Rousseff pidió confianza en Brasil y hoy cena con Obama

Apremiada por el deterioro económico en su país y acuciada por denuncias de corrupción en su gobierno, la presidenta brasileña Dilma Rousseff viajó hoy a Estados Unidos con dos grandes objetivos: reanudar el diálogo político con el gigante del norte y atraer inversiones a Brasil.

En el plano político, la sola visita de Rousseff a Washington marca un hito en las relaciones entre ambos países, congeladas desde 2013 a partir de las denuncias de que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) espió a la mandataria y sus asesores. Las revelaciones llevaron a Rousseff a cancelar en septiembre de aquel año una visita de Estado en la que el presidente Barack Obama la recibiría con los máximos honores.

En esta oportunidad, ambos mandatarios pasarán página en una cena que compartirán hoy en la Casa Blanca y una reunión de trabajo que celebrarán mañana por la mañana.

Rousseff cumplirá además una nutrida agenda, que ayer la llevó a Nueva York, donde recibió a 25 empresarios brasileños con inversiones de gran porte en Estados Unidos, entre ellos representantes de la petroquímica Braskem, los frigoríficos JBS y Marfrig, y otras grandes firmas como las siderúrgicas Gerdau y Usiminas, la tecnológica Stefanini, la gigante del etanol Cosan y el productor de celulosa Suzano.

Unos 470 ejecutivos y representantes de grandes empresas, bancos y gestores de recursos de Wall Street se inscribieron para participar del seminario sobre el plan de concesiones en infraestructura, que la presidenta Dilma Rousseff clausurará hoy, antes de partir hacia Washington.

El ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Armando Monteiro, reiteró ayer las palabras de la presidenta sobre la garantía de “confianza” que Brasil puede dar a los inversores.

“El mensaje es: confianza en Brasil”, dijo el ministro Monteiro, quien describió como “grandes” los atractivos para extranjeros que ofrece Brasil, pese a las “dificultades coyunturales”.

Además de las opciones en proyectos disponibles, en aeropuertos, puertos, carreteras y vías fé- rreas, Monteiro recordó que “los activos en Brasil están baratos y los proyectos, también”, debido a la depreciación del real ante el dólar.

“Brasil tiene respeto por los contratos, puede mejorar el ambiente regulatorio, claro que aún puede, pero Brasil tiene una institucionalidad, creo que es un país que interesa mucho a los inversores”.

La dimensión de la comitiva que acompañan a Rousseff da cuenta de la importancia de la cita: según el diario Folha de Sao Paulo, integran la delegación brasileña cerca de diez ministros, entre ellos el titular de Hacienda, Joaquim Levy, y unos 80 empresarios.

Se espera que Obama y Rousseff anuncien acuerdos concretos en especial en el área de comercio, un tema que, según los expertos, interesa especialmente a la mandataria para reactivar la economía de Brasil y superar el escándalo de corrupción en la estatal Petrobras.

EE.UU., por su parte, quiere satisfacer el “interés sustancial de la comunidad empresarial estadounidense en Brasil” de mejorar las condiciones de comercio e inversión, según el asesor adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes.

Actualmente, Estados Unidos y Brasil “intercambian 100.000 millones de dólares anuales en comercio, el doble que hace diez años”, y Washington cree que “se puede duplicar de nuevo” esa relación comercial “durante la pró- xima década”, afirmó a periodistas otro funcionario de la Casa Blanca, Mark Feierstein.

“En esta visita se darán pasos que nos llevarán en esa dirección”, añadió Feierstein, que ocupa el cargo de director para Latinoamérica en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

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