La puja entre el intendente Carlos Arroyo y la gobernadora María Eugenia Vidal llegó a su clímax en las últimas horas del sábado de cierre de listas, cuando en medio de un cuadro gripal y dando órdenes desde la cama, el jefe comunal le indicó a su hijo Guillermo que se retirase de la mesa de negociaciones. Nada más quedaba por hacer. Lo que tanto temía el reducido pero feroz grupo arroyista era una realidad: la gobernadora había hecho su jugada y lo había traicionado.
Tan sólo 24 horas antes, en la noche del viernes, Arroyo había reunido a su tropa y les había asegurado que “todo estaba acordado”. Tal y como lo había pedido, desde la gobernación le prometieron el segundo y el cuarto lugar de la lista. Allí pensaba ubicar a Mauricio Loria, su yerno y funcionario municipal, y a Manuel Tonto, delegado de Batán, respectivamente. El primer lugar quedaba para la secretaria municipal Vilma Baragiola, elegida a dedo por Vidal.
Sobre la noche del mismo sábado, minutos antes de presentar oficialmente la lista, se conoció la verdad. Su yerno fue eliminado del segundo lugar, que quedó en manos de Guillermo Volponi, un PRO puro que cuenta con el respaldo del ministerio de Interior de la Nación, el tercer lugar fue para Angélica González por pedido explícito de Elisa Carrió; el cuarto para un hombre de Maximiliano Abad; y el quinto para Cristina Coria, una concejal radical cercana a Baragiola que buscará renovar su mandato. Recién en el lejano, poco elegible y tímido sexto lugar quedó su yerno Mauricio Loria. Manuel Tonto directamente quedó afuera de la lista. Un mensaje claro y directo de la gobernadora a Carlos Arroyo: no lo quieren dentro de Cambiemos.
Las razones de María Eugenia Vidal para rechazar al intendente de Mar del Plata son variadas. Desde las polémicas expresiones pro-dictadura, hasta las ridículas aseveraciones de que la ciudad que comanda, la de mayor nivel de desempleo del país, es “la ciudad luz de Latinoamérica”, Carlos Arroyo ha sido, desde el primer momento, uno de los puntos débiles de la alianza entre PRO y UCR en el territorio bonaerense. La gestión hace agua por todos lados, especialmente en seguridad, higiene y empleo. El impactante suicidio del jubilado en la sede de ANSES de Mar del Plata y las reacciones que provocó en la sociedad argentina en general y en la marplatense en particular, es una muestra más del estado de abandono en el que se encuentra una parte de la población, que quizá sea descartada del sistema liberal por ser la menos rentable.
Luego de digerir el duro golpe asestado por la gobernadora, el arroyismo comenzó a mover sus piezas en busca de una venganza política que, fiel a la personalidad de su líder, promete ser brusca y poco estratégica. En las primeras horas del lunes se reunió con su secretaria de Desarrollo Social, y ahora adversaria política, Vilma Baragiola, y le exigió la renuncia. Según testigos, a la reunión no faltaron los gritos y las amenazas de un Arroyo muy dolido. Ella aceptó irse y devolvió la amenaza, asegurando que se llevará consigo a todos los radicales. Al salir de la reunión, el jefe comunal le ordenó a los suyos que se pongan a las órdenes de su hijo Guillermo, y que comiencen los primeros pasos para desarmar a Cambiemos en Mar del Plata, una fuerza política que tiene las horas contadas.








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