El recambio de temporada no llegó a los salarios y los efectos de la demora ya se sienten en los locales vacíos que se multiplicaron en toda la ciudad en los últimos meses.
Los aumentos de sueldos negociados hace cerca de un año quedaron claramente desactualizados frente la disparada de los precios que vivió la economía a partir de la devaluación de enero. Entre las víctimas de este desacople sobresalen los restaurantes y las marcas de indumentaria, que enfrentan el desafío de cómo hacer para trasladar a su menú o a la colección de invierno los aumentos de sus costos, incluyendo los alquileres, en un momento de contracción de la demanda y pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de los hogares de clase media que dependen de un sueldo.
El problema de los salarios rezagados no es exclusivo de las tiendas de ropa o el rubro gastronómico. Con algunos matices, todas las categorías de consumo sufrieron el impacto de la combinación de precios nuevos y sueldos viejos y lo único que varía es la magnitud de la caída. Las ventas de autos en marzo sufrieron una baja del 35% y en las motos el descenso llegó al 45 por ciento, pero más preocupante es que en marzo los alimentos y bebidas acumularon el tercer mes consecutivo de caída en las ventas y las únicas categorías que muestran números positivos en los supermercados son aquellas que integran el programa de Precios Cuidados.
En el caso de la indumentaria, además se suman factores propios del sector. El alto grado de protección del que goza la industria textil en la Argentina sumado a las trabas para importar que afectan a toda la economía provocaron una tormenta perfecta para el consumidor.
La Argentina quedó afuera del boom de marcas internacionales de ropa que en los últimos años desembarcaron en las principales ciudades de la región con diferentes estrategias.
Así mientras H&M elige a Santiago de Chile para iniciar su expansión en América del Sur, Forever 21 se inclinó por San Pablo y Bogotá, y GAP optó por Montevideo. Pero lo único que comparten todas las marcas es su aversión a poner una ficha en Buenos Aires, que hasta no hace mucho tiempo era la capital elegida para iniciar cualquier proceso de crecimiento en América del Sur.
Como era esperable, la falta de competencia internacional se tradujo en una suba de los precios locales y aún tomando la cotización del dólar paralelo o el dólar tarjeta -en ambos casos por encima de los diez pesos- salir de shopping en Miami, Nueva York o Madrid continúa siendo más barato que hacerlo en Buenos Aires.
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