El electo diputado nacional por el PRO que encabezó el listado de Mauricio Macri, dialogó en exclusiva con Diario El Zonda sobre la visión política que sustenta. Remarcó que se vienen tiempos de construcción y que ahora sólo quedan resabios del pasado.
¿Cómo se maneja el centralismo porteño cuando hay una combinación de poder con lo económico?
Se maneja con la ley y la Constitución que no respetamos. Las diferentes autonomías tienen mecanismos de compensación y de regulación de acuerdo a nuestra Constitución. No las cumplimos porque modificamos nuestra Constitución en 1994 y no la reglamentamos. Los impuestos no los repartimos. El gobierno nacional en el último tiempo fue adquirido por la representación del voto único y popular por representantes de las provincias, que se olvidan del resto del país una vez que cruzan la General Paz. Este no es un mal endémico porteño, si recuerdan su pago de origen pero el resto de las provincia no. Aún siendo coprovincianos, someten a las diferentes provincias a que peregrinen de rodillas a Buenos Aires a que les devuelvan los vueltos que son propia y soberanamente de sus recursos.
¿Se ha fortalecido la dependencia nacional con las provincias?
No se ha potenciado, se transparentó. Esto oscuro se hizo transparente. Nosotros tenemos muy claro que los que estamos preocupados no por el partido que gobierno sino por el sistema que gobierna podemos diferenciar lo que son proyectos de poder por más cosmética que se le ponga para ser un proyecto popular y particular. Son demagogias que se usan desde los gobiernos populistas para dominar.
¿No cree que los ismos sean complicados?
Pasa por una concepción argumental entre lo popular y el populismo. Esto hace que la democracia se convierta en demagogia. La concepción en nuestros padres fundadores estaba muy alejado de lo que es en este momento. En nombre de lo popular hacen populismos y los que nos lleva a un punto medio de no abusar de estos términos es con el uso de la ley. El tema es que la dominación se revierte con cultura y con educación.
¿Cómo se revierte esto ya que en algunos casos prefieren vivir del subsidio que de trabajar?
Lo que plantea de un ciclo largo de la Argentina que de 200 años tiene al menos 100 perdidos lo podemos reducir a los últimos 10. Creo que la crisis de 2002 planteaba los planes trabajar como una cuestión sensata y necesaria, cuando están en una emergencia. Pero luego transformar esto en una política de estado donde el plan trabajar se transforma en un plan descansar, en no honrar la palabra, el sacrificio, el esfuerzo. Si empresas a alimentar tóxicamente una visión de la vida de que todo es un derecho adquirido, que la manera no es trabajando sino reclamando.
¿Cómo se lleva con el entorno pues usted viene de una confesión religiosa importante y está en tanta cosa oscura?
Eso es parte del desafío de lo que tenemos que enfrentar. Todos aquellos que con el batir de las cacerolas de manera catártica gritaban “que se vayan todos”, nos dimos cuenta que no se van sino que también no es la solución. Tenes que meterte y conglomerar y que a las políticas se cambian con más políticas, no con menos. Tiene que cambiar la conciencia cívica que implica llegar al poder legítimamente pero no para abusar de el y servirse, sino para usarlo de una herramienta de servicios para el bien común. Pero se está haciendo un cambio de la vida privada a la pública y hay referentes que están aprendiendo a meterse. Hoy nosotros desechamos los malos ejemplos que los grandes países no tienen y desde ese lugar mi aporte tienen que verlo de modo que no sea el último. Por ser un referente ideológico yo planteé la necesidad de a que meterme, en términos heroicos, sino en términos testimoniales, que es lo que tendríamos que hacer los que estamos. Uno de nosotros que se metiera porque asume una responsabilidad.
Con la actual visión globalizante, ¿no cree que se hayan hibridado las banderas?
Esto lo tomo como un síntoma, esa forma de hacer política y esas banderas están transitando el final de lo que no va a ser. Es cierto que aún no apareció lo nuevo. Más allá de mi inclusión al PRO, de decidido proclamarme peronista, porque entiendo dos cosas. Cuando veo a los peronistas que dicen ser periodistas tenes tiempo de hacerlo. Sino lo asumimos cuenta lo vamos a encornar ni a trasladar. El problema es que nuestros hijos lo que viene es la síntesis. No es discutir como hablamos periodistas y digitales, tiene que ver con la onda de nuestros padres, de nuestro cielo. Lo que se va corriendo es anticipatorio de lo que va a venir y foto es aprender algo bueno.
¿Le llamó la atención Del Sel en Santa Fe?
Creo que existe una sinergia compleja, como las relaciones políticas que se pueden convertir en votos no son lineales. Es un indicador interesante de que la gente este buscando nuevas referencias. Esto lo capitalizó el PRO. Del Sel en el Peronismo Federal, el Pro iba a conseguir en su propio un alcance y eso es bueno porque alguien que lo representa es del palo. No es bueno. Las referencias de lo social siempre están presentes pero no se tradujo en las elecciones de los diputados, intendentes y concejales linealmente.
¿Qué papel juega la oposición?
Creo que fue haciendo un camino al cual hay que reclamarle cosas no logradas. Tiene deudas pendientes con las expectativas de la gente. Desde la trampa mortal de junio de 2009. Cuando te adelantan una elección del mes de octubre al mes de junio te hacen votar de manera precipitada, lo que no correspondía por el calendario y al mismo tiempo te hacen prometer cosas como si fuera una elección ejecutiva y luego te llevan puesto porque los ganaron perdieron y los que perdieron ganaron porque en ese tiempo te hicieron pasar todo tipo de leyes. La Argentina pierde calidad institucional cuando la oposición no logra ser oposición.
¿El proyecto PRO es un proyecto nacional?
Es un proyecto que no logra atravesar su punto de cocción para llegar al 2011 con un candidato. Pero tenemos iniciado un proyecto para el 2015 y la componente federal es la que demos fortalecer. Un proyecto nacional no se piensa desde Buenos Aires, se lo hace desde las provincias, que puedan incluir a Buenos Aires a pesar de que nunca quiso ser república.


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