Schiaretti y Giacomino: igualados en el comienzo y separados por el futuro

Schiaretti y Giacomino: igualados en el comienzo y separados por el futuro
Hoy comienza la cuenta regresiva del último año de gestión de Juan Schiaretti y de Daniel Giacomino. Muchos factores los emparentaron en el origen. Son el gobernador y el intendente de Córdoba que desde el arranque mejor se han llevado a partir de la reinstitucionalización del país.
También los dos comenzaron a gobernar en un contexto complejo, hacia fuera y hacia adentro de sus fuerzas políticas. Pero el presente y futuro político de ambos no pueden ser más distintos.

Giacomino se enroló entusiasta en el ejército de Cristina, aunque jamás la Presidenta le pidió tamaña exigencia (en su momento, tampoco el exigente Néstor Kirchner). Hizo una lectura correcta sobre tributos posibles para su soldado en la principal provincia sojera del país. Igual, el intendente quiso tocar forte cuando había que tocar piano.

Quizás entendía -hay que buscarle alguna explicación- que el tono del entusiasmo de su adhesión iba a ser proporcional en términos de reciprocidad. Nada más alejado de la realidad. En estos tres años, la ayuda a Giacomino ha llegado muy en cuentagotas, como no sea lo que todavía es una promesa: el megaemprendimiento del subterráneo.

En las antípodas de esta ingenuidad, el gobernador trazó una estrategia de zigzag con el gobierno nacional, al que no lo unían precisamente relaciones carnales. Actuó como un político profesional, calculando cada cambio de paso, y los resultados -más allá de claras circunstancias aleatorias, obviamente- están a la vista junto con encuestas de aceptación de la gestión del 65% o más, incluso.

Sin enrolamiento alguno, Schiaretti recibió este año de la Nación el crucial desendeudamiento (refinanciación de deuda) que ha desahogado fuertes las finanzas provinciales, sin contar que con los aportes de Anses se sacó de encima, para este año y para el que le queda, ese agujero negro que es el déficit de la Caja de Jubilaciones.

Schiaretti y Giacomino tenían y tienen aún en el 10 de diciembre de 2011 una fecha limitante decisiva: por haber sido los dos vice de sus predecesores no pueden ser reelectos. Este destino común con una luz de stop al término de sus mandatos es otra de las muchas coincidencias que tienen.

Sin embargo, el 10 de diciembre próximo parece haberse transformado en una barrera infranqueable para el intendente, como no sea alguna designación que llegue desde la Nación. Es cierto, Giacomino le ha pedido a la Justicia Electoral que le diga si puede o no aspirar a la reelección. Pero su eventual candidatura para repetir -también se habla de un intento en la Provincia- está más que nada ordenada a restarle algunos votos a su hoy archienemigo y ayer socio político, Luis Juez.

En cambio, el 10 de diciembre de 2011 es para Schiaretti una fecha con promesas impensadas hace tres años atrás, cuando Juez, sus corifeos y su nunca probada denuncia de fraude intentaron minarle la gobernabilidad. Se escuchan muchos pronósticos sobre su futuro. El más empinado es acompañar a Cristina Fernández en la fórmula presidencial.

No falta mucho tiempo para que se devele el futuro inmediato. Si no median circunstancias extraordinarias -este país es pródigo en ellas- lo que por ahora son presentimientos se podrán convertir en certezas.

Se tendrá otra oportunidad, entonces, de comprobar si en política los premios y los castigos son consecuencias de los dichos y los hechos. Faltan todavía diez meses o menos para estos tests electorales. En Argentina no es poco tiempo. Tampoco es mucho. Menos para quienes ya tienen en su expediente, para bien o para mal, el sello de “cosa juzgada”.

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