La obra que inicialmente iba a costar 150 millones ya escaló a los 300 millones. Denuncias de sobreprecios, despidos por decreto y organizaciones sociales que repudian su construcción. El Puerto de la Música, la futurista construcción de Niemeyer que impulsa Hermes Binner para Rosario, encubre la sospecha de un acuerdo con Julio de Vido.
Fue el propio Binner, quien informó oficialmente que incluyó en el presupuesto 2011 girado a la Legislatura provincial la suma de 60 millones de pesos para la primera etapa de las obras en el puerto de Rosario. Sin embargo, lo que algunos definen como “un Picasso colgando del Paraná”, para otros, es un negociado envuelto en el prestigio de Niemeyer.
Según el legislador provincial peronista Marcelo Gastaldi, en 2008 se había acordado que el gasto que implicaba la operación –150 millones de pesos– sería financiado por Terminal Puerto Rosario (TPR). Pero ahora, el Enapro habría firmado un acta en la que aprueba convenios para que el gobierno provincial se haga cargo de ese monto, lo que alienta las versiones de un acuerdo por debajo de la mesa de Binner con el poderoso ministro de Planificación, Julio de Vido.
También denuncia Gastaldi que los costos de la obra ya ascienden a 300 millones de pesos, cifra que crispa a diversas organizaciones sociales como Rosario Barce-Lona, cuando los últimos datos indican que la ciudad, enmarcada en la zona denominada Gran Rosario, registra un índice de pobreza, desocupación y subocupación que llega al 12, 2 por ciento y es el promedio más alto de todo el país.
“A quién se le ocurre meter una sala de conciertos donde deben operar barcos”, se preguntan con ironía.
Como sea, Gastaldi no se qud´ó en declaraciones y se presentó en la Dirección Provincial de Anticorrupción y Transparencia del Sector Público para hacer uso del decreto de derecho de acceso a la información firmado oportunamente por el gobernador Hermes Binner. “Se oculta el verdadero monto de la obra, hay una decisión de poner el Puerto de la Música en el único espacio operativo que tiene el puerto y eso genera un traslado que solo para reacomodar el terreno cuesta unos 150 millones de pesos, aparte de los 150 millones de la obra”, le precisó a La Política Online.
“Hay una acta compromiso firmada en 2008 por Ángel Elías –presidente del Ente Administrador del Puerto de Rosario (Enapro)– con Guillermo Zalazar Boero– por entonces presidente de Terminal Puerto Rosario– donde determinan que el puerto asumirá los costos y los gastos para la reubicación y ahora, nos encontramos con que un nuevo acuerdo fue rubricado pero, curiosamente, el gasto de la mudanza es asumido por la provincia de Santa Fe”, continuó detallando a LPO.
El cuestionado ente, autorizó a la Provincia el pedido de cambio de uso del predio (en la zona de Pellegrini y Belgrano) donde hoy funciona el principal muelle de cargas generales y, como compensación al puerto por sacarle un muelle, le construirá otro, más al sur, de 350 metros. Esa inversión pública que deberá prever la movilización de familias que viven precariamente en esa zona será para usufructo de Terminal Puerto Rosario (TPR) que es la concesionaria que tenía el muelle desafectado para la obra cultural.
Disociados
“Hay una disociación entre lo que pasaba hace dos años y lo que pasa hoy. Antes la inversión la hacía un privado y hoy Ángel Elías y Binner dicen que la inversión la hace el gobierno provincial”, insistió el diputado.
Tran abrupto fue el giro dado por Binner en esta materia, que fue necesario remover –con escándalo- a Pablo Ferrés, ex titular del Enapro, expulsado de su cargo por un decreto del gobernador. La polémica estalló luego que Ferrés señalara en declaraciones públicas la inviabilidad del faraónico proyecto, en línea con las dudas que la idea le genera a Vías Navegables de la Nación. Sin embargo, desde el gobierno de Binner afirmaron que esa polémica ya está saldada “de palabra” con el Ministerio de Planificación que conduce De Vido.
Hábil, ante la polémica desatada, Binner impulsó la creación de una “Fundación Puerto de la Música” (ver recuadro) para que apoye la iniciativa desde la “sociedad civil”. Pero el debate no está saldado, y como se sabe, Picasso no gusta a todos los paladares, pero algo es seguro: barato no es.


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