Un primero de mayo movido. La interna cegetista al rojo vivo. kirchneristas y no kirchneristas se disputan el espacio. A Miguel Arena se le atragantó el asado. Scioli no se quiere quedar solo y busca aliados. El peronismo azuleño prefigura el armado seccional. Los radicales eligen o acuerdan autoridades partidarias. El tironeo municipal por los adicionales.
En la Argentina, aunque se siga cuestionando la filiación política de la central obrera, la lucha gremial siempre estuvo signada por lo político. Los sindicatos o federaciones o centrales siempre fueron o anarquista, comunista, socialista, radical o peronista. Y esto no está mal. Lo que es un error es que la adherencia a tal o cual partido o doctrina o gobierno no obstruya la lucha objetiva y genuina por los derechos de los trabajadores.
Sin embargo, la política siempre sesgó la mirada sindical. En la década del '20, Hipólito Yrigoyen tenía un trato preferencial con los gremios radicales y uno muy diferente con los otros. Lo mismo hizo Perón. Hoy, el sindicalismo argentino es casi totalmente peronista y se formó en torno de la concepción política general de su líder que pretendía un gremialismo fuerte capaz de compensar el poder empresario y detener el avance del comunismo en los países periféricos del mundo.
La CGT le fue afín hasta su derrocamiento en 1955, luego jugó a la independencia con Augusto T. Vandor quien apostaba a crear un peronismo sin Perón, y fue en democracia un poder paralelo cuando no gobernó el justicialismo. Perón la marcó políticamente y en su seno se jugó gran parte de la interna peronista, algo que también se está evidenciando en el gremialismo olavarriense.
El asado en la garganta
Ahora, la actualidad. La cena cegetista del viernes evidenció la pelea política, una de las tantas que hoy se manifiestan en el escenario local. En ese caso, Miguel Arena, el polémico conductor de la CGT, quien a pesar de su simpatía por el peronismo disidente ha tratado de no mezclar la lucha gremial con el factor político, quedó paralizado cuando se enteró de algunas cosas.
Es sabido que Arena impulsa a Lucas Newbery (empleados de estaciones de servicio) para cuando él deje la conducción de la CGT. Lo ha manifestado públicamente y ha luchado contra quienes lo ven a Lucas como alguien demasiado joven y "nuevo" para semejante empresa.
Sin embargo, quedó con el trozo de asado en la garganta cuando Roberto D'Amico disparó una supuesta infidencia. El dirigente de la Uocra, concejal oficialista y josesista, recordó en la cena el viaje que habían hecho a Tapalqué junto al Intendente a encontrarse con el saladillense, Walter Abarca, quien es hoy secretario de Aníbal Fernández en la Jefatura de Gabinete nacional.
Arena no podía creer lo que estaba escuchando. Lo miró a Newbery buscando una respuesta y habría recibido una disculpa. Es que para Arena el viaje mismo ya tenía una fuerte significación política. Y lo tomó como algo muy cercano a la traición. Para colmo, hacía apenas unos días el titular de la CGT había tenido un cruce telefónico muy fuerte con el Intendente por el cambio en la denominación de la Vuelta al Municipio, de "Día del Trabajador" por el de la "Seguridad Vial". Eseverri le habría reprochado su postura contraria a su gestión, Arena le aclaró que no era un opositor, discutieron un rato y ninguno logró convencer al otro.
La relación entre ambos está muy mal, al punto que en la cena D'Amico intentó convencerlo de dos cosas: que no se postulara para su reelección en la CGT y que no apoyase en julio a Miguel Santellán para conducir la central obrera porque eso desnivelaría la relación de fuerzas. Al líder mercantil lo propuso públicamente Alejandro Kette (Correos), un kirchnerista muy cercano al Intendente, quien seguramente no habría reparado en esta interna del espacio al lanzar su propuesta.
Interna vaciada
La interna en el PJ está empezando a rebotar en el sendo del espacio oficialista. Por un lado, Alberto Pérez, el jefe de Gabinete y mano derecha del Gobernador, fustigó a Felipe Solá por su decisión de ir por afuera del partido en las próximas elecciones. Pérez habla por Scioli, quien tiene terror de que le vacíen la interna pejotista y se produzca una situación similar a la de la década del '80, cuando Antonio Cafiero le dejó el PJ a Herminio Iglesias y ganó las elecciones yendo por afuera.
El bloque felipista, integrado entre otros por Mario Cura, salieron a apoyar la decisión de Felipe Solá de ir por fuera del Partido Justicialista en las elecciones del año próximo. "El peronista porteño Alberto Pérez quiere que hagamos el papel de idiotas útiles y de partenaire del kirchnerismo al exigirnos participar de una elección interna en la que no existen garantías de transparencia", manifestaron, en respuesta a las declaraciones del jefe de gabinete bonaerense quien los había acusado de "tener miedo" y de "haber arrugado".
Es que en el peronismo disidente se manifiestan dos estrategias. Por un lado, Duhalde que quiere sumar a todo el peronismo disidente para ganarle la interna a Kirchner, y por el otro, Felipe Solá, que pretende aglutinar por afuera a todo el peronismo anti-K y formar un frente electoral, pero siempre por fuera del PJ porque el diputado nacional supone que por más que se le gane la interna a Kirchner, la lista debería incluir a una minoría K con algunos exponentes que serían contradictorios y "piantavotos", según el calificativo empleado por un vocero del espacio. "De esa manera nos ganaría la Coalición o el radicalismo, y no queremos hacerle el juego", razonó.
Uno de los presidenciales del peronismo, Mario Das Neves, aseguró a este Diario que estaba dispuesto a jugar dentro de la interna, aunque no se sabe aún cuál sería su estrategia si es que el peronismo crítico del gobierno buscara una alternativa electoral por fuera del partido.
Asado y acuerdos
Sería por este miedo a quedar solo, que el sciolismo buscaría despegar de la dicotomía "K - anti K", y estaría buscando articular de alguna manera con el peronismo opositor.
En ese marco, algunos concejales kirchneristas - sciolistas de Azul comieron juntos un asado y entre chorizos y mollejas pactaron trabajar juntos en contra del oficialismo, lo que preocupa a Duclós porque tendría 11 concejales en contra.
Este acercamiento entre el peronismo K y el no K estaría prefigurando otros similares en los distritos bonaerenses. ¿Ocurrirá lo mismo en el Concejo Deliberante olavarriense?, ¿seguirá José Eseverri la misma estrategia buscando un acuerdo en el peronismo disidente? Sus relaciones con el curismo son muy buenas, pero todavía está enfrentado con los bloques del PJ y el denarvaísmo.
Miguel Santellán no lo reconoce a José como un peronista y se encarga de remarcarlo permanentemente, como si el hecho de venir de afuera fuera un estigma. Por lo tanto, parece mucho más difícil un acercamiento con el dirigente mercantil que con Sergio Milesi o Marcelo Urlézaga, siempre y cuando Eseverri pretenda seguir la misma estrategia de los asados pactistas del peronismo azuleño.








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