Por Fernando StanichEl peronismo tucumano camina inexorablemente hacia un escenario fangoso y de incierto pronóstico en 2015. El alperovichismo se esperanza con ser beneficiado por el viento de cola de las tres gestiones acumuladas. El amayismo sueña con que el miedo a perder obligue al gobernador a levantarle la mano. Y el massismo aún no termina de ofrecer seguridad a los justicialistas desencantados.
Por eso no extrañó la visita de los massistas José Orellana y José Teri a la Municipalidad. En la Intendencia creen que los ex alperovichistas buscan un reaseguro a partir de 2015, y que, al ser aún endeble la estructuración local de Sergio Massa, ellos sacarán provecho. De todas formas, el gran problema de Amaya es que no logra diferenciarse de Alperovich y, así, queda sujeto a la valoración que haga la sociedad de la gestión oficialista en 2015. A menos que dé ese paso al frente que le reclama buena parte de su dirigencia.
En esa ponderación que la ciudadanía realice sobre los 12 años peronistas se posan las expectativas de José Cano. El radical se regodea con la atomización del PJ y sonríe con los sondeos de opinión.
El opositor tiene la tranquilidad de que, respecto de las elecciones de 2013, no ha bajado un sólo punto y que goza de una perspectiva de crecimiento importante. Al menos, así lo muestra una reciente encuesta encargada por dirigentes de su sector al consultor Julio Aurelio. Sobre 2.000 llamadas telefónicas, un 46% de los tucumanos quiere que el próximo Gobierno represente un cambio respecto de la gestión de Alperovich. Y Cano aparece por encima de los posibles contendientes oficialistas, tanto en imagen (56,4%) como en intención de voto. Si los comicios fueran hoy, según el muestreo, un 33,5% se inclinaría por él y un 30,7% por la senadora Beatriz Rojkés; en tanto que la diferencia es de 32,8% frente al 30,9% de Juan Manzur. Además, mientras la imagen de Cano creció 10 puntos entre mayo de 2013 y mayo de este año, la del gobernador cayó en idéntica proporción.
Después de Cano, en imagen, aparecen Amaya (55,2%), Manzur (44,5%), Rojkés (41,9%) y Osvaldo Jaldo (41,5%). Los massistas Gerónimo Vargas Aignasse y José Carbonell también fueron medidos: 29,2% y 18,9%, respectivamente. La contra de los alperovichistas Rojkés y Manzur es que tienen una alta consideración negativa, según esos datos.
El trabajo midió posibles escenarios para 2015. Cano se lleva un 37,5% como “candidato preferido a gobernador” frente a un 32,3% de Manzur. La ventaja que le asigna el sondeo es que su perspectiva de crecimiento es mayor: 50,2%, contra 43,2% del oficialista. Casualmente, casi el mismo promedio de votos que obtuvo la lista de Manzur en 2013. En el caso de que la disputa fuese con Rojkés, los porcentajes no se alteran.
La gran fortaleza de Cano está en su imagen, pero su mayor debilidad radica en su soledad. Fuera de él, nadie en el Acuerdo Cívico y Social le garantiza las voluntades extra que necesita para traducir ese potencial de votantes en sufragios concretos dentro de las urnas. De ahí que abre los brazos a peronistas, macristas e independientes. Cano sabe que debe remar mucho más para torcer un dato que esa misma encuesta le advierte: la imagen de gestión de Alperovich, aunque bajó, sigue por encima del 54%.








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