Con el recuerdo del icónico discurso de Kennedy, Obama quiere reconquistar Berlín

El 26 de junio de 1963, en un día de sol y viento, el entonces presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy habló en Berlín Occidental 22 meses después de que los soviéticos levantaran el muro.
Pronunció un discurso histórico, prometió la ayuda de Estados Unidos a la capital alemana "cada vez que sea necesario" y dijo, frente al entonces canciller Konrad Adenauer, una frase que se convirtió en leyenda: " Ich bin ein Berliner " (Soy un berlinés).

Cincuenta años más tarde, Alemania es un país más fuerte, y las relaciones transatlánticas se modificaron hasta dejar de ser una prioridad para Estados Unidos. El viaje oficial a la capital alemana del presidente Barack Obama que empezó anoche tiene lugar ahora en un momento delicado de su gobierno y sirve para relanzar las relaciones entre Estados Unidos y Europa sobre una nueva base con tres objetivos principales: el acuerdo de libre comercio, las políticas de defensa y seguridad y las cuestiones energéticas.

Así lo describió Joseph Barml, director editorial de la Asociación Alemana de Política Exterior (DAGP), un think tank que asesora también al gobierno de Angela Merkel, en el curso de un desayuno con periodistas. "Obama fue reelegido para domar la mayor crisis económica que afecta el país desde 1930", dice. "El escaso consumo interno en Estados Unidos tiene que ser compensado por mayores exportaciones. El presidente quiere duplicar las exportaciones en los próximos cinco años. Para ello necesita varios acuerdos de libre comercio", explicó.

Además, Alemania es un aliado fundamental de Estados Unidos para contener las ambiciones nucleares de Irán en Medio Oriente, según este experto. En tercer lugar, Alemania y el resto de Europa siguen siendo fundamentales para Estados Unidos para garantizar su seguridad energética. "A pesar de la anunciada independencia energética de Estados Unidos que debería llegar gracias a la nueva tecnología, su economía sigue dependiendo del precio del petróleo", argumenta.

Angela Merkel recordó ayer en una entrevista con N-Tv que, a pesar de los problemas, Obama sigue siendo uno de los presidentes norteamericanos más populares en Alemania.

Aun así, algo cambió desde que 30.000 personas lo recibieron como un héroe frente a la Columna de la Victoria en Berlín, en 2008, cuando se presentó como quien había liberado al mundo de los excesos de George W. Bush. Desde entonces, Obama no volvió a poner particular atención en Europa y decepcionó a sus simpatizantes en varias ocasiones.

"¿Es Obama el amigo perdido?", se preguntaba la revista Der Spiegel la semana pasada en una portada ilustrada con una imagen del presidente y la sombra desenfocada de Kennedy en segundo plano.

Lo mismo parecían opinar ayer decenas de personas que protestaron en Check Point Charlie (el antiguo punto de control entre Berlín Este y Oeste en la Friedrichstrasse) contra el programa de espionaje Prism de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) filtrado a la prensa hace dos semanas. Con carteles que decían "Yes we scan" (Sí, los escaneamos) o "Su esfera privada termina aquí".

A lo largo de la tarde de ayer, la zona turística que va de la Puerta de Brandeburgo a la Potsdamerplatz fue cerrada al tránsito con una temperatura de 30 grados, muy rara en la capital alemana. Y unos vehículos blindados verdes fueron estacionados para proteger el hotel Ritz Carlton, donde se aloja el presidente junto a su familia.

Tan sólo unos 6000 invitados podrán escuchar el discurso que pronunciará hoy Obama en el área más cercana a la puerta. El resto del público se tendrá que contentar con seguirlo en su retransmisión en video.

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