“Los porteños somos individualistas”

Integró la lista K para la Ciudad encabezada por Juan Cabandié pero no logró una banca. De todos modos, no se siente frustrada. Dice que los porteños cuando escuchan “proyecto nacional y popular” creen que “se les habla de piquetes”, y que con Macri en el GCBA se pierden la oportunidad de una mejor gestión.
“Los porteños somos individualistas, y me hago cargo porque yo también soy porteña”, dice Victoria Montenegro, integrante

de la lista que encabezó Juan Cabandié e hija de desaparecidos,

casi en el comienzo de la charla con Noticias Urbanas y poco antes de entrar a una reunión

en la Casa Rosada, donde

los hijos de desaparecidos tienen citas frecuentes.

Militante de La Cámpora, a pesar de no haber logrado obtener una banca en la Legislatura

porteña, a raíz de la magra performance del kirchnerismo

puro en la Ciudad (Cabandié obtuvo apenas un 14 por ciento), su ingreso en la política activa –venía de la militancia

en derechos humanos– comenzó a construirla como figura

pública en la Ciudad.

Es que la valiente historia de Victoria, nombre del que se re-apropió hace relativamente

poco tiempo, tiene un aditamento: no sólo es hija de desaparecidos sino que se crió con Herman Tetzlaff, el oficial de inteligencia que asesinó a sus padres biológicos, militantes

de la JP primero y luego del ERP. Además, ella misma denunció a quien fue su apropiador,

hoy ya fallecido, a principios

de este año.

Mucho tiempo tardó quien fue María Sol Tetzlaff en emerger de la confusión, y parirse como Victoria, el nombre que le habían dado sus padres verdaderos. Y aún hoy trata de recomponer las piezas de un rompecabezas que no sólo es su vida, sino una metáfora de los 70.

Jamás hubieran imaginado

sus padres biológicos, Hilda Ramona Torres y Roque

Orlando Montenegro, que su hija iba a criarse con quien ellos consideraban el enemigo contra el que combatían.

“¿Sabés lo que me decía Herman

sobre que se apropiaban de los hijos de los militantes? Ellos (los represores) admiraban la valentía de las mujeres que habían tomado las armas y las consideraban muy inteligentes cuando combatían. Me contó que ellas, cuando entraban los militares, y aunque estuvieran cercadas, eran muy corajudas. Eso los impresionaba. Por eso pensaban que, si sus hijos se criaban ‘bien’, en ‘buenas familias’,

serían igual de inteligentes, igual de valientes, pero sin estar ‘contaminados’”, comenta.

–¿Cómo llegaste a participar en la lista de Cabandié? O, mejor, ¿cómo se te ocurrió meterte en política?

–Fui convocada por la lista de Juancito y Daniel. Creo que la idea fue incluir símbolos relacionados

con los derechos humanos.

Además, yo vivo en la Ciudad de Buenos Aires y me interesa lo que sucede aquí.

–¿Por qué creés que ganó Mauricio Macri?

–Bueno, la propuesta del Frente para la Victoria es muy política y apela a un proyecto

nacional y popular, a un proyecto colectivo. Y los porteños,

cuando se les habla de “proyecto popular”, suponen que se les habla de “piquetes”, pero la propuesta es, desde ya, mucho más profunda.

–¿Te frustró la mala performance

del kirchnerismo en la Ciudad? ¿Cómo la explicás?

–No me frustró; creo que los porteños son muy individualistas

–o somos, me hago cargo,

porque yo vivo aquí– y hay aquí una especie de doble nacionalidad. El argentino no necesariamente es el porteño. Es como si hubiera intereses diferentes o se votara por razones distintas.

–¿Cuál es la razón del éxito de Macri?

–Pienso que la gente se conforma

porque siente que las cosas están más o menos bien, pero se pierden de vista que pueden estar muchísimo

mejor. Los porteños, en general, no mandan a sus hijos al colegio público, por eso no sufren tanto la pésima

calidad de la educación pública. La política de Macri en ese sentido, y en muchos otros, es un desastre.

–¿Qué te enamoró del kirchnerismo?

–Que la gente, y sobre todo los jóvenes, comenzaran a creer en la política. Imaginate lo que es eso para mí, que viví rodeada de policías y de militares

en los monoblocks de Villa Lugano.

–¿En qué creía tu apropiador?

–En la “causa”, que no sé bien en qué consistía, pero siempre teníamos una bandera argentina

en la casa. Ellos, los militares,

eran los héroes, triunfadores

de una guerra. En mi casa se respiraba el olor al cuero de las botas, la tradición cristiana, la familia. Las Abuelas eran una viejas locas, que inventaban la figura de los desaparecidos para envenenar a la gente. Durante

muchos años, para mí los desaparecidos no eran algo físico

sino una fantasía que usaban las Abuelas para meter miedo.

–Vos tenés piel morena; Tetzlaff, que falleció, era rubio; su mujer, María del Carmen Eduartes, también. Eran descendientes

de alemanes. ¿Nunca

pensaste que en tu historia había algo que no cerraba?

–No, ellos siempre me dijeron que yo era María Sol Tetzlaff, la hija de ellos. Supuestamente yo nací un 28 de mayo, según lo que ellos me habían dicho. Lo que le preguntaba a mi apropiadora

era la hora, sobre eso tenía dudas. El 29 de mayo era el Día del Ejército, Herman había desfilado.

Pero supuestamente el día anterior Mary me había tenido en la Clínica del Sol. Entonces, había algo que no me cerraba bien. Pero el poder de la negación

es grande: la diferencia de color de piel no me hacía dudar. Incluso, luego me enteré que las monjas, con las que estuve seis meses, le sugirieron a Herman que se llevara a otra beba que tenían, que “hacía más juego” con el color de piel de la pareja.

–¿Estuviste seis meses en un convento? Es decir, ¿tu apropiador

no te llevó directamente

del operativo?

–No, yo nací en realidad el 31 de enero, y trece días después de mi verdadero nacimiento,

un grupo de tareas entró en la casa donde vivíamos, en Boulogne. Tetzlaff era el jefe del operativo; había sido jefe de los grupos de tareas de El Vesubio.

Ahí me llevan a un hogar, donde permanezco unos seis meses más o menos.

–¿Cuándo pudiste registrar lo que verdaderamente sucedía?

–Cuando me di cuenta de que no había sido criada con amor sino que estaba secuestrada. Me cuesta procesar lo que sucedió,

imaginate que yo crecí con el discurso de la represión, creyendo que las Abuelas estaban

locas, que mis padres biológicos eran asesinos.

–¿Cómo es tu relación hoy con tu apropiadora?

–¿Con Mary? La voy a ver de vez en cuando y… está enferma,

tuvo un ACV. Yo no la odio, no odio a nadie. Pero sé que no se arrepiente de lo que hizo.

–¿Hiciste alguna reflexión sobre la lucha armada de los setenta desde esta nueva perspectiva?

–La estoy haciendo, pero voy y vengo. Me cuesta, lo estoy procesando. Yo no sé si mis padres biológicos mataron a alguien, aunque eran del ERP y es probable que sí lo hayan hecho. Pero hoy sé, por sobre todo, que ellos luchaban por un mundo mejor.

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