En un discurso sin fisuras, Cristina resaltó a cada momento la figura de su marido.
Manteniendo estricto luto, la Presidenta apenas cortó el negro de un palazzo y un trench ajustado a la cintura con un collar de perlas. En el transcurso del acto, le sumó a su atuendo un rosario que le entregó el intendente Giacomino, y que ella conservó enredado en su mano derecha.
La organización, enteramente en manos de la Presidencia, no dejó un solo centímetro de la plaza fuera de control estricto. Tampoco registró ninguna falla: todo salió como estaba previsto y la logística de los 150 hombres que desembarcaron desde Buenos Aires el fin de sema-na pasado tuvo la precisión de un ballet.
En el discurso presidencial, que duró más de media hora, tampoco hubo fisuras. Ninguna palabra entrecortada, y ninguna frase que no llegara a redondear un concepto de trascendencia política de su Gobierno.
No hubo lágrimas en ningún momento, pero abundaron las referencias a “él”, en relación a Néstor Kirchner, mencionado por su nombre una sola vez en todo el discurso presidencial, y casi como en un descuido.
La figura del ex presidente apareció en cada uno de los tramos más impactantes del discurso, y en especial en el cierre. “Lo único que me sostiene es que pudo hacer lo que quería”, indicó, y señaló las acciones que la multitud de jóvenes kirchneristas que dominaba la plaza quería escuchar: la orden de retirar los cuadros de militares, la renovación de la Corte, la anulación de las leyes de impunidad, los aumentos a los jubilados y las paritarias.
Cristina fue generosa en elogios a la política industrial de Débora Giorgi, y se declaró orgullosa de que Carolina Scotto sea la primera rectora de la UNC, les tiró besos en reiteradas ocasiones a las numerosas representantes de Abuelas de Plaza de Mayo, y selló su empatía con las dirigentes mujeres en un abrazo efusivo con la ex senadora cordobesa Haydeé Giri.
Sin embargo, las primeras damas cordobesas quedaron fuera de sintonía: fue notorio que al llegar al escenario no saludó a Alejandra Vigo de Schiaretti ni a Gabriela Almagro de Giacomino, que estaban en primera fila.







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