Dos remedios muy diferentes para el mismo flagelo

Por: Fernando Gonzalez

En la vida de las personas y en la historia de los países hay dos caminos para enfrentar las adversidades. Reconocer los problemas y enfrentarlos. O simplemente negarlos, y esperar que estallen en nuestras caras.

La sociedad sabe que la inflación en la Argentina es alta. El Gobierno asegura que no supera el 10% al año pero nadie lo cree. Las consultoras privadas calculan que este año estará entre el 20 y el 30%. Y los gremios de todo el país basan sus reclamos salariales de acuerdo a estas cifras.

Ayer, Cristina Kirchner dijo en un acto público que “no hay inflación sino dispersión en los precios”, una curiosa figura literaria que ya había utilizado el ministro de Economía, Amado Boudou, para explicar que la inflación podría ser más baja si la gente se dedicara a caminar para encontrar precios más bajos. Una solución geográfica en vez de una solución económica.

Por eso resulta ilustrativo contrastar la decisión que la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, tomó allá el mismo día en que Cristina negó el flagelo inflacionario aquí. Cortó 30.000 millones de dólares de gastos en subsidios y estímulos fiscales para reducir una inflación que en Brasil no supera el 6%. Dos remedios diferentes para la misma enfermedad. Nuestra historia de errores le deja muy poco margen al optimismo.

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