Romero Junior: Con el “burro” a cuestas

Romero Junior: Con el “burro” a cuestas

Romero ofreció a su hijo Juan Esteban como candidato nacional del massismo. Está preocupado por los fueros

SALTA.- A un mes de las elecciones que cerraron por cuatro años cualquier chance de acumular más poder, el Senador nacional y ex Gobernador, Juan Carlos Romero, carga sobre sus hombros la difícil tarea de no sólo asegurar impunidad para sí mismo, sino también para su familia. En especial para su heredero, a quien la Justicia ya tiene en la mira por su participación en las numerosas maniobras de corrupción imputadas a su padre.

La contundente derrota electoral, seguida de un consabido desangre de militantes, no generó en Juan Carlos Romero, figura principal de lo que queda de esta corriente política, tanta preocupación como lo hizo el reciente fallo que ordenó embargar su mansión en Castellanos.

Es que la resolución, de apenas poco más de dos fojas y firmada por un joven juez, descripto por el romerismo como un "novato”, Diego Rodríguez Pipìno, representa un mensaje mucho más profundo, el cual Romero reconoció inmediatamente. El atrevimiento, no sólo se trata de una osadía pasajera y aislada, sino es una señal del "despertar” judicial de más de 30 años de sometimiento.

En tanto, se conoció que uno de los jueces, en quien el romerismo confiaba, iba a fallar a su favor, pero en realidad lo hizo en su contra al rechazar los planteos de nulidad y recusación a la Fiscal de Delitos Económicos Complejos, Mónica Poma, con lo cual la causa penal que ésta funcionaria persigue en contra de Romero por el delito de enriquecimiento ilícito podría reactivarse.

El juez de Impugnación, Pablo Arancibia, allanó el camino para que la fiscalía de Delitos Económicos avance con la causa penal en contra de Romero, quien ya sufrió uno de los embates más evidentes cuando se ordenó el embargo de su mansión.

"Si hoy nos embargan, mañana vendrán por más”. Romero sabe que esto puede suceder, por lo que inició un penoso derrotero en busca de asilo para su anillo más íntimo: su familia directa, sobre todo para su heredero, Juan Esteban.

La tarea no se presenta sencilla para el legislador, quien apenas puede asegurar su propia impunidad. Y no por una ingeniería de su hechura personal, sino por ósmosis, pues, si el oficialismo en el Senado de la Nación decide desaforarlo deberá que hacer lo mismo con el vicepresidente, Amado Boudou.

Es así que con sus fueros pendiendo de un hilo, Romero sabe que debe hacer todo lo posible por pasar lo más desapercibido en el Senado de la Nación, donde sus aliados se desgranan poco a poco frente al nuevo escenario pre electoral.

Una derrota abrumadora

 

Un triunfo en la elecciones generales o, al menos, un papel más digno, habría permitido a Romero otro margen para negociar algo, sin embargo, esa posibilidad desapareció cuando el 17 de mayo pasado, el gobernador Juan Manuel Urtubey consolidó de su triunfo con más de 20 puntos de diferencia sobre el romerismo.

Además, se encuentra temeroso de revivir los mismos estertores que su padre Roberto Romero (f), quien sufrió tras perder las elecciones a gobernador en el año 1991, cuando se presentó con el ex juez Antonio Solá Torino, como compañero de fórmula.

En aquella ocasión, don Roberto vio cómo uno a uno sus aliados lo dejaron solo tras la derrota electoral ante el capitán de navío, Roberto Augusto Ulloa. Entre algunos de esos militantes, curiosamente, se hallaban dirigentes que en hasta mayo pasado también acompañaron a su hijo en una derrota muy similar.

Antes de esperar a que el romerismo se desgrane y desaparezca, su exponente más exitoso salió a enfrentar una dura cruzada por mantener el poco poder político cosechado: un total de 14 intendentes, entre ellos el de municipio de la capital, a quien Romero vigila día y noche para evitar que no se cruce al urtubeycismo, algo que muchos creen es cuestión de tiempo.

