucedió. Al ministro Niz se le hizo "pito catalán" y se dio intervención a la doctora Sierra de Desimoni, que terminó votando en primer término con el agravante de que ella ya había emitido opinión y fijado posición en el ámbito del Consejo de la Magistratura, con lo cual ayer juzgó sobre lo que había preopinado.
Fuentes del Tribunal admitieron la posibilidad de que el ministro Niz no se quede con las manos cruzadas. Al salteárselo se le impuso una capitis diminutio que necesariamente lo obliga, en defensa de su posición institucional, a accionar para preservar su jerarquía funcional avasallada.
Lo cierto es que los vicios que venían del tiempo de Farizano y Rubín ayer volvieron a quedar sobre el tapete.
Guillermo Semhan se vio obligado a inhibirse y, al hacerse cargo Alejando Chaín, lejos estuvo de ordenar una conformación transparente que despeje las sospechas de manipulación y digitación. Votó él mismo, apeló al acompañamiento del reaparecido Codello y dio juego a una subrogante legal en perjuicio de un ministro titular, con la particularidad de que esta subrogante ya había prejuzgado, y se le otorgó -desde su carácter de suplente- la posibilidad de emitir el primer voto.
En los hechos, lo más parecido a un Tribunal "armado" para el juzgamiento de una causa de alto impacto político e institucional en la cual ya había intervenido la Corte que, como en otros casos, terminó revocando las decisiones del Superior Tribunal de Corrientes por arbitrarias.
Fuentes inobjetables aseguraron que la Corte dejaría sin efecto los fallos del Superior en los otros tres casos de jueces destituidos. En todos ellos se habría violado garantías constitucionales que habilitan la intervención de la Corte.
El poner todas estas cuestiones al conocimiento del público lector, abre la posibilidad de un debate elevado y responsable respecto a la necesidad de darle jerarquía y honorabilidad a un Tribunal que vuelve a quedar en el ojo de la tormenta.
De la misma forma como el ministro Semhan se prestó a la requisitoria periodística, bueno sería que los doctores Chaín y Niz den cuenta a la opinión pública de lo que ha pasado en esta sórdida trama que hoy develamos.
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