Con su sistema electoral en crisis, Corrientes necesita modernizarse

Con su sistema electoral en crisis, Corrientes necesita modernizarse

Persiste un sistema de votación antiguo. No sólo hace lento el escrutinio, sino que se presta a irregularidades.

La clase dirigencial correntina en sus distintas expresiones debe asumir como política de Estado la necesidad de que el progresismo llegue a sus instituciones democráticas, siendo cada vez mayor la cantidad de provincias que han avanzado en sistemas transparentes que evitan la distorsión de la voluntad popular.

En la Capital Federal, por caso, antes de las 21 ya estaba concluido, sin reclamos de ningún sector político, el escrutinio provisorio. Córdoba, Santa Fe, Salta, Chaco y muchas provincias más se han sumado, mientras que en Brasil desde hace muchos años el voto electrónico es una realidad.

En Corrientes, una asignatura pendiente donde la mayor responsabilidad pasa por el propio Gobierno, lo que no exime que los demás sectores impulsen sistemas acordes a los tiempos.Las elecciones en Corrientes tuvieron un claro ganador, pero también un protagonista cada vez más indeseable para los electores: el sistema de votación con una superpoblación de boletas que mareó hasta al más versado en los cuartos oscuros de toda la provincia.

El escrutinio provisorio demoró un lapso lógico para la gran cantidad de papeles que hubo que contar al cierre de los comicios, pero lo cierto es que la situación volvió a prestarse para todo tipo de maniobras destinadas a torcer la voluntad popular.

Con lo ocurrido en Córdoba, donde se utilizó la boleta única, y en la ciudad de Buenos Aires, distrito en el que debutó la boleta electrónica sin mayores inconvenientes, se vuelve palpable la necesidad de modernizar el sistema electoral de Corrientes.

A escala provincial los cuartos oscuros estuvieron atiborrados con nada menos que 38 boletas de distintos partidos, alianzas y colectoras que funcionan gracias a diversos resquicios legales por los cuales se mantienen con vida sellos partidarios que hace muchos años no logran el respaldo popular.

En estas elecciones volvieron a verse boletas de la UCeDe, Kolina y el Partido Federal (por citar a tres listas de las menos votadas). Son marcas partidarias de otros tiempos que se prestan al diseño de estrambóticas ingenierías electorales para dar cabida a una multiplicidad de candidatos.

De esa forma se pagan acuerdos políticos, se acuerda con un premio consuelo a quien no pudo entrar a la lista principal y lo más atractivo: un mismo frente electoral cosecha votos por derecha, por izquierda y por cualquier esquina ideológica en una transversalidad fáctica que engorda el caldo de las fuerzas políticas tradicionales y sus líderes.

Otra razón por la cual Corrientes se resiste a cambiar su sistema electoral es la vocación frentista de sus partidos mayoritarios. Tanto la UCR como el PJ encabezan alianzas electorales con una decena de fuerzas políticas cada uno y la posibilidad de presentar distintas boletas con idénticas nóminas de candidatos sirve para controlar el caudal electoral de cada aliado. Si un partido equis logró menos votos propios que los esperados, menor participación en el poder tendrá en número de bancas legislativas, ministerios, subsecretarías y demás cargos públicos.

Lo grave es que el papel tiene contras desde el punto de vista de la transparencia. Persiste la práctica del voto cadena y además numerosas personas humildes son obligadas a poner una boleta entregada previamente por el puntero de turno, como también perdura como si fuera una hazaña deportiva el robo de boletas o el canje del voto por dinero o mercaderías.

Basta que un militante de un partido rival (incluso del mismo frente electoral) ingrese al cuarto oscuro con algún abrigo para que, en un abrir y cerrar de ojos, se guarde entre sus ropas todas las boletas de los partidos políticos a los que intenta perjudicar.

Si los fiscales no descubren a tiempo la maniobra, los electores que ingresen a posteriori generalmente terminan votando por otra lista al no encontrar la papeleta que inicialmente buscaban. Esto muchas veces no tiene impacto en el resultado final de una alianza, pero corroe seriamente el potencial de una fuerza partidaria en el plano interno, ya que cosecha menos votos propios y en el comparativo final pierde frente a un aliado cuyos punteros fueron más eficaces en la "desaparición" de boletas.

Incluso desde el punto de vista de la ecología, emplear tanto papel para un acto electoral resulta una práctica impropia para los tiempos que corren, ya que no sólo se utilizan las boletas para la jornada de votación, sino para el panfleteo previo, por lo que se calcula que se imprime entre 15 y 20 veces más de las necesarias, hasta alcanzar cifras varias veces millonarias.

Como si esto fuera poco, los inconvenientes crónicos de la apertura de mesas propios de la demora de los presidentes se ven acrecentados por la engorrosa tarea de acomodar las papeletas de forma que todas se pueden individualizar y ninguna tape a otra. El propio gobernador Ricardo Colombi tuvo que comerse un plantón de 50 minutos en Mercedes hasta que pudo votar.

Tampoco hay que dejar pasar un detalle demográfico no menor: cada vez hay más empadronados y por ende más mesas habilitadas, con lo cual aumenta la demanda de espacios físicos para instalar cuartos oscuros.

En una escuela de la Capital correntina, el domingo último, este cuadro crítico se evidenció escatológicamente cuando un presidente de mesa y sus fiscales decidieron instalar el cuarto oscuro en un baño. En tren de broma, se dice que los votos emitidos en esa urna podían reconocerse por el aroma.

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