El Presupuesto, Juez y el Teorema Baglini

El Presupuesto, Juez y el Teorema Baglini
La oposición no tiene nada que festejar. A pesar que logró boicotear exitosamente el Presupuesto enviado al Congreso, sería voluntarista derivar de tal acción consecuencias benéficas para sus propósitos electorales. Sencillamente, se comportó como un conjunto de dirigentes que están lejos, muy lejos, de obtener el poder.
Hay una ecuación bastante simple popularizada por el ex senador Raúl Baglini en la forma de un teorema que lleva su apellido: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es inversamente proporcional a su distancia al poder”. Este principio, cuyo origen se encuentra en forma algo más elaborada en la “Teoría de la Democracia” del politólogo Giovanni Sartori, resulta una interesante ayuda para comprender algunas conductas observadas en el trasiego del debate presupuestario. Elisa Carrió, por ejemplo, se comportó como si jamás fuera a obtener poder alguno, a menos que entienda por tal a la posibilidad de decir ampulosas naderías desde TN una o dos veces por mes. El radicalismo en su conjunto parece mostrar el mismo síndrome, quizá recordando aquel mítico gobierno alfonsinista, en donde directamente se gobernaba sin presupuesto. Sea como fuere, sólo una oposición que se siente muy lejos de gobernar al país puede haber transformado en un casus bellis a la Ley de Presupuesto de la República.

Ningún analista serio pondría en duda las graves inconsistencias de los presupuestos kirchneristas. Esto ha sido motivo de análisis desde el año 2004, aun en las épocas del atildado ministro Roberto Lavagna. Subestimar los ingresos, menospreciar la inflación o requerir poderes discrecionales para distribuir partidas fueron constantes en sus proyectos. Estas engañifas fueron una anécdota, mientras el gobierno K mantuvo la mayoría en ambas cámaras pero ahora, con una composición del Congreso claramente desfavorable a sus intereses, el tema ha pasado a mayores. La oposición ha demostrado, en las últimas semanas, que puede voltear el proyecto oficial y demostrar con tal expediente su poderío. Pero una cosa es poder y otra muy distinta es que le convenga hacerlo, ésta es la cuestión. ¿Realmente le sirve dejar al país sin presupuesto? A los efectos prácticos parecería que no mucho. La Presidenta puede vetar el que le aprueben o reconducir el actualmente vigente, con la ventaja que la opinión pública juzgaría como razonable que procediese de tal suerte, dado que nadie entendería el sentido de gobernar con cuentas hechas por otros. Con la misma lógica, también podría pensarse que no sería neutra a la hora de juzgar las actitudes de los opositores, pues dejar al país sin presupuesto no puede ser señal de responsabilidad, un atributo juzgado como indispensable en todo aquél que aspire a conducir los destinos de los demás.

Para agravar el tema, la oposición ha dado muestra de mucho amateurismo. Las diputadas Hotton y Alvarez se horrorizaron de “ofrecimientos” y “presiones” por parte de ministros y emisarios, como si tales eventos fueran ajenos al juego de la política; al menos, de la política democrática.

¿Podría, en una analogía cercana, un soldado profesional sentir nauseas al ver sangre en un campo de batalla? La sola perspectiva motivaría a mofa, que es lo que muchos sienten al ver ruborizarse a estas vestales legislativas. Además, y como si esto no fuera suficiente, lo que podría haber sido presentado como una victoria opositora se ha transformado en un cenagal de vanidades, con los radicales enfrentados entre ellos y con Lilita Carrió pontificando sobre el fin del mundo, un panorama verdaderamente desopilante para quienes se autodenominan como la alternativa política de la República.

Los políticos con experiencia, entretanto, saben que los electores razonan con pocos argumentos a la hora de decidir su voto. Uno de ellos es el temor al caos. Mal que les pese a los que se dicen revolucionarios, los ciudadanos detestan la anarquía, a la que asocian con la violencia, el despojo o la arbitrariedad de las turbas. Y la anarquía llega cuando se producen el vacío de poder. En cierta manera, la perspectiva de un país sin presupuesto remite a aquel antiguo temor social, aunque a una escala de laboratorio. Desde el punto de vista del público, son los opositores los que han logrado, por el momento, producir este vacío tan temido sin que paralelamente hayan aportado propuesta alguna sobre cómo harán para salir de una crisis que, paradójicamente, ellos mismos han gestado.

Esta falta de certezas toca hasta los opositores que gustan de llamarse coherentes. Cerca de las 21 de ayer, el senador Luis Juez pontificó desde Twitter (el sistema de mensajes cortos que simboliza a la perfección la anorexia de las ideas políticas) que “no se puede gobernar sin presupuesto”, una máxima que hacemos nuestra. Sin embargo, sus diputados nacionales integraron el grupo de legisladores que no dieron quórum para tratarlo. ¿No tienen Twitter los diputados del Frente Cívico? ¿Son unos díscolos que desdeñan el pensamiento de su líder? ¿O el senador cambia de ideas con más frecuencia que su corbata? Obsérvese la zaga: ayer muy temprano, Juez afirmaba muy didácticamente que “me chupa un huevo (sic) que digan que somos funcionales al kirchnerismo”, anunciando que sus diputados darían quórum; por la tarde, junto con Pino Solanas, afirmó que no lo harían; finalmente, en la noche, pontificó que no se puede gobernar sin tal instrumento, regresando a su postura matinal. Todo un ejemplo de la congruencia que hoy parece anidar en una oposición cada vez más desorientada.

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