La rebanadora

Por Jorge Fontevecchia

Dedo Mágico. El poder es tan importante como la capacidad de controlar el exceso de su uso.

“Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante; pero usar de ella como un gigante es propio de un enano.”

Shakespeare

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La Presidenta se quejó de una crítica contradictoria: “He pasado –dijo– de ser títere del doble comando a una deprimida crónica y ahora soy una autoritaria rebanadora de cabezas”. Formulado en forma de pregunta, lo mismo se expresaría así: “¿Pero si yo era débil, cómo ahora puedo ser tan fuerte?”.

Tiene razón: si lo anterior fuera cierto, no podría tratarse de alguien tan fuerte sino de una persona que tendría que sobreactuar fortaleza porque –precisamente– la aqueja alguna debilidad.

Quizás el senador pampeano y reciente renunciante a la candidatura a gobernador por el Frente para la Victoria en esa provincia, Carlos Verna, pueda estar confundiendo la representación con lo representado cuando, enojado, declara: “Los kirchneristas no son seguidores de Perón sino de Nerón”. O lo mismo Carrió, quien hasta no hace mucho acusaba a Néstor Kirchner de usurpar la primera magistratura porque la Presidenta era su títere y hoy ve una Cristina fálica que hasta finge llorar (“antes creía que lloraba en serio”, dijo).

Probablemente, ni la Presidenta era tan inválida cuando su marido vivía, ni sea hoy tan omnipotente. Aquellos que la veían antes y la ven ahora en las antípodas quizá tengan su mirada afectada por la pasión opositora y, conscientes o no, sesguen de la realidad sólo aquello que resulta funcional a sus creencias o conveniente para la crítica del momento.

Más lógico sería aceptar que conviven en la Presidenta verdaderos momentos de fragilidad y fortaleza que se suceden circularmente. Idea que resulta inaceptable para su críticos irreconciliables, que siempre la verán inepta por incompetencia o por maldad, pero que también es indigerible para sus partidarios, que siempre la verán sin ninguna carencia: ni afectiva ni estratégica ni de gestión.

La renovación del PJ que la Presidenta impulsa dando prioridad en las listas de candidatos a miembros de La Cámpora puede ser tanto un acto de fortaleza suprema, que de un plumazo reduce el poder del sindicalismo y del PJ, como de profunda debilidad, al intentar desesperadamente construir en dos años una red política que el peronismo y el sindicalismo tejieron durante décadas.

Tiene razón Boudou al decir que bastó con que la Presidenta se alejara de los barones del Conubano para que aquellos que los consideraban mafiosos o indeseables los pusieran en papel de víctimas, “como si se tratara de carmelitas descalzas”. O que el pampeano Verna se convirtiera, de la noche a la mañana, en una pérdida irreparable para la política nacional. Pero se puede ser una presidenta “rebanadora de cabezas” sin por eso ser fuerte. Salvando las gigantescas distancias, porque las realidades son absolutamente incomprables, Isabel Perón rompió con el sindicalismo y gran parte de la estructura del PJ un año antes de perder el control de su gobierno.

Adherentes y críticos del kirchnerismo coinciden en la necesidad de una renovación de la política y del sindicalismo. Lo que está en discusión es si la forma en que lo procesa la Presidenta trasunta fortaleza o debilidad, en síntesis: solidez o histeria. Una de las descripciones de la histeria la define como la rebeldía a aquello que sostiene al histérico. Si ya no precisa de la sustentación del PJ ni de los sindicalistas y sus sustitutos serán lo suficientemente competentes para resultar apoyos comparables, irá por camino seguro. Pero si se tratase sólo de gestos de mando que se terminaran consumiendo en su propia inoperancia, la “rebanadora de cabezas” habría dado contra una hidra de tantas cabezas que se la terminaría deglutiendo.

Si Boudou es su compañero de fórmula por su look, Mariotto, el compañero de fórmula de Scioli porque era el único que Scioli no quería y los de La Cámpora son candidatos porque hay que renovar y son jóvenes además de leales, la Presidenta terminará más debilitada que fortalecida.

La impaciencia es la debilidad del fuerte. La máxima fuerza es la inteligencia.

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