Para consolidar este grupo, Romero organiza asados y encuentros en busca de mantener su liderazgo, pues sabe que es lo único que tiene no sólo como espacio de poder sino como elemento para negociar en vista a las elecciones nacionales, en la cual Romero tiene especial atención.

Sus catorce jinetes

 

En busca de obtener apoyo de peso, Romero viajó junto a sus catorce jinetes comunales rumbo a Buenos Aires, donde presentó su humilde ofrenda al alicaído candidato del Frente Renovador, el Diputado nacional y presidenciable Sergio Massa, de quien Romero esperaba su venia para colocar a su hijo Juan Esteban como el candidato principal del massimo en la categoría de Diputado nacional.

La propuesta ni siquiera fue analizada por Massa, quien viene en picada en las encuestas preelectorales. Macri, socio en algunos negocios y ex aliado político, también rechazó a Romero y su hijo, por lo que el ex gobernador regresó de la Capital Federal con el rabo entre las piernas.

Para catapultar a su hijo como un nuevo integrante en el Congreso de la Nación, Romero ni siquiera cuenta con un partido propio. Los más cercanos en esas condiciones son el Diputado nacional Guillermo Durand Cornejo y el flamante intendente Gustavo Saenz, quienes hasta el momento no se mostraron muy entusiasmados en prestar la chapa para un candidato que, según afirman, cosechará menos votos que su padre.

Este, casualmente, es el otro inconveniente de Romero: la total ausencia de experiencia, carisma y popularidad de su hijo, quien en la última campaña jugó a ser "Máximo”, pues tuvo a su cargo el manejo del dinero. "El decidía a quién y cuánto se pagaba”, aseguran los militantes, que tuvieron que presentar infinitas justificaciones para cada gasto.

Lo cierto es que Juan Esteban apenas cuenta con unos cuantos votos, muy similar a la cantidad de amigos con los que suele reunirse en el Café Los Teucos, donde este joven delfín frecuenta en busca de pescar algún chisme que lo ayude a entender la política local.

Aunque en otras épocas, a este joven le bastaría simplemente su apellido para asegurarse el primer lugar en las listas, hoy el peso de su descendencia está por el piso y no es ninguna garantía de triunfo, por lo que su padre se ve de figurillas para poder posicionar su vástago.

La candidatura de su hijo como diputado nacional es, hoy por hoy, una necesidad de la familia del ex gobernador, pues su padre y su madre, la más horrorizada, saben que muy pronto comenzarán a llegar a la mansión de Castellanos las citaciones judiciales para que el muchacho se presente a prestar declaración indagatoria en varias de las causas penales por delito de corrupción que se siguen en contra de su papá.

Hasta el momento, la defensa del ex gobernador, a cargo de Oscar Pedro Guillén, se las supo ingeniar para evadir el cerco judicial, sobre todo basándose en los fueros de su cliente. Situación que no se repite con su hijo, quien podría no sólo ser imputado, sino ser conducido por la policía y hasta existe el riesgo de que quede detenido en la Alcaldía Judicial, una escena que no dejaría dormir a su escandalosa madre.

Así las cosas, Romero deambula con el hijo a cuestas, como el cuento del anciano, el niño y el burro, aunque el ex gobernador no busca contentar al pueblo, sino más bien anda detrás del mejor postor, lo suficiente como para asegurarle a su hijo los mismos fueros que hoy le permiten estar lejos del alcance del largo brazo de la Ley de la Justicia.

La escena, por cierto, nunca había sido imaginada, tanto por los propios romeristas y mucho menos por los analistas políticos locales, quienes no salen de su asombro ante la peripecias que el ex gobernador enfrenta por estas horas.

Atrás quedaron aquellos años de "bonanza", en que Romero solía someter a distintas caprichos y prendas a los dirigentes que llegaban a sus puertas en busca de algún lugar en la lista de candidatos, la cual Romero se jactaba de manejar a su antojo.

Hoy, en cambio, nada de eso se repite, pues ahora el mango de la sartén se encuentra en otras manos, ante las cuales Romero no tiene ninguna chance de obtener nada, sino una mirada de reojo.

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