Voceros del Gobernador negaron que la policía provincial esté detrás de los ataques a gendarmes en Lanús con el fin de proteger negocios sucios. “La Bonaerense y la Gendarmería hace diez años que están trabajando juntas en la provincia de Buenos Aires. No existe ningún tipo de celo profesional”, aseguraron fuentes de la gobernación.
Desde el gobierno bonaerense de Daniel Scioli descartaron la posibilidad de que la policía Bonaerense esté detrás del ataque a cuatro gendarmes en Lanús con el objetivo de proteger negocios sucios y entorpecer la llegada de más efectivos de Gendarmería al Conurbano, tal como sospechan desde el Ministerio de Seguridad de la Nación, que conduce Nilda Garré.
"La policía bonaerense y la Gendarmería hace diez años que están trabajando juntas en la provincia de Buenos Aires. No existe ningún tipo de celo profesional. Sus tareas están bien definidas. La fuerza provincial diagrama y se encarga de brindar seguridad, la fuerza nacional está en la calle para disuadir con su presencia a los posibles delincuentes", dijo a La Nación un vocero del gobernador Scioli.
Como publicó el matutino en su edición de ayer, fuentes del ministerio que conduce Nilda Garré habían deslizado una dura acusación: que policías bonaerenses estarían detrás del ataque a los cuatro gendarmes heridos al ser baleados a distancia en Lanús, la semana pasada, cuando custodiaban un predio donde se construirá una planta de tratamiento de efluentes cloacales.
Según esas sospechas, el hecho habría sido perpetrado con el fin de demostrar el descontento policial con la llegada de las fuerzas federales a territorio provincial. Esa hipótesis fue desechada ayer por funcionarios de Scioli. Aunque es reafirmada en el Ministerio de Seguridad nacional.
Ayer, en off the record, encumbrados jefes policiales se mostraban molestos por el manto de sospecha impuesto desde el Ministerio de Seguridad nacional y aseguraron que detrás de la especulación hay un fin político. "Creo que hay que hacer una lectura entre líneas y ahí veremos que desprestigiar a la policía bonaerense es desprestigiar la imagen positiva del gobernador Scioli", comentó un superintendente de la fuerza de seguridad provincial.
Ese jefe policial aseguró que luego de los asesinatos de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, el 26 de junio de 2002, las cosas cambiaron radicalmente en la fuerza provincial. "El policía de ahora está mucho más cerca del vecino. Este año hemos realizado 250 desalojos y en ninguno ocurrió nada ni se vivieron escenas como las del parque Indoamericano.
Con la Gendarmería las cosas siempre han estado bien. Eso sí, los únicos que entramos en las villas de a dos somos nosotros", comentó. Un vocero de Scioli comentó que "si hubiera habido una verdadera sospecha o una leve certeza de algún complot de la bonaerense, la ministra Garré lo hubiera planteado en la reunión que la semana pasada mantuvo con el ministro de Justicia y Seguridad provincial, Ricardo Casal, y con el jefe de la policía, Juan Carlos Paggi".
Fue luego de esa reunión entre las autoridades nacionales y bonaerenses cuando surgió el convencimiento en el Ministerio de Seguridad nacional sobre la presencia de policías detrás del ataque el martes pasado en Lanús. Después de conversar con los gendarmes heridos, Garré llegó a la conclusión de que la agresión había sido un mensaje mafioso ante el lanzamiento del llamado Operativo Centinela.
El martes pasado, mientras custodiaban un predio judicializado de la Asociación de Curtidores de Buenos Aires, personal de Gendarmería fue alcanzado en los miembros inferiores por una andanada de disparos. El ataque partió desde varias posiciones de un asentamiento de Villa Diamante, lindero con el terreno protegido. Los tiradores evidenciaron precisión en el uso de armas de calibre 9 mm.
Fue al día siguiente del lanzamiento del Operativo Centinela. Estaba previsto que el 1° de enero tomaran posiciones en distintos puntos del conurbano, pero el ataque adelantó su despliegue.



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