El pedido de industriales hilanderos al secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, en busca de garantizar la compra de fibra a precios competitivos, activó la posibilidad de aplicar barreras a la exportación y precios sugeridos para el algodón, situación que puso en pie de alerta a los eslabones inferiores de la cadena textil, la mayoría localizados en la provincia que lidera el ranking nacional de producción: el Chaco.
Ante lo que aún suena como posibilidad, la esperanza local está puesta en la gestión que pudiera realizar el propio gobernador Jorge Capitanich para convencer a las autoridades nacionales de las consecuencias negativas que esa intervención en el mercado tendría para el sector productivo chaqueño, empujando hacia abajo la intención de siembra para la próxima campaña textil. “Es la reiteración de una táctica de la industria hilandera nacional que, cada vez que siente un apretón de zapatos, en lugar de sentarnos en una mesa común con el sector primario y el desmote, recurren a los pasillos oficiales para que les solucionen el problema”, interpretó Juan Carlos Núñez, presidente de la Asociación de Desmotadores Argentinos, al dar cuenta de una situación ya conocida en el país. Con un tono que pone en evidencia la molestia del sector, Núñez repasó ampliamente en declaraciones a Radio Universidad las consecuencias negativas que tendría una intervención del siempre polémico secretario Moreno en el mercado algodonero. Es que aquella suerte de burbuja de precios que elevó hasta 3.500 dólares en marzo la tonelada de algodón en bruto hoy parece tan lejana como la posibilidad de hacer comprender a las autoridades nacionales el impacto negativo que tendría la colocación de barreras a la exportación y precios sugeridos, medidas que perjudicarían a los primeros eslabones de la cadena textil. La cuestión, que parece compleja, es bastante lógica: si se hacen efectivas, las medidas que aparentemente estudian en el área de Comercio Interior podrían impedir las operaciones de exportación de fibra de algodón, aun sabiendo con certeza que la industria nacional no absorberá toda la producción y habrá sobrantes de exportación. Pérdida de clientes “Todos estos rumores de alteraciones de una normativa vigente que permite el abastecimiento local y la exportación de los saldos por campaña tendrán como primer efecto negativo el retiro de los compradores del exterior”, sostuvo el dirigente. Alertó al respecto que podrían perderse los negocios con las grandes empresas compradoras de la fibra argentina que perciben importes a futuro a cuenta de las operaciones que concretarán en cada campaña. Por otra parte, Núñez se preguntó de qué manera se instrumentaría el supuesto “precio” para asegurar la provisión de fibra en el mercado interno. “¿Los hilanderos van a poner la diferencia?”, planteó. Así también dijo que serán los productores y desmotadores los que deberán guardar en sus predios la mercadería para cuando las industrias lo requieran. “Ya hemos vivido esto y fue uno de los factores por los cuales cayó por el piso la economía regional algodonera”, enfatizó. El reacomodamiento “Los precios, desde Semana Santa, vinieron bajando a tal punto que hoy una buena fibra de carácter industrial se está comercializando entre 2,20 y 2,30 dólares el kilo”, trazó desde General Pinedo el líder de los desmotadores argentinos. Los valores de ahora nada tienen que ver con aquellos excepcionales que entusiasmaron a todos y que superaron los 4.000 pesos por tonelada de algodón en bruto. “Eso fue el reflejo de cómo se comercializaba la fibra. Pero el tiempo nos dio la razón”, remarcó el dirigente. De esta manera recordó las advertencias de los desmotadores a las autoridades provinciales sobre el reacomodamiento del mercado a medida que ingresara algodón en bruto a las desmotadoras y, en consecuencia, la producción de fibra. Impacto negativo Para Núñez, si el lobby de las hilanderías prospera a nivel nacional, la próxima campaña algodonera puede aparecer con un área mucho menor de siembra, contradiciendo las previsiones oficiales del gobierno de un crecimiento progresivo de la superficie implantada con el textil. Con estas condiciones, “no habrá una siembra masiva de algodón porque la estructura de producción cambió”, enfatizó. De esta manera, mencionó que los grandes grupos agropecuarios que en esta campaña sembraron 40 mil hectáreas de algodón en la zona limítrofe entre Chaco y Santiago del Estero, ante un mercado poco rentable y precios deprimidos, apostarán el próximo año a la soja. ¿Plan de gobierno? En ese contexto, el dirigente que representa a un eslabón sensible de la cadena algodonera consideró “difícil de comprender” cómo si la producción algodonera forma parte de “un programa de gobierno” anunciado por el propio gobernador Jorge Capitanich, no hay una más decidida acción en defensa de los productores locales. De esta manera, planteó dudas sobre las “buenas intenciones” del gobierno de sostener los niveles productivos de esta campaña. “Si hay una buena intención, por qué no nos juntamos el fin de semana y firmamos un acuerdo para vender la fibra de esta campaña a 2,57 dólares como decía el borrador de trabajo”, enfatizó Núñez.


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