Martín DinataleUna mezcla de sobreactuación política y de oportunismo histórico parecieron rodear las duras expresiones que Cristina Kirchner le dirigió a Gran Bretaña en su nueva embestida por el eterno reclamo de la soberanía de las islas Malvinas.
Nadie dudó ayer, ni en el oficialismo ni en la oposición, de que las palabras del primer ministro británico, David Cameron , que instó a poner "punto final" al pedido argentino por las Malvinas fueron, cuanto menos, irrritantes.
Hay algunas razones de la diplomacia que explicarían semejante dureza británica. En la Cancillería evalúan que los dichos de Cameron fueron una respuesta directa a la molestia que sintió Londres en los últimos tiempos por el apoyo que le dio la administración de Barack Obama a la Argentina en la OEA, en el momento de firmar un nuevo reclamo por la soberanía de las Malvinas. Cameron, aseguran en la Casa Rosada, no esperaba semejante desplante de sus históricos socios. Si ello fuera cierto, no se justificaría tampoco el exabrupto de Cameron, que mantiene buenas relaciones con Washington y donde la Argentina no incide un ápice en ese vínculo.
En el Gobierno creen que hay más factores que sustentan el enojo de Cameron. Entre ellos, la visita del secretario de la ONU , Ban Ki-moon, que recibió hace pocos días en Buenos Aires el reclamo por las Malvinas, que la semana próxima analizará el Comité de Descolonización de ese organismo, sumado a la presión de las petroleras y de los isleños.
Cualesquiera que fueren los motivos de Cameron, está claro que la Presidenta no dejó pasar esta nueva oportunidad histórica para tensar una vez más la relación con Londres. Desde el primer día en que Cameron asumió como primer ministro la Presidenta libró una dura pulseada con el líder conservador y no dio resquicio alguno para la instancia del diálogo que ella misma reclama. Tampoco lo hizo Londres con los ejercicios militares en el Atlántico Sur y la explotación petrolera.
La frase de la Presidenta, que aludió a Cameron y a su "burda potencia colonial en decadencia", sorprendió en la embajada británica. Por el momento, no hubo una respuesta oficial a la Cancillería y nadie descarta que la haya. Pero Cameron ya habló de poner "punto final" al conflicto.
Estas dos palabras del primer ministro británico le sirvieron a Cristina Kirchner para sobreactuar su respuesta. En la Casa Rosada aseguran que la dureza hacia Cameron estuvo avalada por el voto que recibió la Argentina de los Estados Unidos en la OEA, de la visita de Ban Ki-moon y de la decisión del isleño James Peck de hacerse ciudadano argentino.
También es cierto que con la escalada verbal hacia Londres la Presidenta buscó tapar el escándalo de Schoklender y de las denuncias de corrupción en el Inadi, de impacto negativo para su campaña.
Malvinas es más atractivo para el electorado. No fue casual que Cristina Kirchner respondiera a Londres desde un acto proselitista en Misiones y que hilara en su discurso el "punto final" de Cameron con los derechos humanos y con el reclamo por la soberanía de las Malvinas. Los dichos de Cameron le dieron el pie a la Presidenta. Pero nadie puede adivinar si la sobreactuación alcanzará para sacar de foco la otra realidad.




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