París le abrió la puerta de Europa a Libia en 2007 y firmó acuerdos comerciales por 10 mil millones de euros. El hijo de Kadafi jura que financiaron la campaña de Sarkozy.P
El presidente francés Nicolas Sarkozy sabe a la perfección cómo dar una pirueta política con éxito. Luego de recibir con honores y toda la pompa a Muamar Kadafi en el Palacio del Eliseo en 2007, se colocó ayer a la cabeza de la ofensiva militar contra Libia que, según sus palabras, busca “proteger a la población civil de la locura homicida de un régimen que, al asesinar a su propio pueblo, perdió toda legitimidad”. Aunque Francia atacó a las fuerzas libias por mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el jefe de Estado galo se colocó audazmente al frente de la ofensiva militar, ordenando que veinte aviones cazas sobrevolaran el país y que el portaaviones Charles de Gaulle, buque insignia de su armada, partiera raudamente de Toulon rumbo a las costas del norte de Africa.
Sin embargo, hace tan sólo tres años, el dictador libio era un socio de negocios amado por París, que le permitía instalarse durante seis días con su tradicional jaima –la carpa beduina que acompaña a Kadafi en cada gira por el exterior– en las inmediaciones de la sede de gobierno. Por ese entonces, los puentes de la capital francesa eran bloqueados por las autoridades para que el líder libio paseara por el Sena, camuflado con sus excéntricos anteojos de sol. En ese viaje, Sarkozy le abrió las puertas de Europa a Kadafi, tras firmar acuerdos comerciales por más de 10 mil millones de euros, entre ellos contratos que garantizaban el suministro de aviones Airbus, armas y centrales nucleares. Además, el gobierno francés se aseguró mediante esa alianza la provisión de crudo libio, al punto de llegar a importar el 10%
de la exportación petrolera de ese país.
Pero el amor entre Trípoli y París no era eterno y se rompió esta semana, cuando Francia impulsó la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad y envió a sus militares a rescatar a los rebeldes libios del asedio de Bengasi. Enfurecido, Saif al Islam Kadafi, el hijo mayor del dictador, disparó contra el jefe de Estado europeo y ventiló las intimidades de la alianza con Sarkozy. “Lo primero que le pido a ese payaso es que devuelva el dinero a los libios. Le dimos esa ayuda para que actuara a favor de nuestro pueblo, pero nos decepcionó”, aseguró esta semana en una entrevista concedida a Euronews, en la que denunció que su padre financió la campaña electoral del presidente francés en 2007. El joven Kadafi fue aun más allá y aseguró que tiene en su poder “todas las cuentas bancarias, los documentos y los movimientos de las transferencias” que supuestamente se realizaron desde Trípoli. “Revelaremos todo muy pronto”, amenazó, al tiempo que su padre declaraba que Sarkozy se había “vuelto loco” al aprobar el ataque militar contra Libia.
Dispuesto a romper su millonaria alianza con Trípoli, Sarkozy fue el primer dirigente en reconocer al gobierno rebelde y pedir una intervención militar internacional. Con ese propósito, recibió ayer en el Palacio del Elíseo a la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton; a la canciller alemana, Angela Merkel, al primer ministro británico, David Cameron; al premier italiano, Silvio Berlusconi, y al secretario general de la ONU, Ban Ki Moon. Aunque la Unión Africana se ausentó de la cumbre que definió el ataque militar, el gobierno francés anunció que las operaciones internacionales en Libia seguirán adelante hasta que Kadafi acate el alto el fuego. Y, garantizando que Francia no actuará sola en las incursiones aéreas, el canciller galo, Alain Juppé, aseguró que “los estadounidenses participarán plenamente en las operaciones” en Libia.
Tras el insignificante papel que Francia desempeñó en las crisis de Túnez y Egipto, Sarkozy decidió jugar fuerte en la revolución libia. Y, con la necesidad de continuar comprando petróleo,
le bajó el pulgar a Kadafi, un “amigo” incómodo para París. C’est la vie.




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