Scioli: entre el sillón presidencial o irse a su casa

Scioli: entre el sillón presidencial o irse a su casa

Quedan menos de 500 días para que Cristina Fernández cumpla su mandato constitucional y el kirchnerismo deje de existir, y la situación del gobernador Daniel Scioli, que sueña con ponerse la banda presidencial, es cada vez más compleja y complicada.

La semana pasada, el mandatario provincial decidió plegarse sin ningún tipo de cuestionamientos a la locura emprendida por la administración K de llevar nuevamente a la Argentina al default. Lo hizo pese a que semanas antes sus principales asesores económicos, Miguel Bein y Mario Blejer, habían declarado públicamente que era indispensable llegar a un acuerdo con los fondos buitres para evitar los efectos devastadores de una cesación de pagos para la ya endeble economía de nuestro país. 

A esto se le suma que el kirchnerismo no quiere, en ninguna de sus variantes, que Scioli sea el sucesor de Cristina. Por ello, diariamente, le pone  piedras en el camino, le tiran zancadillas e impulsan otras candidaturas para hacerle sombra. Es más, la posibilidad de que esta interna se termine dirimiendo en  las PASO el año que viene también le puede resultar contraproducente a Scioli ya que competir dentro de un mismo espacio político con otros postulantes que responden a la Casa Rosada llevará a que las listas que finalmente compitan en octubre del año que viene estén repletas de candidatos K.

Cabe preguntarse entonces: ¿qué significa “la continuidad con cambios” que se ha propuesto Scioli como lema de campaña? Ya de por sí el slogan tiene una importante dosis de contradicción, y gran parte del electorado ha demostrado en los comicios del año pasado que no acepta grises. La enorme mayoría de la ciudadanía le ha dado la espalda al kirchnerismo. Y hasta se estima que, en los comicios del año próximo, el oficialismo perderá muchos votos dentro de la propia masa clientelar, es decir, de las personas que viven gracias a los planes sociales del Estado que se financian con los impuestos que pagamos todos los ciudadanos.

Ocurre que la inflación ha dinamitado el poder adquisitivo de los sectores populares, a los que la asignación universal por hijo o los subsidios de los planes asistenciales se les termina escurriendo como agua entre los dedos. Por ende, ellos también tienen un malestar creciente ante la crisis económica y la imposibilidad de poder acceder a un trabajo digno en momentos en que muchas empresas se están desprendiendo, masivamente, de una parte importante de su personal.

Hasta el momento, Scioli es el principal candidato para imponerse en las PASO del oficialismo. Pero el principal interrogante es qué ocurrirá en octubre de 2015, en los comicios generales. Es muy probable que, por primera vez en la historia argentina, termine habiendo balotaje. Eso significará que haya una polarización bien marcada, por la que la enorme mayoría de los siete de cada diez argentinos que ya le dijeron basta al kirchnerismo se inclinen en las urnas por el candidato que le garantice ser una verdadera opción de cambio. 

 

 Más de lo mismo

Durante el fin de semana, el gobernador estuvo en la villa 21-24, en Barracas, haciendo campaña, hablando loas de la administración k, cuando la existencia misma de ese asentamiento, en donde miles de compatriotas viven en condiciones infrahumanas, es la muestra clara y contundente de que la última década nada tuvo de ganada.

Buscar obtener rédito político en una zona donde una gran parte de los habitantes viven del asistencialismo del Estado y del clientelismo político que no hace más que condenar al pobre a seguir siendo pobre o más pobre, muestra que Scioli es “más de lo mismo”.

A su vez, existen grandes interrogantes acerca de que ocurrirá con el sciolismo, en Buenos Aires, después de 2015. La historia de nuestro país demuestra que ninguna gestión presidencial puede sostenerse sin tener un importante plafón en la principal provincia del país, donde está concentrada casi la mitad de la población del territorio nacional. 

Hasta el momento, Scioli no tiene ningún candidato natural a sucederlo. Solamente, han reconocido tener ciertas aspiraciones el titular del Grupo Bapro, Santiago Montoya, y algunas fuentes mencionan al jefe del Gabinete, Alberto Pérez. Otros, en cambio, quieren reflotar una posible postulación de Karina Rabolini, la primera dama bonaerense. Todas estas variantes están en pañales y tienen los condicionamientos propios del proyecto sciolista.

Ante este panorama, el gobernador bonaerense se encuentra ante el mayor de-safío de su vida política: pegar un giro de 180 grados y ponerse en la vereda de enfrente del universo K para intentar obtener el premio mayor y colocarse la banda presidencial,  o directamente acogerse a los beneficios de una jubilación.

El retiro le permitirá tener mucho tiempo libre para poder disfrutar de los recitales de Pimpinela y de los picaditos en Villa La Ñata. Claro que, al no poder saborear las mieles del poder, difícilmente tenga tantas facilidades para seguir marcando goles para el equipo de remera naranja.

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