Felipe de Borbón tomó una decisión estratégica cuando llegó al trono de España: iba a reinar como si tuviera que ganar elecciones. Llenó la corte de expertos en comunicación, encarga sondeos semanales sobre su figura, contrató una empresa que audita lo que se dice de él en medios y redes sociales y adaptó su programa a las demandas de la calle.
El crédito de la corona estaba agotado a costa de los escándalos de su padre, Juan Carlos I, y de la sombra de corrupción que cubría a su familia. Un año después, la monarquía reflota. Felipe VI celebró el viernes su aniversario con un récord de aprobación social y sin el clamor republicano que crecía en las horas previas a su asunción.
El repunte en la popularidad de la monarquía se replica en Holanda y Bélgica, los otros países europeos que renovaron el trono en los últimos años. Ante realidades políticas muy disímiles, aplican recetas similares: reyes más mundanos, prudentes en sus gestos, menos reacios a transparentar sus gastos.
Modernizarse o perderlo todo es la consigna para los tres soberanos más jóvenes de Europa. Relajan el protocolo, se entrenan para mejorar sus dotes de comunicación y buscan conectar con sectores de la población antes excluidos de la agenda palaciega.
"La supervivencia de una institución como la monarquía en la sociedad europea de hoy depende de la ejemplaridad y la funcionalidad. Los reyes tienen que demostrar que son útiles. Están obligados a adaptarse, a aceptar la transparencia, a rendir cuentas y a ejercer como árbitros válidos en caso de conflictos", sostuvo Javier Tajadura, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco y experto en temas de la monarquía.
En su opinión, el primer año de Felipe VI en España respondió con éxito a esas premisas: "La corona goza de buena salud porque el rey supo ser funcional, tomó medidas correctas y se paró por encima de la crisis política, económica y territorial que atraviesa el país".
El 81% de los españoles aprueba el desempeño del rey, según una encuesta de Metroscopia publicada anteayer en El País; un récord incluso si se lo compara con la mejor época de su padre. La consultora Sigma Dos acota que el 61,5% respalda la monarquía. En vísperas de la abdicación de Juan Carlos I sus sondeos habían registrado que por primera vez eran mayoría los que rechazaban la forma de Estado establecida en la Constitución de 1978.
Felipe VI, de 47 años, acumuló capital a golpe de cautela. Se permite mostrarse como un hombre común -suele dejarse ver en el cine, sin custodios cerca, junto a su esposa, la reina Letizia- y abrió el palacio a grupos que no tenían contacto con la corona -activistas por los derechos de los homosexuales, ecologistas, microemprendedores-.
Incorporó la condena a la corrupción en su discurso cotidiano. Tuvo el gesto más fuerte de su reinado hace una semana cuando le retiró a su hermana Cristina el título de duquesa de Palma, como sanción por el fraude con dinero público por el que está procesada.
Aunque hay gastos que permanecen ocultos, la Casa Real publica ahora en la web sus presupuestos anuales, los contratos que se firman y los sueldos. Rige además un nuevo código de conducta que impide a los miembros de la familia del rey hacer negocios privados.
"El vuelco que ha dado la valoración de los españoles sobre la monarquía ha superado las expectativas más optimistas -indicó el periodista y escritor Fermín Urbiola, experto en casas reales-. La clave ha sido que ofreció señales inequívocas de cambio, acordes con el código de valores que reclama la sociedad española."
Urbiola destacó que existe una línea común en los procesos de modernización de las monarquías europeas, "como consecuencia de su constante interés por identificarse con los valores de la sociedad en que viven". El caso de Bélgica guarda algún paralelismo con España. El rey Felipe I asumió hace casi dos años tras la amarga abdicación de su padre, Alberto II, desgastado por una lista de escándalos que incluyó la denuncia judicial que presentó contra él una supuesta hija ilegítima.
El sucesor, de 55 años, se aplicó en aggiornar la corona y combatir la imagen de hombre gris que lo precedía. Una reciente encuesta del canal de televisión VTM reveló que el 69,1% de los belgas tiene confianza en Felipe, diez puntos sobre el momento de la coronación.
"Hizo un esfuerzo por arbitrar en las divisiones de flamencos y valones. Logró disipar dudas sobre su capacidad para reinar, mejoró su comunicación y supo rodearse de funcionarios que ejecutaron un plan de modernización bastante exitoso", dijo Robin Vissenaekens, periodista belga especializada en la realeza.
En Holanda, Guillermo Alejandro cumplió dos años en el trono que le cedió su madre, la reina Beatriz. Aunque su situación era menos apremiante -juró en medio de una fiesta popular-, se empeñó también en reajustar una institución siempre expuesta al peligro de la caducidad.
La consultora Ipsos estima en 71% el índice de aprobación del rey. Pero el gran desafío de su gestión es conseguir un balance entre su buena imagen personal y la estatura del cargo que ocupa, según opinó Piet van Asseldonk, experto en la casa real de los Países Bajos.
Al rey, de 48 años, le toca construir autoridad desde un cargo sin poder efectivo. Se empeñó en hacer giras políticas de alto nivel -lo recibieron desde Vladimir Putin y el papa Francisco hasta Barack Obama-. Intenta erigirse en promotor de las inversiones holandesas en el mundo. Reformuló su oficina de comunicación para relanzar su papel en redes sociales y en televisión.
"Una de las medidas para fortalecer su autoridad ha sido dejar enfáticamente un paso más atrás a la reina Máxima, la figura más popular de la familia real", resaltó Van Asseldonk. Ipsos sitúa la valoración social de Máxima en 7,8 puntos sobre 10, mientras que Guillermo Alejandro la sigue, con 7,5.
Pero el camino de los reyes sigue plagado de trampas. A Felipe VI le queda atravesar el juicio contra su hermana por el caso Nóos, mientras sigue la crisis independentista de Cataluña y España se acerca a un delicado recambio político. En Bélgica no cesan del todo los escándalos en la familia real y persiste la apatía social hacia la monarquía. Los holandeses reclaman más austeridad a la corona y últimamente revivió el malestar por los privilegios al abrirse juicio a un activista que insultó al rey en un discurso. Ninguno puede dar un paso en falso.



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