Defenderá la idea de que no hay una receta única para salir de la crisis.
Timerman dialogó con los periodistas por la tarde en el lobby del Novotel, donde para parte de la delegación argentina. De fondo, en la calle, unos pocos pero ruidosos manifestantes gritaban contra la política inmigratoria, acompañados de una rata inflada de más de cinco metros.
“Nos tratan así” , era su eslogan.
Cristina llegó a Toronto ayer a la mañana, procedente de Vancouver –en la otra costa del país–, donde asistió a una convención de sindicalistas. Estuvo todo el día encerrada en el Hotel Westinn, donde se alojan también Timerman y al ministro de Economía Amado Boudou, quien arribó por la mañana, de jean y remera, pero procedente de San Pablo.
“Estuvimos discutiendo la agenda para la cumbre y otros puntos de la política exterior, como el próximo viaje a China”, informó Timerman, quien previamente anunció el envío de una carta de Diputados por el tema Sadous (Ver página 4 ).
Como anticipó Clarín el lunes, la agenda argentina pivoteará sobre varios ejes: el rechazo a los ajustes fiscales que promueven Inglaterra, Alemania y Canadá, una carga contra los paraísos off shore (“Aspiramos a que algún día se borren del sistema económico”, dijo el canciller) y la oposición a un impuesto a los bancos, aunque en este último caso no en forma tan enfática: “Cada país tiene un sistema bancario distinto”.
Cristina se reunirá hoy con 15 inversores canadienses, entre ellos varios CEO de empresas mineras. Asistirán tres gobernadores que acompañaron a la Presidenta a Canadá: José Luis Gioja, de San Juan (donde tiene intereses la Barrick), Luis Beder Herrera (de La Rioja) y el santiagueño Gerardo Zamora, quien estuvo la semana pasada viendo el Mundial en Sudáfrica. Los tres aprovecharon el día de ayer, con una agenda menos cargada, para hacer shopping.
Consultado Timerman acerca de si es una contradicción impulsar la actividad minera a cielo abierto y al mismo tiempo sumar argumentos ecologistas en el reclamo por Malvinas, como hizo en el encuentro del Comité de descolonización, el jueves, en Nueva York, el canciller dijo: “La Argentina tiene una política medioambiental mejor que la de muchos países en desarrollo”.
Toronto es este fin de semana una ciudad fantasma, habitada por 25.000 funcionarios oficiales de las distintas delegaciones, custodiados por 5.000 policías contratados especialmente. Los canadienses ya se hartaron del forum antes de que empiece, y critican con dureza al premier Stepeh Harper por haber organizado esta cumbre en conjunto con la del G-8. Creen que terminará teniendo un resultado neto negativo para los negocios de la ciudad, que ya desde ayer comenzaron a cerrar sus puertas por temor a las roturas de vidrios por parte de manifestantes. “Aspirábamos a jugar en primera, pero lo encontramos aburrido, caro y enojoso”, tituló anteayer un diario de circulación nacional, “¿Por qué no nos dejan ver el Mundial tranquilos?”





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